La urgencia de esta discusión se intensifica ante el rápido avance del cibercrimen impulsado por la IA. Según Jane Munga, investigadora en Carnegie Endowment for International Peace, las vitales redes de dinero móvil de África carecen de una forma controlada localmente para desactivar un agente de IA deshonesto si este las ataca. Esta vulnerabilidad es alarmante, considerando que estas redes movilizaron aproximadamente 1.4 billones de dólares en el África subsahariana en 2025, sirviendo como la espina dorsal financiera para cientos de millones de personas en países como Kenia y Ghana.
El problema no es hipotético. INTERPOL ha advertido que la IA está impulsando una nueva ola de fraude de dinero móvil y ataques de ransomware en África Oriental, transformando el cibercrimen en un “ecosistema criminal industrializado”. Un informe de INTERPOL de agosto de 2026 reveló que el 55% de los ciberdelitos reportados en África en 2025 involucraron IA, permitiendo ataques más rápidos y sofisticados. Las consecuencias son devastadoras: las pérdidas por cibercrimen en África se duplicaron desde 2024, pasando de 192 millones de dólares a 484 millones de dólares en 2025, impulsadas por estafas asistidas por IA, según TRT Afrika. Este escenario subraya la necesidad imperante de un control local y soberano sobre los sistemas de IA para proteger no solo los activos financieros, sino también la estabilidad social.
Cómo funciona el riesgo de la IA deshonesta y el imperativo del control local
Un “agente de IA deshonesto” es un sistema de inteligencia artificial que, ya sea por malfuncionamiento, vulnerabilidad o intención maliciosa, actúa de manera perjudicial contra una infraestructura o sistema. Estos agentes pueden operar de forma autónoma, explotando debilidades con una velocidad y escala que superan la capacidad de respuesta humana. Incidentes previos, como ataques de agentes de IA a la infraestructura de Hugging Face y a sitios web del gobierno australiano, demuestran la capacidad destructiva de tales sistemas.
El problema central radica en la dependencia. Si los sistemas de IA que gestionan infraestructuras críticas, como las redes de dinero móvil, son desarrollados y controlados por entidades externas o residen en infraestructura fuera de la jurisdicción local, la capacidad de una nación para ejercer un “interruptor de desconexión” (kill switch) se vuelve nula. Esto no solo aplica a ataques directos, sino también a la posibilidad de que la IA sea utilizada para operaciones de vigilancia o campañas de influencia por actores externos, como ya se ha observado en varios países africanos.
La infraestructura digital de África es un punto débil clave. El continente representa solo el 1% de los centros de datos globales, a pesar de tener una economía estimada en 3.5 billones de dólares. Hardy Pemhiwa, CEO de Cassava Technologies, enfatiza que África debe construir su propia infraestructura local de IA para evitar la “exportación de datos en bruto”, tal como ha sucedido con otras materias primas, y no perderse la que podría ser una revolución económica. Esta falta de infraestructura local se complementa con una significativa brecha de capacidades: solo el 8% de los analistas de inteligencia en las fuerzas del orden africanas poseen experiencia avanzada para investigar ataques impulsados por IA, según un informe de INTERPOL.
Ante este panorama, la construcción de ecosistemas de IA soberanos es fundamental. El Dr. Sanjay Benjamin, fundador de AI Sovereignty Network, ha desarrollado un Marco de Soberanía de IA de 8 Pilares diseñado para ayudar a las naciones africanas a lograr este objetivo. Este marco busca abordar desde la gobernanza y la infraestructura hasta la capacitación y la colaboración, sentando las bases para una IA que sirva a los intereses locales y esté bajo control nacional.
Qué cambia para los profesionales tech: lecciones para Latinoamérica
Si bien el foco inicial está en África, las lecciones sobre la soberanía de IA y la ciberseguridad son directamente aplicables y urgentes para Latinoamérica. La región está experimentando un auge significativo en la adopción de la IA, particularmente en el sector de servicios financieros. El mercado de IA en finanzas en América Latina se valoró en 1.591,2 millones de dólares en 2024 y se proyecta que alcance los 6.711,0 millones de dólares para 2029, con una Tasa de Crecimiento Anual Compuesto (CAGR) del 27,1%, según MarketsandMarkets. Los principales impulsores de esta inversión son la mejora de la experiencia del cliente (54%), la eficiencia operativa (47%) y la detección de fraude (42%), lo que demuestra la integración profunda de la IA en la infraestructura económica regional.
Sin embargo, este rápido ritmo de innovación tecnológica a menudo supera la modernización de las estrategias de ciberseguridad, creando una brecha peligrosa. Expertos de Kaspersky, Mimecast y Check Point Software Technologies señalan que las organizaciones africanas luchan por igualar la velocidad del cibercrimen habilitado por IA, tomando en promedio 18 días para detectar una brecha, comparado con 12 días a nivel global. Latinoamérica enfrenta desafíos similares, con ataques cibernéticos volviéndose más autónomos y sofisticados, incluyendo ransomware asistido por IA y el uso de agentes de IA contra instituciones financieras, como indica Mexico Business News.
Para los profesionales tech en Latinoamérica, esto implica la necesidad de una vigilancia constante y una estrategia proactiva. Es crucial invertir en herramientas defensivas avanzadas basadas en IA, que actualmente solo el 25% de las empresas africanas tienen acceso. Además, el desarrollo de capacidades internas y la capacitación de analistas en IA para ciberseguridad son imperativos. La región también está avanzando en la regulación de la IA; Perú ya aprobó su primera ley de IA, mientras que Argentina, Brasil, México, Colombia y Chile tienen varias propuestas legislativas en consideración, buscando un equilibrio entre innovación y seguridad. La preocupación por la soberanía de los datos, dado que gran parte de la infraestructura de datos de la región es controlada externamente, es un punto clave en estas discusiones regulatorias.
Tola Adeyemi, Socio principal y CEO de KPMG One Africa, subraya la importancia de la resiliencia en la estrategia de IA, priorizando mecanismos de anulación humana, segmentación de sistemas y protocolos de respuesta a incidentes. Karen Allen, consultora de ISS Africa, alerta que los líderes africanos, y por extensión los latinoamericanos, deben estar “especialmente vigilantes” debido a los bajos niveles de alfabetización digital y la lentitud regulatoria frente a las crecientes ciberamenazas impulsadas por la IA.
Qué viene después: hacia un futuro de IA soberana y segura
El futuro de la inteligencia artificial promete transformaciones sin precedentes, pero también conlleva la creciente responsabilidad de asegurar su desarrollo y uso. La situación en África es un claro presagio de los desafíos que enfrentarán todas las regiones, incluida Latinoamérica, si no establecen una IA soberana y segura. Como predice Hardy Pemhiwa de Cassava Technologies, la IA podría tener un “impacto 100 veces mayor” que el dinero móvil en la economía africana, una oportunidad que ninguna región puede permitirse perder por falta de preparación o control.
Los próximos pasos para los profesionales de la tecnología y los formuladores de políticas deben centrarse en varias áreas clave. Primero, la aceleración de marcos regulatorios que promuevan la innovación responsable y la protección de datos, inspirándose en modelos como la Ley de IA de la Unión Europea y adaptándolos a las realidades locales. Esto incluye asegurar que exista una clara responsabilidad y capacidad de intervención local sobre los sistemas de IA críticos.
Segundo, la inversión en infraestructura digital y el desarrollo de talento local son fundamentales. No se trata solo de adoptar tecnologías, sino de construirlas y mantenerlas con experiencia propia. Esto implica programas de capacitación intensivos en IA y ciberseguridad, así como incentivos para la creación de centros de datos y de investigación de IA en la región. Finalmente, la colaboración regional e internacional es vital. Compartir conocimientos, desarrollar estándares de seguridad comunes y cooperar en la respuesta a ciberamenazas transnacionales será esencial para enfrentar un panorama de amenazas cada vez más globalizado y sofisticado. La meta es clara: aprovechar el inmenso potencial de la IA mientras se salvaguarda la soberanía y la seguridad de nuestras economías y sociedades digitales.