Esta reconfiguración de costos llega en un momento crítico. El auge global de los centros de datos, particularmente impulsado por la expansión vertiginosa de la Inteligencia Artificial (IA), está disparando drásticamente la demanda y, consecuentemente, los precios de la energía. Los centros de datos ya no son solo consumidores masivos de electricidad; se están convirtiendo en un factor determinante en la configuración de los mercados energéticos. En este contexto, la viabilidad económica de las baterías no solo ofrece una alternativa, sino que presenta una solución estratégica para la sostenibilidad y la eficiencia operativa de una industria que es el nervio central de la economía digital.
La implicación inmediata es clara: las baterías, antes consideradas una opción de respaldo costosa o complementaria, se están consolidando como una fuente primaria de energía rentable y, en muchos casos, más ágil que las soluciones tradicionales de combustibles fósiles. Esta paridad de costos marca un punto de inflexión que obligará a los planificadores y desarrolladores de infraestructura tecnológica a recalibrar sus estrategias energéticas a nivel global, con profundas repercusiones para la resiliencia de la red, la descarbonización y la rentabilidad a largo plazo.
Cómo funciona esta transición energética en los centros de datos
La transición hacia las baterías como solución energética dominante en los centros de datos se explica por una confluencia de factores tecnológicos y económicos. Por un lado, el costo de las baterías de almacenamiento ha experimentado una caída vertiginosa. Un informe de BloombergNEF de febrero de 2026 lo subraya, indicando que el costo de referencia global para un proyecto de baterías de cuatro horas cayó un impresionante 27% interanual, alcanzando un mínimo histórico de $78 por megavatio-hora (MWh) desde 2009. Este abaratamiento se debe a la mejora en las cadenas de suministro, avances en la química de las baterías y una mayor escala de producción. Se estima que las baterías ya están por debajo de los $117 por kilovatio-hora, menos de un tercio de su costo hace solo tres años.
Por otro lado, el costo de las turbinas de gas natural, especialmente las de ciclo combinado, ha seguido una trayectoria ascendente. El mismo informe de BloombergNEF detalla un aumento del 16% a $102/MWh, un máximo histórico. Esta tendencia se atribuye a la volatilidad en los precios del gas natural, mayores costos de construcción y plazos de entrega que ahora se extienden de dos a cuatro años para las turbinas de ciclo abierto, y hasta principios de la década de 2030 para las de ciclo cerrado. Esta disparidad en costos y plazos favorece claramente a las soluciones de almacenamiento basadas en baterías.
La demanda energética de los centros de datos es un catalizador clave. La proyección es que la demanda global de energía de estos centros aumente un 17% anualmente entre 2022 y 2030, duplicando el consumo de 485 TWh en 2025 a 950 TWh para 2030. La Inteligencia Artificial es el principal motor de esta demanda; los centros de datos de IA pueden requerir más de 120 kW por rack, una cifra significativamente mayor que los 15 kW anteriores. Esta necesidad de energía masiva y constante hace que las baterías sean una solución ideal. Expertos como Pasi Taimela, Director de Innovación de FlexGen, afirman que los sistemas de almacenamiento en baterías a gran escala son idóneos para garantizar la calidad de la energía, el suministro ininterrumpido (UPS) y la energía de respaldo de larga duración, esenciales para la operación crítica de los centros de datos de IA. David Chernis, de CPower, refuerza esta idea, señalando que el almacenamiento de energía en baterías no solo mitiga picos transitorios y protege la infraestructura de IA, sino que también ofrece ahorros de costos sustanciales, especialmente cuando se combinan con fuentes de energía solar, que es actualmente la forma más barata de nueva generación en todos los mercados encuestados por Wood Mackenzie.
Qué cambia para los profesionales tech de Latinoamérica
Para los profesionales de la tecnología y los encargados de la infraestructura digital en América Latina, esta coyuntura energética presenta tanto desafíos como oportunidades sin precedentes. La región, con su abundante irradiación solar, está excepcionalmente posicionada para capitalizar la integración de las baterías con energías renovables. Se prevé que el LCOE (Costo Nivelado de Energía) del almacenamiento en baterías a escala de red en Latinoamérica disminuya un 42% para 2060, un incentivo poderoso apoyado por mandatos de almacenamiento regional y adquisiciones de estabilidad de red.
Profesionales en países como Chile ya están viendo y liderando este cambio. Chile ha habilitado sistemas de almacenamiento autónomos y ha creado regulaciones favorables para la remuneración y los servicios de red. Un ejemplo palpable es el Parque de Baterías BESS Coya, inaugurado en 2024, que es el más grande de la región con 638 MWh y 139 MW. Este tipo de proyectos no solo garantizan un suministro energético más estable y verde para la creciente demanda de los centros de datos chilenos, sino que también establecen un precedente técnico y regulatorio para otros países de la región.
Brasil, el mercado de centros de datos más grande de la región con 189 instalaciones, también está mostrando una fuerte demanda de almacenamiento, con un salto de casi un 90% en el segmento comercial e industrial entre 2023 y 2024. Sin embargo, en gran parte de América Latina, la regulación sigue siendo el principal obstáculo. Países como Argentina carecen de normativas específicas para los megacentros de datos, generando preocupaciones sobre el consumo de agua y energía. Brasil también necesita un marco regulatorio integrado para atraer las grandes inversiones necesarias para esta transición. Los profesionales tech deben familiarizarse con estas dinámicas, abogando por políticas que fomenten la inversión en energías limpias y almacenamiento. Esto implica no solo comprender las especificaciones técnicas de las baterías y su integración con la red, sino también navegar por un complejo panorama regulatorio y de financiamiento para asegurar la resiliencia y la sostenibilidad de las operaciones de datos en la región. Se sugiere que América Latina podría adaptar precedentes de la Unión Europea para la transparencia y gobernanza de los centros de datos, lo que facilitaría un crecimiento más estructurado y sostenible.
Qué viene después en la era de los centros de datos energizados por baterías
El futuro de la energía para los centros de datos estará marcado por una profundización de estas tendencias. Se proyecta que los costos de la electricidad generada por baterías continuarán su trayectoria descendente, mientras que los de las turbinas de gas natural seguirán aumentando en las próximas décadas. Esta divergencia de costos consolidará la posición de las baterías como la opción predeterminada para nuevas instalaciones y expansiones de centros de datos.
El mercado global de almacenamiento de baterías para centros de datos es un testimonio de esta proyección, con expectativas de crecer de $952.3 millones en 2025 a $4.27 mil millones en 2035, exhibiendo una Tasa de Crecimiento Anual Compuesto (CAGR) del 16.2%. Esta expansión masiva no solo impulsará la innovación en tecnología de baterías, sino que también generará una demanda considerable de profesionales con experiencia en sistemas de almacenamiento de energía, integración de energías renovables y gestión de infraestructura inteligente.
La relación entre los centros de datos y las energías renovables se fortalecerá. Douglas Jester, consultor de energía limpia, observa la paradoja de que los centros de datos, a pesar de sus enormes desafíos ambientales, están impulsando un crecimiento "incuestionable" en las energías renovables debido a su imperiosa necesidad de autosuministro y las demoras en la conexión a la red eléctrica tradicional. Esta sinergia no solo beneficiará a los centros de datos con energía más barata y limpia, sino que también acelerará la transición energética a nivel global. Sin embargo, Marijn van Diessen, CEO de STX Group, subraya que el diseño del mercado, más que solo las intenciones corporativas, será clave para catalizar esta transición energética a gran escala. Esto significa que los gobiernos y los reguladores tienen un papel fundamental en la creación de marcos que incentiven la inversión en almacenamiento y energías renovables, asegurando que la infraestructura de datos del mañana sea tan sostenible como potente.