El modelo que Bogotá propone se cimienta sobre pilares robustos, siendo el más visible el Campus de Ciencia, Tecnología e Innovación de Bogotá (CTIB). Este proyecto insignia es el epicentro de la estrategia de la ciudad para fomentar la innovación. Con una inversión que supera los $535 mil millones de pesos colombianos (COP), el CTIB no es solo una infraestructura; es una declaración de intenciones. Su naturaleza público-privada es clave, con aportes significativos de actores como la Cámara de Comercio de Bogotá ($254 mil millones COP), Corferias ($57 mil millones COP), el Distrito ($85 mil millones COP), el SENA ($76 mil millones COP) y diversas cajas de compensación ($63 mil millones COP). Este campus de 23 pisos, cuya construcción inició en agosto de 2025 y cuya primera fase operativa se proyecta para 2026, ocupará 247 hectáreas en el occidente de la ciudad, y se espera que genere 13.635 empleos, tanto directos como indirectos, además de atraer $569 mil millones COP en inversiones para startups y empresas de alta tecnología. Es un espacio diseñado para la colaboración, la experimentación y el escalamiento de soluciones innovadoras, con la mira puesta en áreas de alto potencial.
Paralelamente, Bogotá ha lanzado seis ecosistemas científicos especializados, liderados por prestigiosas universidades como la Nacional y Los Andes, con una inversión inicial cercana a los $100 mil millones COP. Estos ecosistemas se centran en áreas críticas y emergentes. Por ejemplo, se destinaron $22.000 millones COP a tres ecosistemas clave enfocados en inteligencia artificial para la salud (MedIA), bioeconomía circular (BIO) y medicina personalizada (PRISMA), todos bajo el liderazgo de la Universidad Nacional. Adicionalmente, la Universidad de los Andes recibió $17.829 millones COP para el desarrollo de su ecosistema DUAL-TECH. Estos programas buscan no solo generar conocimiento, sino aplicarlo directamente en la solución de problemas concretos que afectan a la ciudadanía.
En contraste, el panorama general en América Latina, si bien muestra focos de crecimiento, aún enfrenta barreras significativas. Según Alejandro Olaya, Gerente de Innovación y Emprendimiento de la ANDI, el retroceso de Colombia de 10 posiciones en el Índice Mundial de Innovación (GII) de 2025 (ubicándose en el puesto 71 entre 139 naciones) es un síntoma de un "deterioro en el ecosistema de innovación por falta de políticas públicas". Esto se agrava con la drástica reducción de beneficios tributarios para la inversión en innovación, lo que evidencia la necesidad de un compromiso público más robusto para complementar el liderazgo del sector privado. La región en su conjunto se caracteriza por una inversión relativamente baja en ciencia y tecnología, políticas fragmentadas, una capacidad técnica insuficiente y obstáculos para la transferencia efectiva de conocimiento. La CEPAL, por su parte, subraya la insuficiencia y concentración de la formación de capital humano avanzado, así como la necesidad de fortalecer la gobernanza de la IA y las políticas de CTI para un desarrollo productivo, sostenible e inclusivo en la región. Bogotá, con su enfoque estructurado y de alta inversión, intenta deliberadamente distanciarse de estos desafíos, ofreciendo un modelo de cómo superarlos.
Los datos hablan
La apuesta de Bogotá por la innovación se sustenta en cifras contundentes que delinean la magnitud de sus aspiraciones y proyectos. El Campus de Ciencia, Tecnología e Innovación de Bogotá (CTIB), por ejemplo, representa una inversión total de $535 mil millones COP. Esta cifra se desglosa en contribuciones clave: la Cámara de Comercio de Bogotá aporta $254 mil millones COP, Corferias contribuye con $57 mil millones COP, el Distrito con $85 mil millones COP, el SENA con $76 mil millones COP y las cajas de compensación con $63 mil millones COP. Este esfuerzo conjunto subraya la naturaleza de colaboración público-privada que impulsa el proyecto. El CTIB, programado para iniciar su construcción en agosto de 2025 con la primera fase operativa en 2026, se proyecta como un catalizador económico, esperando generar 13.635 empleos, tanto directos como indirectos, y atraer una inversión de $569 mil millones COP hacia startups y empresas de alta tecnología.
En el ámbito de la investigación, la ciudad ha inyectado capital significativo en sus seis ecosistemas científicos recién lanzados, con una inversión inicial cercana a los $100 mil millones COP. Dentro de estos, se destinaron $22.000 millones COP a tres ecosistemas clave liderados por la Universidad Nacional: MedIA (inteligencia artificial para la salud), BIO (bioeconomía circular) y PRISMA (medicina personalizada). La Universidad de los Andes, por su parte, recibió $17.829 millones COP para su ecosistema DUAL-TECH, fortaleciendo la investigación en nuevas tecnologías. La meta a mediano plazo es ambiciosa: incrementar la inversión en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) al 1% del Producto Interno Bruto (PIB) de la ciudad para el año 2028, una cifra que superaría la inversión promedio de muchos países latinoamericanos en esta área.
En el contexto regional, Bogotá ya muestra un posicionamiento destacable. Según el Informe Global de Ecosistemas de Startup 2024, la capital colombiana ocupa el tercer puesto en el ranking regional de ecosistemas emergentes en América Latina, un indicador claro de su dinamismo y potencial. Sin embargo, este avance se contrasta con el escenario nacional, donde Colombia retrocedió 10 posiciones en el Índice Mundial de Innovación (GII) de 2025, situándose en el puesto 71 entre 139 naciones. Este descenso, como lo señaló Alejandro Olaya de la ANDI, resalta la necesidad de políticas públicas más estables y de mayor respaldo a la innovación. A pesar de estos desafíos, América Latina en general ha visto una aceleración notable en la adopción de Inteligencia Artificial, concentrando el 14% de las visitas globales a soluciones de IA, lo que sugiere un terreno fértil para la aplicación de las innovaciones que Bogotá está cultivando.
Que significa para Latam
La ambiciosa apuesta de Bogotá por consolidarse como un hub de conocimiento e innovación tiene implicaciones profundas para toda América Latina. En una región que, como bien señala Gloria Alonso, exdirectora del DNP, carece de inversión y políticas cohesivas en CTI, el modelo bogotano puede servir como un referente o, al menos, como un caso de estudio crucial. La inversión público-privada en infraestructuras como el CTIB y en ecosistemas científicos especializados, demuestran cómo la colaboración estratégica puede movilizar recursos significativos, incluso en contextos de restricciones fiscales. Para los profesionales tech y los innovadores de la región, esto significa la emergencia de un polo de atracción de talento y capital, que podría mitigar la fuga de cerebros y fomentar la creación de startups de alto impacto.
Además, el énfasis de Bogotá en áreas como la inteligencia artificial para la salud, la bioeconomía circular y la medicina personalizada no solo aborda problemas locales, sino que también genera soluciones escalables para desafíos que son comunes en toda América Latina. La concentración de esfuerzos y recursos en estas verticales estratégicas puede impulsar avances que beneficien a múltiples países de la región, que comparten realidades y necesidades similares en salud, sostenibilidad y desarrollo tecnológico. El éxito de Bogotá en alcanzar su meta de invertir el 1% del PIB en CTeI para 2028, y su posicionamiento en el ranking de ecosistemas emergentes, podría inspirar a otras capitales y gobiernos a emular modelos de inversión y colaboración, buscando dinamizar sus propios ecosistemas y cerrar la brecha de innovación que aún persiste a nivel regional, fomentando una verdadera "curiosidad" por la ciencia aplicada y su impacto directo.