Sin embargo, este crecimiento conlleva un costo de recursos significativo. Un centro de datos de hiperescala puede utilizar hasta 19 millones de litros de agua por día, una cantidad equivalente al consumo diario de una ciudad de 50,000 habitantes. Además, los centros de datos son ávidos consumidores de energía, representando entre el 1.5% y el 2% de la electricidad global, una cifra que, según las proyecciones, podría duplicarse para 2030. La Inteligencia Artificial es un factor clave en esta ecuación energética: para el mismo año, se espera que el 50% de la infraestructura física de los centros de datos esté dedicada a servicios de IA.
En términos de inversión y empleo, el panorama global de infraestructura de IA es robusto, con un gasto que podría casi triplicarse para 2029, pasando de 334 mil millones de dólares en 2025 a más de 900 mil millones. La construcción de un centro de datos de 1 GW puede generar aproximadamente 45,367 empleos temporales y 5,322 puestos permanentes de alta remuneración. El caso de Virginia, Estados Unidos, ilustra los beneficios fiscales, donde la industria de centros de datos generó 640 millones de dólares en impuestos estatales y mil millones de dólares en impuestos municipales en 2022. No obstante, la adopción de IA muestra una brecha notable: en 2025, solo el 32% de las empresas en naciones en desarrollo habían adoptado la IA, en contraste con el 85% en economías avanzadas, lo que subraya el riesgo de una "brecha de la IA".
Analisis de la tendencia
Los números exponen una tendencia clara: el futuro digital está inextricably ligado a la proliferación de centros de datos. La demanda de capacidades computacionales para la IA no solo potencia el crecimiento de esta infraestructura, sino que también redefine su escala y el consumo de recursos asociados. Este patrón revela una doble vertiente: por un lado, la promesa de una economía digital más robusta y la generación de empleos de alto valor; por otro, la creciente presión sobre los recursos naturales y la infraestructura existente de las ciudades. La "brecha de la IA" se cierne como una amenaza latente, donde países en desarrollo podrían quedar rezagados si no logran construir y gestionar esta infraestructura de manera equitativa y sostenible, como advierten el Banco Mundial y NxusCloud Blog. La investigadora Soledad Vogliano, del Grupo ETC, califica de "brutal" la escala de construcción de centros de datos de hiperescala y destaca que la industria tiende a "deslocalizar los impactos socioambientales más terribles hacia lugares donde haya menos regulación". Esto implica una renegociación urgente de quién realmente captura los beneficios de esta nueva era tecnológica, y quién asume sus costos.
Contexto regional
América Latina se posiciona como un actor clave en esta expansión global. Brasil y México lideran la región, concentrando gran parte de la nueva capacidad. Querétaro en México y las ciudades de São Paulo y Barueri en Brasil, por ejemplo, concentraron el 82% de la nueva capacidad entregada en 2025. Brasil, con el 48% de la capacidad total instalada de la región, es un hub indiscutible, mientras que Chile y Colombia también mantienen posiciones sólidas en el mapa de infraestructura de datos. Empresas como Odata, con 310 MW operativos y 971 MW planificados, son actores clave en la región, junto a otros proveedores como CloudHQ, 247 Data Centers, ADA, Omnia y Terranova.
Sin embargo, la región enfrenta desafíos significativos, incluyendo los altos costos de energía, la ausencia de regulaciones estandarizadas y limitaciones de conectividad. A pesar de esto, existen iniciativas que buscan incentivar la inversión, como el régimen fiscal especial de Brasil (Redata) y su Programa Nacional de Desarrollo de Centros de Datos (PNDC). El Salvador, por su parte, ha aprobado leyes para atraer centros de datos con beneficios fiscales. Pero la falta de una supervisión robusta genera conflictos. Adrián Carrera, de SocialTIC, confirma que en Querétaro, comunidades cercanas a centros de datos han reportado cortes de agua más frecuentes, problemas de suministro eléctrico y la perturbación constante por el ruido, el cual "fractura la cotidianidad" de los residentes. Estos impactos generan cada vez más conflictos socioambientales en países como Brasil, México y Chile, haciendo que la protección de los recursos naturales y la gestión del riesgo de la red eléctrica sean temas urgentes en la agenda regulatoria. Paz Peña, del Instituto Latinoamericano de Terraformación, enfatiza que la IA ha "cambiado todo" en esta discusión, al convertir a los centros de datos en los mayores clientes energéticos a nivel mundial, a menudo optando por "energía sucia". Santiago Diz, de CBRE Argentina, apunta que la energía y la infraestructura asociada representan el "desafío central" para mercados con potencial como Argentina y Uruguay.
Perspectiva a futuro
La tendencia de expansión de la infraestructura de IA y centros de datos en América Latina es imparable, pero su trayectoria futura dependerá en gran medida de las decisiones políticas y regulatorias que se tomen hoy. Es predecible que la demanda de capacidad de procesamiento continúe escalando, impulsada por la evolución de la IA y la digitalización de economías. La OIT y la Oficina del Enviado del Secretario General de la ONU para la Tecnología advierten que, sin una acción internacional cooperativa, la revolución de la IA podría "ampliar la brecha" entre países ricos y pobres. Por ello, la perspectiva a futuro exige una vigilancia constante sobre el balance entre crecimiento económico y sostenibilidad.
Será crucial observar cómo los gobiernos regionales implementan marcos regulatorios que no solo atraigan la inversión, sino que también aseguren que los beneficios se distribuyan equitativamente entre las comunidades locales. La experiencia muestra que el activismo local, como señala Paz Peña, puede lograr cambios significativos, por ejemplo, exigiendo mayor eficiencia en el uso del agua. Steven Gonzalez Monserrate, un investigador, advierte que las empresas tecnológicas a menudo prometen beneficios a las autoridades locales, pero sus proyectos pueden desviar recursos y valor fuera de las comunidades con poca supervisión pública. En este escenario, la transparencia, la participación ciudadana y la implementación de tecnologías más eficientes en el uso de recursos serán fundamentales para modelar un futuro donde la infraestructura digital de América Latina sirva como un motor de desarrollo inclusivo y no como una fuente de nuevos conflictos.