Los números clave
La relevancia de esta transformación se subraya con cifras contundentes. Latinoamérica, un gigante agroalimentario, aporta entre el 13% y el 14% de la producción mundial de alimentos y genera un impresionante 17% del valor total de las exportaciones globales, con un superávit agroalimentario anual que supera los $174 mil millones de dólares. Sin embargo, este poder productivo coexiste con desafíos significativos. A nivel mundial, el desperdicio alimentario alcanzó los 1.050 millones de toneladas en 2022, una cifra que exige soluciones urgentes y tecnológicas.
Frente a este escenario, la inversión en innovación es vital. Chile, en particular, ha demostrado su compromiso con esta visión. Un ejemplo claro es el Programa Tecnológico (PTEC) NOVA IA, impulsado por Corfo, que movilizará más de $4.950 millones de pesos chilenos para acelerar la transformación digital del sector alimentario mediante la aplicación de la inteligencia artificial. De este monto, Corfo aporta $2.600 millones, complementados por $2.350 millones de los participantes del programa, demostrando una robusta colaboración público-privada.
La eficiencia se traduce en ahorros y sostenibilidad. Plataformas como Agrosmart han logrado un ahorro de agua de hasta el 30% en la agricultura de precisión. En el ámbito de los nuevos modelos productivos, Agrourbana, una startup chilena, ha revolucionado la agricultura vertical, produciendo 100 veces más por metro cuadrado y utilizando solo el 5% del agua que los métodos tradicionales.
Análisis de la tendencia
La industria alimentaria global está virando hacia la eficiencia, la sostenibilidad y la satisfacción de una demanda creciente por productos más saludables y transparentes. Este patrón se manifiesta a través de varias tendencias tecnológicas interconectadas. La agricultura de precisión, potenciada por la IA y el IoT, permite monitorear cultivos y optimizar el uso de recursos como el agua y los fertilizantes, reduciendo costos y minimizando el impacto ambiental. La automatización, mediante la robótica, se está implementando en plantas de procesamiento para ejecutar tareas repetitivas o peligrosas, lo que no solo mejora la eficiencia y la calidad, sino también la seguridad e higiene de los alimentos.
Otra tendencia clave es el upcycling alimentario, una práctica fundamental para la economía circular. Esta técnica transforma residuos y subproductos de la industria en nuevos alimentos o ingredientes de mayor valor, maximizando el uso de los recursos y reduciendo el desperdicio. Paralelamente, el desarrollo de nuevos alimentos, incluyendo proteínas alternativas, productos de origen vegetal y alimentos funcionales, responde a la búsqueda de opciones más saludables y sostenibles por parte de los consumidores.
La evolución regulatoria acompaña esta transformación. Los marcos regulatorios en Latinoamérica se están adaptando rápidamente para satisfacer las expectativas de los consumidores en salud, transparencia y sostenibilidad. Países como México y Chile muestran un gran potencial para el desarrollo de alimentos funcionales, aunque aún requieren normativas claras y alineadas con la evidencia científica. En Chile, por ejemplo, los avances en etiquetado nutricional son notables, pero aún falta una regulación específica para los alimentos funcionales, lo que destaca la necesidad de un diálogo continuo entre ciencia, industria y gobierno.
Contexto regional
América Latina no solo es un actor crucial en la producción de alimentos, sino que también se está consolidando como un centro de innovación en foodtech. El Director General de la FAO, QU Dongyu, ha instado a la región a ser "arquitectos de la recuperación, una recuperación con transformación" que incorpore innovación y digitalización para sistemas agroalimentarios sostenibles. Según Pablo Rabczuk, oficial de la FAO, la región demuestra un fuerte compromiso con la seguridad alimentaria global y el comercio de alimentos, a pesar de los desafíos internos que enfrenta.
Chile se ha posicionado como un referente en la región, albergando varias startups foodtech que están dejando una marca global. NotCo, por ejemplo, es una pionera que utiliza inteligencia artificial para reemplazar componentes animales por plantas en la creación de alimentos, y ha alcanzado una valoración superior a los US$1.500 millones. Agrourbana, como se mencionó, lidera la agricultura vertical en Latinoamérica, optimizando la producción y el uso de recursos. Otras startups chilenas como Inkus (acuicultura sostenible), AquaTrace (trazabilidad), Nalca Biotech (fermentación de precisión), Tierwoohl (alimentos para mascotas con insectos) y Agrolink (soluciones para la agricultura) también están innovando en diversas áreas, demostrando la diversidad y el dinamismo del ecosistema local.
Más allá de Chile, la vitalidad del sector foodtech se extiende por toda la región. Superfüds, un supermercado online de bienestar en Colombia, y Frizata, una compañía argentina de alimentos congelados que se ha expandido a México y Chile y ha recaudado US$600.000, son claros ejemplos del crecimiento y la expansión de modelos de negocio innovadores. Este panorama regional evidencia un compromiso creciente con la investigación y el desarrollo, impulsado por una combinación de talento local, apoyo gubernamental y la necesidad de abordar desafíos alimentarios complejos.
Perspectiva a futuro
La trayectoria de la industria alimentaria en Latinoamérica, con Chile a la vanguardia, apunta hacia una profunda integración tecnológica y una mayor sostenibilidad. Alejandra Pizarro, Directora Nacional de ANID, enfatiza la importancia de que la investigación y el desarrollo generen soluciones tangibles que impacten directamente al sector productivo, promoviendo una colaboración robusta entre la academia, el estado y la industria para una agroindustria más innovadora y competitiva. Pablo Zamora, cofundador de Rebel Factory, refuerza esta idea al señalar que la ciencia y la tecnología deben ser pilares del desarrollo de Chile para evitar que el país se limite a ser un exportador de commodities sin valor agregado, impulsando así una economía basada en el conocimiento.
En los próximos años, se espera un aumento sostenido en la inversión en foodtech, con un énfasis creciente en soluciones que aborden la resiliencia climática y la seguridad alimentaria. La consolidación de marcos regulatorios claros y ágiles para los nuevos alimentos y las tecnologías emergentes será crucial para fomentar la innovación de manera responsable. La región tiene la oportunidad de liderar en la producción de alimentos del futuro, desde proteínas alternativas hasta ingredientes funcionales, capitalizando su biodiversidad y su capacidad de investigación.
El éxito dependerá en gran medida de la continuidad de la colaboración entre todos los actores involucrados. La transferencia de conocimiento de los centros científicos y tecnológicos a las pequeñas y medianas empresas (PYMES) del sector agroalimentario será vital para democratizar el acceso a estas herramientas y asegurar que la transformación tecnológica beneficie a toda la cadena de valor. Latinoamérica no solo se prepara para alimentar al mundo de manera más eficiente, sino también para innovar en cómo lo hace, construyendo un sistema agroalimentario más justo, sostenible y tecnológicamente avanzado.