La noticia original de TechCrunch ya advertía sobre la creciente frustración de los creadores. El acuerdo, cuya aprobación final se dio el 20 de julio de 2026 y con los primeros pagos programados para el 15 de noviembre de 2026, se está “fracturando” antes de que los cheques lleguen a sus destinatarios. La promesa de una compensación justa ha sido empañada por lo que muchos autores perciben como un intento oportunista por parte de intermediarios que históricamente han gestionado sus obras. La polémica no solo subraya las debilidades en los contratos tradicionales, sino que también pone de manifiesto la urgencia de establecer marcos claros en la era de la IA, tanto para la explotación de contenidos como para la justa remuneración de sus creadores.
Autores y Editores: Una disputa por la tajada de la IA
El meollo de la controversia radica en la interpretación y reclamación de los derechos sobre las obras afectadas. Los autores, quienes son los titulares originales de los derechos de autor, se sienten defraudados por las acciones de sus propios colaboradores. Victoria Strauss, de Writer Beware, ha documentado extensamente los problemas de reclamaciones erróneas, señalando que las editoriales están presentando demandas sobre libros cuyos derechos ya han sido revertidos a los autores, o buscando el 100% de los pagos en lugar del 50% por defecto para libros que aún se encuentran en circulación. Un ejemplo claro de esto es cuando un libro está agotado y el autor recupera sus derechos; en este escenario, el autor debería recibir el 100% de la compensación de Anthropic. No obstante, las editoriales a menudo siguen presentando reclamaciones, forzando a los autores a disputar cada caso individualmente.
Por otro lado, los agentes literarios también han sido objeto de fuertes críticas. Muchos están reclamando entre el 15% y el 25% de las asignaciones de los autores, a pesar de que tradicionalmente no poseen los derechos de autor de las obras, sino que actúan como intermediarios en la negociación de contratos y la gestión de la carrera de los escritores. Autores como Courtney Milan han expresado abiertamente su indignación ante estas prácticas, que consideran injustificadas. La frustración generalizada se intensifica a medida que numerosos autores reciben notificaciones de disputas sobre sus reclamaciones legítimas, lo que añade una capa de complejidad burocrática y emocional a un proceso que ya es de por sí delicado.
El Authors Guild (Gremio de Autores), a través de su CEO Mary Rasenberger, ha sugerido que algunas de estas reclamaciones incorrectas por parte de las editoriales podrían deberse a errores en los registros o a una mala administración, más que a un intento deliberado de apropiación. Sin embargo, independientemente de la intencionalidad, el efecto es el mismo: los autores deben invertir tiempo y recursos para defender lo que les corresponde. El Gremio de Autores está asesorando activamente a sus miembros para que presenten documentación sólida, como cartas de reversión de derechos, a fin de disputar cualquier reclamación incorrecta. Esta situación, según analistas como Kristelia García, profesora de Derecho de Georgetown, recuerda a batallas anteriores por los derechos de autor en la era digital, donde la llegada de nuevas tecnologías siempre ha desafiado los modelos de negocio y las estructuras de compensación existentes.
Los datos hablan: Cifras de un acuerdo histórico
Para comprender la magnitud de esta disputa, es crucial analizar los datos concretos que rodean el acuerdo de Anthropic. El monto total acordado asciende a 1.5 mil millones de dólares. Este fondo está destinado a compensar a los titulares de derechos de aproximadamente 500,000 títulos que Anthropic identificó haber utilizado para entrenar sus modelos de IA, provenientes de un universo de 7 millones de copias de libros descargadas de sitios piratas. Se estima que medio millón de autores están esperando recibir pagos por sus obras.
Inicialmente, se prevé que cada título elegible recibirá aproximadamente 3,000 dólares. Esta cifra podría aumentar si no todos los titulares de derechos presentan reclamaciones válidas. Una primera distribución de aproximadamente 2,203.56 dólares por obra estaba programada, con una asignación total de 1.083 mil millones de dólares en el fondo de liquidación, incluyendo intereses. Esta primera ronda de pagos está programada para el 15 de noviembre de 2026 o antes. Además, un pago posterior de 450 millones de dólares de Anthropic está previsto para septiembre de 2027, lo que elevaría la compensación total.
Las fechas clave del acuerdo incluyen la aprobación final el 20 de julio de 2026. En cuanto a la división de los fondos, el acuerdo establece una regla por defecto: para libros que aún están en circulación con una editorial tradicional, la división es 50/50 entre el autor y la editorial. Sin embargo, los autores pueden reclamar el 100% para libros auto-publicados o aquellos cuyos derechos les fueron revertidos antes del 10 de agosto de 2022, fecha en que se realizaron las descargas de los libros por parte de Anthropic. Este es el punto de fricción principal, ya que muchas editoriales ignoran la cláusula de reversión de derechos al presentar sus reclamaciones.
Es importante señalar que los honorarios legales para los abogados de los demandantes, aunque inicialmente solicitaron el 25% (equivalente a 375 millones de dólares), finalmente se les otorgaron 101.5 millones de dólares, lo que representa el 6.8% del fondo. Este porcentaje, relativamente bajo en comparación con otras acciones colectivas, deja una mayor proporción del dinero disponible para los autores, haciendo que la disputa actual por la distribución sea aún más crítica.
Qué significa para América Latina
Aunque el acuerdo de Anthropic es predominantemente un litigio estadounidense, que requiere el registro de derechos de autor en la Oficina de Derechos de Autor de EE. UU. para ser elegible, sus implicaciones resuenan profundamente en América Latina. La región se enfrenta a sus propios desafíos en la intersección de la IA y la propiedad intelectual, con un panorama regulatorio que a menudo exhibe una “asimetría regulatoria” en comparación con el Norte Global. La mayoría de los países latinoamericanos carecen de excepciones específicas de derechos de autor para la minería de texto y datos (TDM), esencial para el entrenamiento de IA.
Países como Brasil están discutiendo activamente leyes para regular la IA y los derechos de autor, enfocándose en la transparencia, la opción de exclusión (opt-out) y la remuneración justa para los creadores. México, por su parte, impulsa reformas a sus leyes laborales y de derechos de autor relacionadas con la IA, mientras que Perú implementó regulaciones de IA en enero de este año, mostrando un camino hacia la anticipación de estos conflictos. Estas iniciativas demuestran una conciencia creciente sobre la necesidad de adaptar los marcos legales a las nuevas realidades tecnológicas.
La adopción de la inteligencia artificial está comenzando a transformar la industria editorial en México y en toda América Latina, ofreciendo herramientas para la creación de contenido, corrección y marketing. No obstante, el impacto económico estimado de la IA en el PIB de América Latina y el Caribe es de 3 a 4 veces menor que en economías desarrolladas, debido a una menor tasa de adopción y desarrollo local. Una encuesta reciente en Iberoamérica reveló que, si bien diseñadores, editores y distribuidores muestran una actitud favorable hacia la IA, traductores, ilustradores y escritores son más críticos, reflejando las preocupaciones por la automatización y la compensación.
Aunque no hay menciones directas de empresas editoriales latinoamericanas específicas afectadas por el acuerdo de Anthropic, es crucial recordar que el acuerdo no se limita a ciudadanos estadounidenses; los titulares de derechos extranjeros con registros de derechos de autor en EE. UU. son elegibles. Esto significa que algunos autores y editoriales de la región, que hayan registrado sus obras en la Oficina de Derechos de Autor de EE. UU., podrían verse directamente afectados por esta disputa. El caso de Anthropic sienta un precedente vital para futuras negociaciones y regulaciones sobre el uso de contenidos en IA a nivel global, un tema que América Latina no puede ignorar a medida que busca proteger la creatividad y la innovación en su propia industria cultural y tecnológica.