Expertos como Sinéad Bovell han destacado que la economía de la IA en China se moldea más por la restricción que por la opulencia. Esta realidad ha cultivado una nueva estirpe de emprendedores que no solo buscan resolver problemas con IA, sino que lo hacen bajo la premisa de la supervivencia y la maximización de la eficiencia. Este enfoque fomenta un modelo de innovación basado en la frugalidad, donde la solución de problemas concretos y la optimización de procesos toman precedencia sobre la mera creación de valor a través de rondas de financiación masivas. Es una lección vital que sugiere que la próxima ola de innovaciones disruptivas no necesariamente provendrá de los centros tecnológicos más ricos, sino de aquellos impulsados por la necesidad y la astucia para gestionar recursos limitados.
El modelo chino de IA vs. Silicon Valley
La divergencia entre el modelo chino y el de Silicon Valley es fundamental. El ecosistema estadounidense, con su cultura de capital de riesgo y la ambición de crear empresas multimillonarias en tiempo récord, a menudo prioriza la innovación de vanguardia y la disrupción radical. Las startups de Silicon Valley suelen buscar la primacía tecnológica a través de inversiones cuantiosas en investigación y desarrollo de modelos de IA de frontera, con la expectativa de retornos masivos.
Por el contrario, la estrategia de IA de China, aunque ambiciosa en su alcance global, se centra en la eficiencia de costos, la mejora sustancial de la productividad en sectores clave y el despliegue rápido de soluciones. El apoyo gubernamental no solo se manifiesta en la inversión directa, sino también en la creación de políticas y marcos que aceleran la adopción de IA en la economía real. Este respaldo estatal facilita un entorno donde la experimentación y la implementación a gran escala son posibles, incluso con recursos que, individualmente, podrían parecer modestos. Mientras Silicon Valley persigue la hegemonía a través de la innovación más avanzada y la monetización de la propiedad intelectual, China busca la ubicuidad y la integración profunda de la IA en cada faceta de su industria y sociedad, priorizando la aplicación práctica sobre la teoría abstracta o el liderazgo en modelos generativos de gran escala.
Los datos hablan
Las cifras sobre el avance de China en IA son contundentes. En 2026, la nación invirtió 890 mil millones de yuanes (aproximadamente 125 mil millones de dólares) en IA, lo que representa un significativo aumento del 18% respecto al año anterior y constituye el 38% de la inversión global en este campo. La financiación gubernamental fue un pilar clave, aportando 345 mil millones de yuanes, es decir, el 39% del total. Además, se estima que los fondos de capital de riesgo gubernamentales chinos superaron los 912 mil millones de dólares en las últimas dos décadas, de los cuales un 23% se destinó a empresas relacionadas con la IA.
El valor de la industria central de la IA en China superó los 1.2 billones de yuanes (aproximadamente 173.9 mil millones de dólares) en 2025. Las proyecciones son aún más ambiciosas: se espera que el mercado de IA de China, incluyendo servicios de IA generativa e infraestructura, pueda alcanzar 1.4 billones de dólares en ventas para 2030, lo que representa un crecimiento de más de 400 veces desde 2024. Para finales de 2025, el número de empresas de IA en el país superaba las 6,200, y en la primera mitad de 2026, se generaron 67 nuevas startups unicornio, con más del 53% en IA y robótica. En términos de adopción, para finales de 2025, más del 30% de las empresas manufactureras chinas con una facturación anual de al menos 20 millones de yuanes ya habían adoptado tecnologías de IA. Las ambiciones no terminan ahí, con el objetivo de alcanzar el 70% de adopción en sectores clave para 2027 y el 90% para 2030. Adicionalmente, China posee la mayor base de investigadores del mundo, y se prevé que nuevas ocupaciones relacionadas con la IA generen cientos de miles de empleos.
En contraste, el panorama en América Latina, aunque prometedor, presenta desafíos y oportunidades propias. El mercado de IA en la región está valorado en 12.7 mil millones de dólares y crece a un robusto 28.1% anualmente. Un 97% de las organizaciones latinoamericanas planea aumentar sus presupuestos de IA en los próximos 12 meses, con una tasa de crecimiento promedio del 14%. Países como México (65%), Brasil (67%) y Argentina (66%) muestran niveles de madurez notables en la adopción de IA. Sin embargo, la región aún va a la zaga de las tasas globales de crecimiento, y la escasez de habilidades en IA es una barrera clave, citada por el 55% de las empresas mexicanas.
Que significa para Latam
Para América Latina, el modelo chino de emprendimiento en IA ofrece perspectivas valiosas. Luis Rosano, analista de comercio internacional, sugiere que el avance de China puede servir de guía para la región, demostrando que es posible desarrollar una IA robusta y efectiva sin la necesidad de inversiones masivas en infraestructura inicial. Esto abre una oportunidad significativa para los emprendedores latinoamericanos, quienes podrían capitalizar la IA para abordar problemas locales urgentes en sectores como la salud, la educación y la agricultura, donde la optimización de recursos es fundamental.
La región también está activa en la regulación de la IA. Perú fue el primer país en aprobar una ley específica, mientras que Chile y Brasil son líderes en gobernanza de IA, a menudo inspirándose en la Ley de IA de la Unión Europea. Sin embargo, aún no existe un mecanismo de coordinación regional, y las pautas internacionales se adoptan a menudo sin una adaptación completa al contexto local, lo que podría llevar a una “colonia regulatoria” si no se desarrolla un enfoque propio, como advierten expertos. Empresas locales como InvGate (Argentina, gestión de TI con IA), Blip (Brasil, bots conversacionales) y Aiflow (México, agricultura de precisión) ya demuestran la capacidad de innovación en la región.
No obstante, la creciente influencia tecnológica china en América Latina es innegable. Empresas como TikTok y BYD ya tienen un impacto significativo. Huawei, por ejemplo, está expandiendo sus redes 5G y su 'full AI stack' en la región, colaborando con empresas chilenas y brasileñas. Esta expansión digital de China, que incluye tecnologías de vigilancia y reconocimiento facial en países como Ecuador, Bolivia y Argentina, genera preocupaciones sobre el acceso a datos y la soberanía tecnológica. Analistas como Brett Perlmutter y Michele Caruso-Cabrera han expresado alarma por esta situación, proponiendo que EE. UU. ofrezca una alternativa democrática. El desafío para América Latina es aprovechar las oportunidades de innovación y las inversiones chinas, mientras se establece un marco regulatorio y estratégico que salvaguarde sus propios intereses y desarrolle una soberanía tecnológica genuina, integrando la eficiencia con la ética y la privacidad de datos.