La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) son las principales voces que advierten sobre la gravedad de la situación. Según la OMM, existe una probabilidad cercana al 100% de que este evento persista al menos hasta febrero de 2027, y la NOAA estima una probabilidad superior al 90% de que sea un evento "muy fuerte" durante el otoño e invierno del hemisferio norte de 2026-27. Más aún, existe un 69% de probabilidad de que este El Niño sea clasificado como "histórico", superando en intensidad a todos los eventos registrados desde 1950. Esta proyección eleva la preocupación a un nivel crítico, no solo para la gestión de desastres, sino para la planificación económica y social a largo plazo, especialmente en regiones altamente vulnerables como América Latina.
Cómo funciona un Súper El Niño con anomalías récord
El Niño es un fenómeno natural que forma parte de un ciclo más amplio conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Océano Pacífico ecuatorial. Este calentamiento afecta los patrones de viento y precipitación en todo el mundo. Sin embargo, el El Niño de 2026 exhibe características que van más allá de lo usual. Las anomalías térmicas no se limitan a la superficie; si bien la superficie del Pacífico ecuatorial central y oriental ya muestra incrementos significativos (entre +2.2°C y +2.6°C por encima del promedio en la superficie entre finales de julio y mediados de agosto), las temperaturas en la subsuperficie son el verdadero factor de alarma.
En julio y principios de agosto de 2026, las temperaturas en las profundidades del Pacífico han alcanzado desviaciones superiores a los +8°C, llegando a +10.0°C en algunos puntos. Este calor extremo en las profundidades es un motor fundamental para la intensificación y prolongación del fenómeno. Proyecciones específicas para la región Niño 1+2 (Pacífico oriental, cercana a las costas de Sudamérica) indican anomalías que podrían alcanzar hasta 5.64°C, mientras que en la región Niño 3.4 (Pacífico central) se esperan incrementos de hasta 3.55°C. Estas cifras son cruciales porque el calor subsuperficial tiende a "subir" y alimentar el calentamiento superficial, creando un ciclo de retroalimentación positiva que refuerza la intensidad del evento. La combinación de este calor profundo con el calentamiento global preexistente de la atmósfera y los océanos potencia aún más los efectos de este Súper El Niño, haciéndolo potencialmente más destructivo y de mayor alcance que episodios anteriores.
Qué cambia para los profesionales tech
El impacto de un El Niño de magnitud histórica como el proyectado para 2026-27 trascenderá los sectores tradicionales y tendrá repercusiones directas e indirectas para los profesionales de la tecnología, especialmente en América Latina. La infraestructura digital y los servicios basados en la tecnología enfrentarán desafíos significativos y, a su vez, presentarán oportunidades para soluciones innovadoras.
Primero, la infraestructura crítica estará en riesgo. Las lluvias torrenciales e inundaciones en países como Ecuador y Perú, o las sequías prolongadas en Centroamérica (Honduras, Panamá, El Salvador ya declararon emergencia) y el norte de Sudamérica (Colombia, Amazonía), afectarán directamente la estabilidad energética y las redes de conectividad. Los centros de datos requerirán sistemas de enfriamiento más eficientes y resilientes para soportar olas de calor, así como fuentes de energía de respaldo robustas para enfrentar cortes de suministro. Las redes de fibra óptica y las estaciones base de telecomunicaciones serán vulnerables a deslizamientos de tierra, inundaciones y daños por sequía en áreas propensas a incendios forestales, exigiendo a los ingenieros de redes y ciberseguridad implementar planes de contingencia más estrictos y soluciones de resiliencia.
En segundo lugar, la cadena de suministro tecnológica se verá afectada. Las disrupciones en la agricultura y la minería, insumos clave para la fabricación de componentes electrónicos y materias primas, podrían generar escasez y aumentos de precios. Esto requerirá que los profesionales de la logística y la gestión de la cadena de suministro, apoyados por tecnologías como la IA y el blockchain, busquen proveedores alternativos y optimicen las rutas de transporte, un desafío agravado por la reducción del tránsito en el Canal de Panamá debido a la disminución del 34% de las lluvias históricas y del 44% de los aportes a su cuenca. Los especialistas en datos y analítica se volverán indispensables para modelar estos riesgos y prever impactos económicos, ofreciendo herramientas para la toma de decisiones estratégicas.
Finalmente, surgirán nuevas demandas de tecnología para la adaptación y mitigación climática. Habrá una necesidad creciente de soluciones de agricultura de precisión (IoT, sensores, IA para optimizar el uso del agua y predecir rendimientos), sistemas de alerta temprana basados en inteligencia artificial y machine learning para fenómenos meteorológicos extremos, y plataformas de gestión de recursos hídricos inteligentes. Las empresas de energía, frente a la disminución de la generación hidroeléctrica, buscarán más soluciones en energías renovables (solar, eólica) y en la gestión inteligente de redes (smart grids), impulsando la demanda de ingenieros especializados. La implementación de infraestructura para el teletrabajo y la digitalización de servicios gubernamentales y privados será crucial para mantener la continuidad de las operaciones ante disrupciones físicas, requiriendo expertos en la nube, ciberseguridad y desarrollo de software. Los profesionales tech serán catalizadores clave en la construcción de sociedades más resilientes al cambio climático.
Qué viene después
La trayectoria del El Niño 2026-27 será monitoreada de cerca por las principales agencias climáticas internacionales, con proyecciones que lo extienden hasta el primer trimestre de 2027. La OMM y la NOAA continuarán actualizando sus modelos y pronósticos, proporcionando información crítica para la toma de decisiones. Es fundamental que los gobiernos, las empresas y las comunidades en América Latina traduzcan esta información de riesgo en políticas y acciones concretas de preparación.
Los próximos meses serán cruciales para observar la evolución de las anomalías térmicas y su impacto en los patrones climáticos regionales. Es probable que se sigan declarando estados de emergencia en diversos países de la región, como ya lo han hecho Panamá, El Salvador y Ecuador, lo que movilizará recursos y activará protocolos de respuesta. A mediano plazo, la atención se centrará en la recuperación de las zonas afectadas y en la implementación de medidas estructurales para la resiliencia a largo plazo, con el apoyo de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR). No se descarta que, tras la disipación de este intenso El Niño, le siga un evento de La Niña, lo que podría traer consigo otro conjunto de desafíos climáticos, con efectos opuestos en muchas regiones. La experiencia de este evento histórico proporcionará lecciones valiosas para futuras estrategias de adaptación al cambio climático, una realidad que la comunidad científica, con António Guterres de la ONU a la cabeza, califica como una "advertencia climática urgente" en un planeta ya sobrecargado.