Sectores críticos como la descarbonización del cemento y el acero son puntos focales, ya que cada uno representa aproximadamente el 8% de las emisiones globales, lo que subraya la necesidad de innovaciones disruptivas. La revista TIME, en colaboración con Statista, destacó en su lista "World's Top GreenTech Companies" de junio de 2026 que las empresas de energía renovable constituyen el 34% de las 250 firmas clasificadas, con nombres como General Fusion y Eavor (geotérmica) entre los líderes.
Para Latinoamérica, la situación presenta un contraste. A pesar de su inmensa vulnerabilidad al cambio climático y su vasto potencial en energías renovables (albergando el 30% de los bosques primarios del mundo), la región atrae menos del 2% del capital de riesgo global destinado a la innovación climática. No obstante, las proyecciones son optimistas, con un crecimiento anual del mercado de tecnología climática del 15.8% esperado hasta 2030. Desde 2010, más de 1200 startups de tecnología climática en la región han logrado atraer $3 mil millones en capital de riesgo, con Brasil liderando la inversión, acaparando el 64% de la financiación en 2023, principalmente en proyectos de energía solar.
Análisis de la tendencia
La selección del MIT Technology Review para su lista 2026 se centró en avances prometedores en áreas clave como el almacenamiento de energía, la energía nuclear, el transporte, la manufactura y la protección ambiental. Entre las empresas destacadas se encuentran Energy Dome, con sus innovadores sistemas de almacenamiento de energía en red; WeLion, pionera en baterías de estado semisólido para vehículos eléctricos; y WaveSave, que desarrolla presas portátiles de goma para la protección contra inundaciones. Estas elecciones reflejan un enfoque en soluciones tangibles y escalables que abordan desafíos críticos en la infraestructura global.
Otras publicaciones también han puesto el foco en distintas innovaciones. Blazon Agency, en su lista "Top Climate Tech Startups to Watch in 2026", resaltó a Form Energy (baterías de larga duración), Sublime Systems (cemento bajo en carbono), Heirloom (captura directa de aire) y Boston Metal (acero descarbonizado). Estas empresas representan un espectro amplio de la innovación, desde la mejora de la infraestructura energética hasta la reducción de emisiones en industrias pesadas. Trellis Group, por su parte, identificó 15 startups en 2026 con énfasis en soluciones para centros de datos, nuevos materiales y adaptación climática, lo que indica una diversificación de los esfuerzos tecnológicos.
Forbes, en un artículo de febrero de 2026, sugirió que 2026 podría ser "el año más estratégico hasta ahora para la tecnología climática", pronosticando un cambio hacia soluciones más centradas en los resultados para el cliente y la eficiencia. Esta perspectiva es respaldada por expertos como Juliette Devillard, fundadora de Climate Connection, quien afirma que 2026 será el año del "clima silencioso", donde las startups priorizarán la rentabilidad y la eficiencia operativa sobre el mero impacto en su comunicación. Este enfoque pragmático es crucial para asegurar la viabilidad a largo plazo de estas empresas y su capacidad para generar un cambio significativo. Analistas de JP Morgan también refuerzan esta visión, señalando que la tecnología verde y climática está atrayendo inversiones significativas, en parte debido al aumento de la demanda energética impulsada por la inteligencia artificial (IA) y la expansión de los centros de datos, lo que crea una presión adicional para encontrar soluciones energéticas sostenibles.
Contexto regional
América Latina se posiciona como una de las regiones más vulnerables al cambio climático, con 13 de los 50 países más afectados a nivel mundial ubicados en su territorio. Esta realidad subraya la urgencia de adoptar y desarrollar soluciones climáticas adaptadas a sus necesidades específicas. La región, que alberga el 30% de los bosques primarios y posee un vasto potencial en energías renovables, tiene una oportunidad única para convertirse en un líder en la implementación de tecnologías verdes.
A nivel regulatorio, la mayoría de las naciones latinoamericanas han actualizado sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), y el 80% del Producto Interno Bruto (PIB) regional está cubierto por objetivos de cero emisiones netas para 2050. Ejemplos concretos incluyen a Brasil, que busca una reducción del 50% en las emisiones para 2030, y Chile, que ha implementado un impuesto al carbono de $50 por tonelada. Además, las oficinas de patentes regionales están acelerando los trámites para tecnologías verdes, fomentando la innovación local.
Pese a los desafíos de financiación, el ecosistema de startups de tecnología climática en la región está mostrando un "talento desbordante", según Jop Blom de Cleantech HUB. Empresas como Moss.earth en Brasil, que gestiona activos de carbono-neutral con tecnología blockchain, o TerraFirma.SW en Puerto Rico, que utiliza IA para el análisis de riesgo climático, son ejemplos de innovación local. En Colombia, Lynks trabaja en la gestión del agua en la agricultura, mientras que Kilimo, con sede en Argentina, aplica IA para mejorar la eficiencia hídrica en el sector agrícola, un pilar económico vital para la región. Cleantech HUB ha jugado un papel fundamental, apoyando a más de 1,000 startups en América Latina, movilizando $10 millones y evitando la emisión de 5 megatoneladas de CO₂ en cinco años, demostrando el impacto positivo de la incubación y el apoyo. El Latam Climate Innovation Summit 2026 es un evento clave que subraya el creciente interés y la colaboración dentro de este ecosistema. Sin embargo, la brecha de financiación y la falta de acceso a redes globales siguen siendo barreras importantes. Fábio Kestenbaum, de Positive Ventures, enfatiza que el cambio climático no solo afecta el medio ambiente, sino que "empobrece y profundiza las desigualdades" en la región, haciendo que la inversión en tecnología climática sea una cuestión de justicia social y económica.
Perspectiva a futuro
Mirando hacia adelante, el panorama de la tecnología climática se perfila con una doble dirección: por un lado, una continuación de la inversión robusta impulsada por la necesidad de descarbonización y, por otro, un escrutinio más agudo sobre la viabilidad comercial y la rentabilidad. La previsión de Juliette Devillard sobre el "clima silencioso" sugiere que las empresas exitosas no solo innovarán tecnológicamente, sino que también demostrarán modelos de negocio sólidos y una eficiencia operativa que les permita escalar. La creciente demanda energética derivada de la inteligencia artificial y la expansión de los centros de datos, como apuntan los analistas de JP Morgan, actuará como un catalizador adicional para la inversión en tecnologías energéticas sostenibles y eficientes.
Para América Latina, la perspectiva a futuro radica en superar las barreras de financiación y en fortalecer las conexiones con las redes globales de inversión. El crecimiento proyectado del mercado regional es una señal positiva, pero requerirá políticas que incentiven la inversión, mecanismos que faciliten el acceso a capital de riesgo y la consolidación de ecosistemas de innovación. La aceleración de patentes verdes y el compromiso con objetivos de cero emisiones netas son pasos en la dirección correcta, pero la implementación efectiva y el escalamiento de soluciones locales serán cruciales. Será esencial equilibrar el "tecno-optimismo" –la creencia de que la tecnología resolverá el cambio climático– con acciones cívicas y cambios de estilo de vida, una advertencia de un estudio de la London School of Economics, para asegurar una transición completa y justa hacia un futuro sostenible.
Conclusión
El reporte del MIT Technology Review y la investigación complementaria pintan un cuadro de un sector de tecnología climática en ebullición, con un flujo constante de innovación y capital. A medida que estas soluciones globales avanzan, la tarea para América Latina es doble: adaptar y adoptar lo mejor de la innovación mundial, y simultáneamente nutrir su propio vibrante ecosistema de startups, asegurando que la región no solo sea receptora, sino también un motor esencial en la configuración de un futuro más verde y equitativo.