El corazón del nuevo sistema es la asignación de un "criptónimo" de dos palabras para cada uno de los más de 5,000 grupos de actividad que Google monitorea. La primera palabra del criptónimo es un término distintivo y fácil de recordar, que puede derivar de nombres ya utilizados públicamente o ser generado aleatoriamente para identificar a grupos emergentes. La segunda palabra, por su parte, añade una capa crucial de contexto al categorizar al grupo por su origen geográfico o su motivación principal. Para los grupos vinculados a estados-nación, Google ha establecido las siguientes clasificaciones: CASTLE para China, ION para Irán, NEPTUNE para Corea del Norte y RELIC para Rusia. En el caso de actores cibercriminales con una motivación puramente financiera y sin un vínculo claro con un estado-nación, se utiliza la designación COMET.
Como ejemplos de esta transformación, el conocido grupo ruso Sandworm, también identificado como APT44 en esquemas anteriores, ahora será referido como SANDWORM RELIC. De manera similar, FIN11, un prominente actor financieramente motivado, ha sido rebautizado como RAZOR COMET. Estos ejemplos ilustran cómo Google pretende ofrecer una identificación más clara y concisa, buscando eliminar la ambigüedad y facilitar la comunicación y el análisis dentro del ámbito de la inteligencia de amenazas.
Analisis de la tendencia
La iniciativa de Google para estandarizar la nomenclatura de grupos de hackers se enmarca en una tendencia más amplia de la industria de la ciberseguridad para mejorar la colaboración y la compartición de inteligencia. Durante años, la proliferación de diferentes esquemas de nombres por parte de diversas empresas de seguridad ha generado una "Torre de Babel" en la que un mismo grupo de amenaza podía tener múltiples apelativos, dificultando el seguimiento y la respuesta coordinada.
Sin embargo, la recepción de la nueva propuesta de Google ha sido mixta. Shane Huntley subraya que la meta es la claridad, pero algunos expertos de la industria han expresado escepticismo. Las críticas sugieren que, en lugar de contribuir a una ansiada estandarización global, Google podría estar añadiendo una nueva capa de complejidad a un problema ya existente. CSO Online, por ejemplo, ha comparado la situación con la famosa viñeta de XKCD que ilustra cómo la creación de un nuevo estándar a menudo resulta en la proliferación de un estándar más en lugar de una consolidación. Los nuevos nombres, con su estructura de dos palabras, han sido descritos por algunos analistas como "sabores de helado o cócteles", lo que sugiere una falta de seriedad o de adopción intuitiva en el campo.
A pesar de estas reservas, no todo el panorama es negativo. Agnidipta Sarkar de ColorTokens, por ejemplo, visualiza un potencial beneficio: nombres más claros podrían simplificar las presentaciones de los Directores de Seguridad de la Información (CISO) a las juntas directivas, haciendo los informes sobre amenazas más intuitivos y fáciles de comprender para audiencias no técnicas. No obstante, advierte que el verdadero desafío residirá en la adaptación de estos nuevos nombres en los productos y bases de datos de ciberseguridad ya existentes, lo que podría requerir una inversión significativa de tiempo y recursos por parte de los proveedores y las organizaciones.
Es importante recordar que este no es el primer intento de la industria por abordar este problema. Ya en 2025, empresas como Microsoft y CrowdStrike habían anunciado un esfuerzo de mapeo conjunto de nombres, una iniciativa a la que Google, Mandiant y Palo Alto Networks Unit 42 también se habían sumado. Esto demuestra una conciencia generalizada sobre la necesidad de estandarización, aunque el camino hacia un sistema universalmente aceptado sigue siendo esquivo.
Contexto regional
Mientras la industria global debate la mejor manera de nombrar a los adversarios, la región de América Latina se encuentra en la primera línea de la batalla cibernética, enfrentando un entorno de amenazas que evoluciona rápidamente. La adopción acelerada de tecnologías digitales en la región, impulsada por la transformación económica y social, a menudo supera la madurez de sus controles de seguridad, marcos de gobernanza y mecanismos legales. Como resultado, Latinoamérica se ha consolidado como el entorno de amenazas cibernéticas de más rápido crecimiento en el mundo.
Los datos recientes son alarmantes. En 2025, los incidentes de ransomware en Latinoamérica experimentaron un aumento dramático del 78%, pasando de poco más de 250 ataques reportados en 2024 a más de 450. Este incremento no solo se reflejó en la cantidad, sino también en la sofisticación de los ataques: el número de variantes de ransomware casi se duplicó, de 48 a 79 en el mismo período. Las organizaciones en la región enfrentan una presión constante, lidiando con un promedio de 2,640 ciberataques por semana, una cifra que supera en un 35% el promedio global, y que se traduce en costos anuales que superan los 90 millones de dólares.
Geográficamente, el impacto del ciberdelito es heterogéneo pero significativo en varios países. Brasil, la economía más grande de la región, representó aproximadamente el 30% de todas las víctimas de ransomware en 2025, seguido por México (14%) y Argentina (13%). El primer trimestre de 2025, en particular, registró un aumento interanual del 108% en los incidentes cibernéticos reportados en la región. Los sectores más afectados por estas intrusiones incluyen productos de consumo, energía, agricultura y servicios profesionales, lo que subraya la amplitud del riesgo. En mayo de 2026, los incidentes cibernéticos en América Latina y el Caribe mostraron un incremento del 74.7% mes a mes, un alza impulsada principalmente por la intermediación de acceso inicial y las filtraciones de datos, según reportes de inteligencia de amenazas.
La debilidad en la regulación de datos en Latinoamérica, en comparación con mercados más desarrollados, agrava aún más la exposición a las ciberamenazas. Aunque existen esfuerzos notables, como los programas de ciberseguridad para infraestructuras críticas establecidos por países como Argentina y los estándares de seguridad desarrollados por bancos centrales para instituciones financieras, la fragmentación y la falta de una política regional unificada siguen siendo desafíos importantes. En este contexto, cualquier iniciativa que promueva la claridad y la estandarización en la inteligencia de amenazas, como el nuevo sistema de Google, tiene el potencial de ofrecer herramientas valiosas para los defensores en la región, permitiendo una identificación más rápida y una respuesta más ágil ante la creciente oleada de ciberataques.
Perspectiva a futuro
La redefinición de la nomenclatura de grupos de amenazas por parte de Google es un claro indicio de la maduración y la creciente complejidad del ecosistema de ciberseguridad. En el futuro, es probable que veamos una continuación de los esfuerzos por estandarizar la forma en que se nombran y categorizan los actores de amenazas. La pregunta clave es si la propuesta de Google ganará tracción suficiente para convertirse en un estándar de facto o si se sumará a la lista ya existente de sistemas de nombres.
La trayectoria histórica sugiere que la adopción de un único sistema universal es un desafío formidable. La naturaleza competitiva de la industria, junto con las metodologías y bases de datos preexistentes de cada empresa, crea barreras significativas. Sin embargo, la creciente necesidad de una inteligencia de amenazas compartida y accionable, especialmente frente a ataques cada vez más sofisticados y coordinados, podría impulsar a los principales actores a encontrar un terreno común. Podríamos ver alianzas estratégicas entre proveedores de ciberseguridad para mapear y, eventualmente, unificar sus sistemas de nombres, similar al esfuerzo iniciado por Microsoft y CrowdStrike en 2025.
Desde la perspectiva de los CISO y equipos de seguridad, la claridad prometida por el nuevo sistema de Google podría reducir la "fatiga de alerta" y mejorar la eficiencia operativa. Sin embargo, la verdadera prueba estará en la facilidad con la que este sistema se integre en las plataformas de detección, prevención y respuesta. La capacidad de los proveedores de herramientas de seguridad para adaptar rápidamente sus productos a esta nueva convención será crucial para su éxito.
Para Latinoamérica, la adopción de estándares internacionales y una inteligencia de amenazas más clara es vital. A medida que la región continúa siendo un objetivo primordial para los ciberdelincuentes, una comunicación unificada sobre las amenazas y los actores detrás de ellas podría fortalecer las defensas nacionales y empresariales. Los gobiernos y las instituciones financieras, en particular, podrían beneficiarse de una terminología consistente para coordinar respuestas y compartir información crítica. La evolución de este debate sobre la nomenclatura será un indicador clave de la capacidad de la industria global para colaborar de manera efectiva contra un enemigo común, uno que no respeta fronteras ni sistemas de nombres fragmentados.