El panorama de la IA en Latinoamérica presenta una dualidad clara. Según datos recientes, un 67% de las grandes empresas en la región ya ha implementado al menos un proyecto de IA en producción. Sin embargo, este despliegue no se traduce uniformemente en valor de negocio: solo el 23% de estas empresas reporta un impacto medible en sus métricas clave. Esta brecha subraya la diferencia entre adoptar la tecnología y realmente escalarla para obtener beneficios tangibles.
En términos de inversión, los presupuestos de TI regionales para IA están proyectados con un crecimiento anual compuesto (CAGR) de dos dígitos hasta 2028. A pesar de esta tendencia positiva, la región todavía representa una fracción del gasto global. En 2025, Latinoamérica, que conforma el 6.6% del PIB mundial, concentró apenas el 1.12% del gasto global en IA, señalando un vasto espacio para el crecimiento y la inversión.
La gobernanza de la IA es otro punto crítico. Solamente el 18% de las empresas latinoamericanas informa tener marcos formales de gobernanza de IA. Este déficit es preocupante, especialmente si consideramos que el 78% de los empleados admite usar herramientas de IA no aprobadas por sus empleadores. Más alarmante aún, el 26% de los usuarios de IA con capacidad de agencia no pueden detectar agentes de IA no autorizados operando internamente, un riesgo significativo para la seguridad y el cumplimiento.
La regulación, por su parte, avanza a diferentes ritmos. Perú ha marcado el paso con el Decreto Supremo No. 115-2025-PCM, cuyas leyes de IA están vigentes desde el 22 de enero de 2026, con regulaciones sectoriales para salud y educación que se implementarán hasta 2029. Chile no se queda atrás, con la Ley No. 21,719 sobre protección de datos personales que entrará en vigor el 1 de diciembre de 2026.
Finalmente, la infraestructura y el consumo energético son desafíos crecientes. La demanda de electricidad de los centros de datos globales aumentó un 17% en 2025, y en las instalaciones de IA específicamente, un alarmante 50%. Se proyecta que el consumo total de electricidad de los centros de datos alcance los 950 teravatios-hora (TWh) para 2030, casi duplicando los 485 TWh de 2025.
Análisis de la tendencia
Los datos revelan una tendencia innegable: la IA generativa ya no es una novedad, sino una infraestructura básica, y la diferenciación competitiva se está moviendo hacia cómo las empresas integran profundamente la IA en sus procesos de negocio y explotan sus datos propios. Esto implica una madurez en la adopción que va más allá de la mera experimentación. El cuello de botella no es la tecnología en sí, sino las fundaciones que la soportan: la calidad de los datos, la robustez de la infraestructura, la experiencia del talento humano y, de manera crucial, la gobernanza.
La falta de marcos de gobernanza formal en la mayoría de las empresas latinoamericanas es un riesgo latente. Sin directrices claras sobre el uso ético, la privacidad y la seguridad, las organizaciones se exponen a riesgos reputacionales, legales y operativos. La proliferación de herramientas de IA no aprobadas internamente, combinada con la dificultad para identificar agentes de IA no autorizados, crea un terreno fértil para vulnerabilidades y un uso irresponsable de la tecnología.
Asimismo, la creciente demanda energética de la infraestructura de IA subraya un desafío global que también impactará a Latinoamérica. La expansión de centros de datos y la adopción masiva de IA requerirán una planificación energética estratégica y la búsqueda de soluciones más eficientes y sostenibles. Este es un factor que no solo incide en los costos operativos, sino también en la sostenibilidad ambiental y la capacidad de crecimiento futuro.
Contexto regional
Latinoamérica se encuentra en un punto de inflexión. Aunque la región ha sido históricamente adoptadora de tecnología, la IA presenta una oportunidad única para un “salto” (