A nivel global, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha proyectado que el consumo de electricidad de los centros de datos se duplicará a 945 teravatios-hora (TWh) para 2030, desde los 415 TWh registrados en 2024, lo que representaría casi el 3% del consumo global total de energía. Gartner, por su parte, pronostica que el consumo de electricidad de los centros de datos crecerá un 26% en 2026, alcanzando los 565 TWh, y subraya que los servidores optimizados para IA representarán el 31% de este consumo, superando a los servidores convencionales en 2027. La intensidad energética de la IA es palpable: una consulta a ChatGPT consume en promedio 2.9 vatios-hora, casi diez veces más que una búsqueda tradicional en Google, que ronda los 0.3 vatios-hora, según el MIT Energy Initiative.
Análisis de la tendencia
Este aumento exponencial se debe, fundamentalmente, a la explosión de la Inteligencia Artificial generativa y los modelos de lenguaje grandes (LLMs). Estas tecnologías requieren una potencia computacional masiva para el entrenamiento y la inferencia, lo que se traduce en hardware especializado (GPUs) y una infraestructura de refrigeración intensiva. Como señala Linglan Wang, analista de Gartner, "la disponibilidad de energía se ha convertido en el nuevo 'campo de batalla' para escalar la IA", una declaración que resalta la presión sobre las empresas tecnológicas para asegurar fuentes de energía fiables y suficientes. Lloyd Arnold, de BloombergNEF, advierte que para 2035, "una de cada cinco unidades de energía generada en EE. UU. se destinará a centros de datos, compitiendo directamente con la energía necesaria para vehículos eléctricos y el crecimiento de las ciudades".
Esta competencia por recursos no solo es energética; Mark Daly, también de BNEF, menciona las dificultades para construir nuevos centros de datos en EE. UU. debido a la competencia por mano de obra cualificada, equipos especializados y la creciente oposición política y comunitaria, a menudo bajo el síndrome "No en mi patio trasero" (NIMBY) por el impacto ambiental y de infraestructura. La tendencia revela una carrera armamentista en la construcción de infraestructura de IA, donde la eficiencia energética y la ubicación estratégica cerca de fuentes de energía sostenible serán factores críticos para el éxito y la viabilidad a largo plazo. La IEA ha reportado que su propia estimación de crecimiento del consumo energético para centros de datos es considerada conservadora por otros expertos del sector, lo que sugiere que el problema podría ser aún mayor de lo anticipado.
Contexto regional
América Latina y el Caribe (LAC), una región en plena transformación digital, no es ajena a esta tendencia global, sino que enfrenta sus propios desafíos y oportunidades. Según la Organización Latinoamericana de Energía (OLACDE), se espera que la IA represente el 5% del consumo total de electricidad de la región para 2035, lo que equivale a más de 120 TWh anuales. Ya en 2023, los centros de datos consumían el 1.6% de la electricidad regional. El mercado de centros de datos en América Latina está experimentando un auge, con proyecciones de duplicarse de $5-6 mil millones en 2023 a $8-10 mil millones para 2029, y más de $2 mil millones de inversión esperada solo en 2024, según Latinvex. Brasil lidera la inversión regional, acaparando más del 40% de la misma para 2026. Ciudades como Querétaro (México), São Paulo (Brasil) y Santiago (Chile) ya son focos de alto consumo energético por centros de datos, con 150 MW, 122 MW y 61 MW respectivamente en 2023.
Sin embargo, este crecimiento trae consigo un "Dilema del Centro de Datos" en América Latina. A pesar de que la región cuenta con una abundante matriz energética renovable, principalmente hidroeléctrica, la intermitencia de estas fuentes a menudo obliga a los centros de datos a depender de combustibles fósiles para garantizar una carga base constante y fiable. Esto genera tensiones con los objetivos de sostenibilidad. Además, la región enfrenta desafíos con interrupciones en el suministro eléctrico y redes obsoletas que los centros de datos, con su demanda constante, podrían exacerbar. La escasez de agua, un recurso vital para los sistemas de enfriamiento de estos complejos, es otra preocupación creciente. Hay también una creciente preocupación por las protestas locales, como ha documentado Agência Pública, contra la instalación de estos complejos debido a su consumo de recursos y la percepción de regulaciones permisivas, con empresas que a menudo operan bajo acuerdos de confidencialidad que dificultan la transparencia. Empresas como Digital Realty Trust y DigitalBridge son actores clave en la expansión de esta infraestructura en la región, con Digital Realty operando 36 centros de datos en América Latina.
Perspectiva a futuro
El futuro energético de la IA y los centros de datos exigirá una estrategia multifacética y urgente. Andrés Rebolledo, Secretario Ejecutivo de la OLACDE, subraya la necesidad de una "planificación energética responsable y sostenible", ya que la IA podría competir por recursos con sectores prioritarios como el residencial y el industrial. Fitzgerald Cantero, también de OLACDE, destaca la urgencia de fortalecer los marcos regulatorios y la inversión masiva en energías renovables, pero también en la modernización de las redes de transmisión y distribución para asegurar la fiabilidad.
Se espera que la innovación en eficiencia energética sea clave, con el desarrollo de sistemas de refrigeración más avanzados, como la refrigeración líquida, que pueden reducir significativamente el consumo de agua y electricidad. La ubicación estratégica de los nuevos centros de datos cerca de fuentes de energía renovable, o incluso en regiones con climas más fríos para reducir las necesidades de enfriamiento, será fundamental. Los gobiernos y las empresas de servicios públicos enfrentarán la presión de invertir miles de millones en nuevas capacidades de generación y en la modernización de la red para evitar posibles crisis energéticas. La competencia por la energía se intensificará, lo que podría tener implicaciones en los precios de la electricidad para consumidores y empresas por igual. La colaboración entre el sector privado, los gobiernos y las comunidades será esencial para navegar este complejo panorama y asegurar que el avance de la IA sea sostenible.