Este evento, organizado por Climate Group, es un encuentro masivo que se estima que atrae a más de 100,000 asistentes a más de 1,000 eventos distribuidos por la ciudad. La amplitud de la discusión sobre IA abarcó desde mesas redondas coorganizadas por entidades como Carbon Tracker Initiative, que exploraron las implicaciones económicas y sociales del desarrollo de centros de datos, hasta paneles sobre "Perspectivas Indígenas sobre IA, Tecnología y Soluciones Climáticas", instando a una visión crítica más allá de la publicidad. La centralidad de la IA en la agenda fue confirmada por informes de Associated Press, The Washington Post, ERM y ESG News, que destacaron un delicado equilibrio entre la esperanza depositada en las energías limpias y la incertidumbre en torno al consumo de la inteligencia artificial.
El contexto de esta discusión es apremiante. Un nuevo informe presentado durante la Semana del Clima reveló que siete de los nueve límites planetarios, que la ciencia ha determinado como críticos para mantener un planeta saludable, ya han sido traspasados. Esto subraya la urgencia de encontrar soluciones efectivas, pero también de asegurar que estas soluciones no exacerben el problema. La IA, por tanto, se presenta como una promesa y un dilema simultáneamente, forzando a los profesionales tech y a los líderes mundiales a confrontar esta paradoja.
Cómo funciona la IA en la acción climática y sus desafíos
El potencial de la IA para la acción climática es vasto y multifacético. Puede optimizar redes eléctricas inteligentes, predecir fenómenos meteorológicos extremos con mayor precisión, monitorear la deforestación y la biodiversidad, mejorar la eficiencia energética en edificios y procesos industriales, e incluso acelerar la investigación de nuevos materiales y energías renovables. Es una herramienta poderosa que, en teoría, podría catalizar una transición verde sin precedentes.
Sin embargo, la implementación de estas soluciones de IA no está exenta de costos ambientales significativos. El principal desafío radica en la gigantesca infraestructura necesaria para entrenar y operar modelos de IA complejos: los centros de datos. Según la investigación, las emisiones de gases de efecto invernadero de gigantes tecnológicos como Alphabet, Amazon y Microsoft aumentaron un alarmante 62% entre 2020 y 2023. Su consumo de electricidad se disparó un 78% en el mismo periodo, superando los 100 TWh, una cantidad equivalente al consumo eléctrico anual combinado de países enteros como Colombia y República Dominicana. Evelyn Wang, vicepresidenta de energía y clima del MIT, estima que pasarán aproximadamente diez años hasta que los centros de datos dejen de contribuir con emisiones adicionales que calientan el planeta o con un estrés hídrico considerable, ya que su operación también demanda grandes volúmenes de agua para refrigeración.
Esta paradoja se refleja también en los patrones de inversión. Aunque la inversión de capital de riesgo en tecnología climática alcanzó un récord de 26 mil millones de dólares en la primera mitad de 2026, representando un aumento del 55% interanual, gran parte de este crecimiento está impulsado por acuerdos de energía relacionados directamente con la expansión de los centros de datos. El financiamiento de capital para startups de tecnología climática centradas en IA creció a una tasa compuesta anual del 8.77% entre 2020 y 2024, con casi uno de cada cinco dólares de inversión climática destinados a soluciones habilitadas por IA. Esta tendencia subraya la fe del mercado en el potencial de la IA, pero también resalta la necesidad de abordar su impacto negativo de forma proactiva.
Expertos como Helen Clarkson, CEO de Climate Group, señalaron que la huella ambiental de la IA y los centros de datos es un "tema muy candente", con esperanzas y temores expresados por igual. Simon Stiell, Jefe de Clima de la ONU, advirtió que los "líderes de la IA están ahora en la cuerda floja" debido a su elevado consumo energético. Por su parte, Eva Riesenhuber, Directora de Sostenibilidad de Siemens, y Evelyn Wang del MIT, defendieron la importancia de la IA para la humanidad y su potencial para abordar el cambio climático, aunque reconocen la urgencia de mitigar sus impactos. Jennifer Morgan, analista de The Fletcher School, incluso sugirió que la IA se está "vilipendiando" más en las conversaciones climáticas que la propia industria de los combustibles fósiles, en parte por el impacto local de la construcción de centros de datos.
Qué cambia para los profesionales tech ante la huella de la IA
Para los profesionales de la tecnología, esta creciente conversación en torno a la IA y el clima implica una evolución fundamental en la forma en que conciben, diseñan e implementan soluciones. Ya no basta con desarrollar algoritmos potentes; ahora, la responsabilidad ambiental y la sostenibilidad deben ser consideraciones primarias desde las etapas iniciales del ciclo de vida de cualquier proyecto de IA. Esto se traduce en la necesidad de adoptar prácticas de "IA verde" o "IA sostenible", que incluyen la optimización de algoritmos para reducir el consumo energético, la búsqueda de fuentes de energía renovable para alimentar centros de datos y la minimización del uso de recursos hídricos.
Asimismo, esta coyuntura abre un vasto campo de innovación. Los profesionales tech tienen la oportunidad de desarrollar nuevas soluciones de IA específicamente diseñadas para resolver problemas climáticos. Esto incluye desde sistemas avanzados para la gestión inteligente de redes eléctricas y la agricultura de precisión, hasta herramientas para la optimización de procesos de captura de carbono y la modelización de escenarios climáticos complejos. El conocimiento de las tendencias de inversión en tecnología climática es crucial, ya que el capital fluye cada vez más hacia startups que integran la IA con la sostenibilidad.
América Latina, en particular, está emergiendo como un semillero de "IA verde". Emprendedores locales están liderando proyectos innovadores que demuestran el potencial regional. Lemu en Chile, por ejemplo, utiliza IA para conectar inversores con proyectos de clima, biodiversidad, agua y desarrollo humano. En Brasil, PrevisIA es una herramienta de IA que combate activamente la deforestación en la Amazonía, mientras que Morfo, en asociación con autoridades de Río de Janeiro, emplea IA y drones para acelerar la reforestación, dispersando 180 cápsulas de semillas por minuto. En Colombia, E-kakashi es una herramienta de IA que mejora la productividad y sostenibilidad del cultivo de arroz. Estos son solo algunos ejemplos, y un informe de marzo de 2026 del UN CTCN y NIGT, "Integrating AI into Climate Action in LAC", presenta 12 estudios de caso adicionales de la región. El lanzamiento del Instituto Climático de Inteligencia Artificial (AICI) durante la COP30 en Brasil, con un taller piloto en Belém, para estudiantes de los 8 países amazónicos, subraya la relevancia de esta tendencia a nivel regional. Esto implica una creciente demanda de habilidades en "tecnología verde" y un campo fértil para el desarrollo profesional.
Qué viene después: Regulación, innovación y balance en la IA climática
El camino a seguir para la IA en el ámbito climático pasa por una combinación de regulación consciente, innovación continua y un balance estratégico entre sus beneficios y sus impactos. La discusión en la Semana del Clima dejó claro que, si bien la tecnología ofrece esperanzas, la gobernanza es esencial para evitar resultados negativos. En este sentido, la regulación de la IA está cobrando un impulso significativo a nivel global y regional.
En América Latina, varios países han avanzado en este ámbito. Brasil, por ejemplo, aprobó un proyecto de ley para la gobernanza responsable de la IA en 2024, inspirado en la Ley de IA de la Unión Europea y proponiendo un sistema de categorización de riesgos. Perú, por su parte, aprobó la primera ley de IA en la región en julio de 2023, buscando promover su uso para el desarrollo económico y social, aunque ha sido criticada por ser más declarativa que accionable. Otros países como Argentina, Colombia, Costa Rica, Chile, México y Uruguay también tienen iniciativas legislativas en marcha. Un estudio de 2024 en Argentina, Brasil, Colombia y México reveló que el 55% de la población apoya la regulación de la IA, lo que indica un respaldo social para estas medidas. Sin embargo, persisten las preocupaciones sobre la dependencia tecnológica y la necesidad de marcos normativos específicos que aborden las particularidades y necesidades de la región.
La innovación seguirá siendo un motor clave. Se espera una evolución hacia una IA más eficiente y con menor consumo energético, así como una mayor integración con fuentes de energía renovable para alimentar su infraestructura. La colaboración entre gobiernos, la industria y la academia será fundamental para acelerar este proceso. Edward Miliband, Secretario de Estado del Reino Unido, destacó la transición a energías limpias como un "imperativo de seguridad nacional", una visión que resuena con la necesidad de garantizar la sostenibilidad energética de la IA.
Aunque las adiciones de energía renovable alcanzaron un récord de 693 GW en 2025, se necesita un despliegue mucho más rápido para cumplir el ambicioso objetivo de triplicar la capacidad renovable para 2030, un paso vital para alimentar la creciente demanda de la IA de manera sostenible. Johan Rockström, director del Instituto de Potsdam, enfatizó la gravedad de la situación climática, advirtiendo que "la Paciente Tierra no está bien" y que estamos "muy cerca de cruzar umbrales" que podrían llevar a resultados irreversibles. El futuro de la IA en la acción climática, por lo tanto, no solo reside en su capacidad técnica, sino en cómo la sociedad, los gobiernos y los profesionales tecnológicos logren equilibrar la innovación con la responsabilidad ambiental y ética.