El impacto de la IA en la infraestructura digital se manifiesta en varias dimensiones críticas. En primer lugar, el consumo energético de los centros de datos, pilares de la computación IA, es alarmante. Estos ya consumen aproximadamente el 1.5% de la electricidad global en 2024, una cifra que crece a un ritmo anual del 12%. Las proyecciones indican que este consumo podría duplicarse para 2030, alcanzando cerca del 3% del total mundial (945 TWh). Los servidores acelerados por IA, en particular, verán un crecimiento del 30% anual en su demanda eléctrica. De manera más específica, los centros de datos optimizados para IA requieren de 3 a 5 veces más energía por metro cuadrado, con racks de servidores que demandan entre 50 y 150 kilovatios, en contraste con los 10-15 kilovatios de la computación convencional. Según Gartner, la escasez de energía restringirá el 40% del despliegue de centros de datos de IA para 2027, mientras que un estudio de McKinsey sugiere que los centros de datos de IA podrían consumir entre el 11% y el 12% del total de electricidad de Estados Unidos para 2030.
En el frente de la ciberseguridad, la situación no es menos compleja. Las vulnerabilidades de software reportadas se han duplicado año tras año, en gran parte facilitadas por la capacidad de la IA para descubrirlas. El 95% de los líderes de seguridad están preocupados por los ataques impulsados por IA, y el 59% de las organizaciones sufrieron una brecha de seguridad significativa el año pasado. El costo de las interrupciones no planificadas es astronómico, con un promedio de 288,563 dólares por hora. Finalmente, el riesgo de inversión es tangible: Gartner calcula que más de 3.5 billones de dólares en inversiones en infraestructura de IA podrían estar en riesgo de deterioro para 2030, ya que los ingresos proyectados podrían no cubrir los costos de inversión.
Análisis de la tendencia
La principal tendencia que emerge es que la IA no es una fuente de nuevas vulnerabilidades, sino un amplificador sin precedentes para la detección y explotación de las existentes. Expertos como Sean O'Kane de TechCrunch articulan esta preocupación, mientras que Kirsten Korosec, también de TechCrunch, advierte sobre un posible “siguiente nivel de fatalidad” si los bancos y los datos de privacidad son comprometidos, una problemática que, según ella, parece “demasiado grande para solucionar ahora”. Matthew Prince, CEO de Cloudflare, predice “un par de años en los que cada semana se sentirá como si el cielo se cayera” debido a la exposición de debilidades por parte de la IA. No obstante, Prince ve un “positivo neto” a largo plazo, al “matar a los monstruos en una casa encantada”, es decir, al forzar la corrección de fallos estructurales.
Shane Fry, CTO de RunSafe Security, subraya cómo la IA está acortando drásticamente el tiempo para encontrar y “armar” vulnerabilidades. Anand Oswal, EVP y GM de AI y Seguridad de Redes en Palo Alto Networks, destaca que la IA incrementa la superficie de ataque y reduce el tiempo de respuesta para infraestructuras críticas. Incluso, Jason Clinton, CISO de Anthropic, advierte sobre un “tsunami de vulnerabilidades” inminente y la falta de tiempo para parchear la infraestructura crítica. Estas visiones coinciden en que la capacidad de la IA para analizar grandes volúmenes de código y patrones maliciosos supera la velocidad de respuesta humana y los métodos tradicionales de seguridad, creando una brecha que solo puede cerrarse con innovaciones significativas en ciberseguridad y resiliencia de la red. Esto se extiende a la capa más fundamental del internet, revelando debilidades en lenguajes de programación como PHP, esenciales para innumerables aplicaciones web.
Contexto regional
Para Latinoamérica, estos desafíos globales adquieren matices particulares. La región, a pesar de los avances, enfrenta una persistente brecha digital en velocidad, asequibilidad y calidad de la infraestructura. En 2021, solo la mitad de los latinoamericanos tenían acceso a banda ancha fija, y menos del 40% usaba 4G regularmente. Los planes de datos móviles superan el umbral de asequibilidad de la ONU, costando en promedio el 2.7% del ingreso mensual del hogar por 1 GB, según datos de la investigación adicional. Esta realidad contrasta con la creciente demanda de recursos que la IA impone.
En cuanto a la infraestructura de centros de datos, Latinoamérica alberga menos del 5% de la capacidad global, lo que la posiciona en una situación de dependencia. No obstante, existen esfuerzos notables: Brasil, por ejemplo, lidera la región en despliegue de fibra (500,000 km) y busca establecerse como un hub de centros de datos “verdes”. En México, Querétaro se destaca con más de 160 MW de capacidad en centros de datos, atrayendo inversiones significativas. Sin embargo, estos desarrollos son puntuales y la infraestructura regional aún es insuficiente para sostener un crecimiento exponencial de la IA.
En el ámbito regulatorio, la región avanza hacia marcos vinculantes y basados en riesgos, inspirados en modelos como el de la Unión Europea. Perú ha implementado un régimen regulatorio horizontal vinculante (Decreto Supremo No. 115-2025-PCM desde enero de 2026), mientras que Brasil y Chile adoptan marcos híbridos. No obstante, la falta de coordinación regional en la gobernanza de la IA es una preocupación clave, llevando a la adopción de directrices internacionales sin una adecuada adaptación al contexto local, que incluye brechas de infraestructura y disparidades educativas. Expertos abogan por una red de gobernanza de IA en Latinoamérica para armonizar regulaciones y compartir capacidades, mitigando así el riesgo de un “colonialismo digital” derivado de la dependencia de grandes empresas tecnológicas extranjeras para la infraestructura y los datos.
Perspectiva a futuro
Mirando hacia el futuro, las predicciones varían desde el optimismo cauteloso hasta el alarmismo. Algunos expertos, como Jeremie Harris (CEO de seguridad de IA), incluso especulan con una “posibilidad decente de que internet deje de existir como tal, al menos por un tiempo” si las vulnerabilidades expuestas por la IA alcanzan un punto crítico. Otros, como Vishal Misra de la Universidad de Columbia, relativizan el riesgo de un colapso total, argumentando que la naturaleza descentralizada de internet es una “defensa” inherente. Sin embargo, la perspectiva más común es que la IA forzará una profunda reevaluación y reconstrucción de la infraestructura digital. No será una solución simple, sino un proceso continuo de adaptación y fortalecimiento. La inversión masiva en ciberseguridad, la optimización del consumo energético de los centros de datos y el desarrollo de arquitecturas de red más resilientes serán imperativos.
Para Latinoamérica, esto significa una oportunidad y un desafío simultáneamente. La región debe invertir en su propia infraestructura digital, fomentar la educación tecnológica y establecer marcos regulatorios de IA coordinados y adaptados a sus realidades. La dependencia excesiva de soluciones externas, sin una base local sólida, podría perpetuar las brechas existentes. La próxima década definirá si la infraestructura de internet puede evolucionar lo suficientemente rápido para soportar la revolución de la IA, o si, como temen algunos, la presión la llevará a su punto de quiebre. La clave será la proactividad en la inversión, la colaboración global y regional, y una vigilancia constante sobre la evolución de las amenazas cibernéticas impulsadas por la IA.
Este panorama complejo exige una estrategia multifacética, que combine inversión en hardware, desarrollo de software seguro y una gobernanza sólida. El tiempo de ver internet como una entidad inmutable ha terminado; su futuro está siendo moldeado por cada avance en IA y cada vulnerabilidad descubierta. La resiliencia no es una opción, es una necesidad existencial para la era digital.