De forma paralela a esta masiva inversión, la comunidad internacional ha reaccionado con una ola de iniciativas regulatorias. A principios de 2026, al menos 72 países habían propuesto más de 1000 políticas y marcos legales relacionados con la IA, diseñados para abordar preocupaciones de seguridad y gobernanza. Este esfuerzo coordinado, detallado en informes como los de Cognitive Alignment Science y el Stimson Center, ilustra la urgencia de establecer directrices claras antes de que las consecuencias superen la capacidad de respuesta.
En América Latina, el mercado de la IA no se queda atrás. Valorada en 29.55 mil millones de dólares en 2025, se proyecta un crecimiento exponencial hasta los 504.71 mil millones para 2034, con una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 37.07% entre 2026 y 2034. La región ya demostraba su interés en 2025, representando el 14% de las visitas globales a soluciones de IA, superando su 11% de usuarios de internet globales. Un informe del BID (2026) indica que el 31% de las empresas latinoamericanas tienen proyectos de IA activos, mientras que el 65% de los consumidores y el 85% de los profesionales de la región ya están usando o listos para integrar la IA en su trabajo.
Análisis de la tendencia
Esta convergencia de inversión y regulación, junto con la rápida adopción, señala una tendencia clara: la IA ya no es una tecnología emergente, sino una infraestructura fundamental que sustenta economías y sociedades. El debate ha evolucionado de la pregunta de “quién tiene la mejor IA” a “cómo gobernamos la IA de manera efectiva y justa”. Annabel Gillard del Comité Asesor de IA del Institute of Business Ethics, enfatiza que el impacto humano debe ser el pilar central de su desarrollo, un sentimiento que resuena con la necesidad de pasar de reglas estáticas a marcos de gobernanza dinámicos que integren las perspectivas de gobiernos, el sector privado, la academia y la sociedad civil.
Esta “revolución silenciosa”, como la describe Nuria Oliver, directora de la Fundación ELLIS Alicante, está transformando la gestión gubernamental y la planificación estratégica. La complejidad de los modelos de IA y su potencial para influir en los resultados políticos requieren un enfoque proactivo y multifacético, donde la acción colectiva no es solo deseable, sino indispensable. Se trata de reconocer que la IA, con su capacidad de generar desinformación o sesgos, necesita de una supervisión que vaya más allá de las responsabilidades individuales de las empresas que la desarrollan.
Contexto regional
América Latina se encuentra en un punto crucial de esta transformación global. La región está experimentando una “ola de propuestas legislativas” para la gobernanza de la IA, con países como Brasil, Chile, Colombia, Perú y México desarrollando marcos regulatorios que, a menudo, toman como referencia el modelo de riesgo de la Ley de IA de la UE. Un repositorio de la Universidad de los Andes (marzo de 2026) ya registraba 657 regulaciones y proyectos de IA a nivel nacional y 46 subnacionales en 27 países de la región. Sin embargo, hay un fuerte llamado a que la región diseñe sus propias regulaciones, balanceando protección e innovación y adaptándolas a las realidades locales, en lugar de una mera replicación de modelos internacionales.
La adopción empresarial de la IA en América Latina es alta, aunque con un enfoque más conservador y pragmático. Sectores como fintech, retail, manufactura y agroindustria están liderando esta integración. Ejemplos concretos incluyen a Rappi, que utiliza IA para optimizar su logística; bancos como Bradesco y Nubank, que la aplican en atención al cliente y decisiones crediticias; e InvGate, que la emplea para la gestión de servicios de TI. Un dato revelador es el uso significativo de IA de código abierto (38% de las organizaciones), impulsado por su menor costo, que puede ser entre 5 y 7 veces inferior a las alternativas propietarias.
No obstante, la región enfrenta desafíos importantes. La falta de talento especializado es un cuello de botella, con el 68% de las empresas reportando dificultades para contratar científicos de datos e ingenieros de Machine Learning. Además, América Latina, que representa el 6.6% del PIB global, solo capta el 1.12% de la inversión global en IA, lo que sugiere una subinversión que podría frenar su potencial. La preocupación por la desinformación generada por la IA también es notable, afectando al 44% de los consumidores latinoamericanos.
Perspectiva a futuro
El futuro de la IA exige un enfoque que trascienda las fronteras y los intereses particulares. Como advierte Mahesh Kumar Goyal de Google, desplegar agentes de IA sin la gobernanza y la observabilidad adecuadas es un peligro que debe evitarse. La colaboración entre gobiernos, el sector privado, la academia y la sociedad civil será crucial para establecer estándares éticos y de seguridad que permitan el desarrollo responsable de la tecnología. Expertos como Valeria Jordán de la CEPAL subrayan que la regulación de la IA no debe ser un freno, sino un “habilitador” de la innovación, buscando un equilibrio entre la mitigación de riesgos y el fomento del desarrollo tecnológico.
Para América Latina, la “disposición cultural” (85% de los profesionales listos para integrar la IA, según Ramón Roche de Dronecode Foundation) representa un activo invaluable. Sin embargo, para capitalizar plenamente este potencial, será imperativo abordar la brecha de talento y la subinversión. La región tiene la oportunidad de no solo ser consumidora de IA, sino también un actor relevante en su desarrollo y gobernanza, contribuyendo con perspectivas únicas y adaptadas a sus necesidades. La construcción de un futuro donde la IA sirva al progreso humano requiere una vigilancia constante, una adaptación continua y un compromiso inquebrantable con la colaboración global.