El estudio, cuyos hallazgos fueron ampliamente cubiertos por medios como FayerWayer, Cooperativa Ciencia y La Tercera, destaca que los usos más comunes de la IA entre los chilenos giran en torno a la productividad y el aprendizaje. Un 41% la emplea para la búsqueda y síntesis de información, mientras que un 39% la utiliza para la redacción de textos. La generación de ideas creativas atrae a un 33% de los usuarios, y un significativo 40% la ha incorporado para procesos de aprendizaje y estudio, evidenciando una inclinación hacia la autoformación y el desarrollo de nuevas habilidades. Plataformas como ChatGPT y Gemini se erigen como las preferidas por la población.
Esta masiva adopción de la IA se asienta sobre una base digital sólida. Chile exhibe una infraestructura digital de clase mundial, con un impresionante 97% de la población utilizando smartphones. El acceso a internet de alta velocidad es casi universal, alcanzando cerca del 90% tanto en conexiones fijas como móviles. Además, la presencia de computadores y Smart TVs en el 72% de los hogares chilenos refuerza la idea de un ecosistema digital avanzado, listo para absorber las innovaciones tecnológicas que la IA ofrece. Esta combinación de alta conectividad y curiosidad tecnológica ha propiciado un terreno fértil para que la Inteligencia Artificial pase de ser una novedad a una herramienta cotidiana.
Contexto y Antecedentes: Del Acceso a la Alfabetización Crítica
El Barómetro Digital de Chile 2026 no solo celebra la adopción, sino que también señala los desafíos inherentes a esta rápida transformación. Pablo Christiny, presidente de Fundación Nativo Digital, acertadamente describe la IA como el “nuevo lenguaje del presente digital”. Sin embargo, advierte que el principal reto ya no es el acceso a la tecnología, sino la alfabetización digital crítica. Según el estudio, un preocupante 59% de los usuarios chilenos reconoce no saber identificar errores o sesgos en las respuestas generadas por la IA. Este vacío en la capacidad crítica plantea interrogantes importantes sobre la calidad de la información consumida y la toma de decisiones basada en estas herramientas.
La inclinación al aprendizaje autodidacta, adoptada por el 70% de los usuarios para familiarizarse con la IA, aunque encomiable, subraya la necesidad de programas educativos estructurados que complementen este esfuerzo individual. En un entorno donde la IA está cada vez más presente, la capacidad de discernir la veracidad y la objetividad de sus resultados es fundamental. La directora de Mercado Personas y Hogar de Movistar Chile, Rosario Fernández, complementa esta visión, destacando la necesidad de servicios que se adapten a las diversas necesidades que surgen con la creciente integración tecnológica en la vida diaria.
Los riesgos digitales, además, están en aumento. El Barómetro Digital 2026 revela que un 67% de los chilenos ha enfrentado noticias falsas, un 45% ha sido blanco de intentos de phishing y un 41% ha sido expuesto a contenidos manipulados mediante deepfakes. Estas cifras, en un contexto de baja alfabetización digital crítica, son un llamado de atención urgente. La misma tecnología que potencia la productividad puede ser instrumental en la propagación de desinformación y amenazas cibernéticas. A esto se suma el impacto en el bienestar digital: el 48% de los usuarios declara experimentar cansancio mental y el 43% afirma que el entorno digital afecta negativamente su descanso, reflejando una necesidad de balance y uso consciente de la tecnología.
Implicaciones Técnicas y Estratégicas: Más Allá del Uso Superficial
Para desarrolladores, ingenieros y gerentes de producto en la región, los hallazgos del Barómetro Digital 2026 y la investigación adicional tienen profundas implicaciones técnicas y estratégicas. La alta adopción individual de la IA en Chile es un indicio del potencial de mercado y la receptividad a nuevas soluciones tecnológicas. Sin embargo, el desafío clave reside en cómo las organizaciones pueden traducir este uso generalizado en valor económico tangible y sostenible. La brecha entre el uso de la IA a nivel de usuario y su integración efectiva en la arquitectura de negocio es palpable.
Según un estudio de EY, el 93% de los trabajadores en Latinoamérica ya utiliza IA, una cifra superior al promedio global del 83%. Sin embargo, la misma consultora advierte que solo un 28% de las organizaciones en la región está preparada para convertir este uso en resultados sostenibles y de alto valor. Aún más revelador es el dato de que solo el 6% de las empresas latinoamericanas logra capturar un valor económico significativo –un impacto superior al 5% en sus ganancias antes de intereses e impuestos (EBIT)– a partir de la IA. Esto sugiere que, si bien la IA está presente en el día a día laboral, a menudo funciona como una capa tecnológica aislada, sin la integración profunda necesaria para generar transformaciones estratégicas.
Sofía Calderón, Socia de People Consulting en EY Centroamérica, Panamá y República Dominicana, enfatiza que la clave para pasar de la adopción a la generación de valor no reside únicamente en la tecnología, sino en las personas. La alineación de la estrategia de talento, la cultura organizacional y un liderazgo proactivo son elementos fundamentales. En esta misma línea, Mario Marchetti, Director General de Sinch para Latinoamérica, señala que sin un rediseño de procesos internos y métricas claras que midan el impacto de la IA, esta herramienta corre el riesgo de convertirse en una inversión ineficaz, incapaz de generar el valor sostenido que las empresas esperan.
Para los profesionales técnicos, esto implica no solo enfocarse en la implementación de soluciones de IA, sino también en su integración con los sistemas existentes, la reingeniería de flujos de trabajo y la capacitación de los equipos para maximizar su potencial. La creación de arquitecturas de IA escalables, seguras y transparentes, que permitan auditar y corregir sesgos, será crucial para construir confianza y eficiencia operativa.
Impacto en Latinoamérica: Un Panorama de Oportunidades y Retos
El panorama de la Inteligencia Artificial en Chile, detallado por el Barómetro Digital 2026, resuena con fuerza en el resto de Latinoamérica, donde la adopción de la IA avanza a un ritmo considerable. La región, con un 47% de adopción, ya supera el promedio global del 45%, demostrando una clara apertura a la innovación tecnológica. Chile, en particular, se destaca en áreas como la adopción de IA en marketing, con una puntuación de 73 sobre 100, indicando un liderazgo sectorial relevante en la región.
Sin embargo, este entusiasmo por la adopción viene acompañado de desafíos compartidos que trascienden las fronteras chilenas. La falta de capacidad para transformar el uso de la IA en valor agregado sostenible es un problema regional. A pesar de la alta penetración de la IA en el ámbito laboral, como señala EY con el 93% de trabajadores utilizándola, la mayoría de las organizaciones aún no logra traducir esta inversión en beneficios económicos o sociales sustanciales. Esto se debe, en parte, a la falta de estrategias integrales y a la dificultad para alinear la tecnología con los objetivos de negocio y la cultura organizacional.
Otro frente crítico es la regulación. Si bien existe un consenso en América Latina sobre la necesidad de promover una IA ética, inclusiva y transparente, el avance normativo es dispar y con vacíos significativos. Persisten retos en la armonización legislativa, la especialización técnica de los organismos reguladores y la reducción de las brechas digitales que podrían exacerbar las desigualdades existentes. Países como Brasil, Perú, Colombia y México, por ejemplo, muestran una legislación más bien reactiva, sin un marco legal integral que aborde de manera proactiva los múltiples frentes de la IA, y con limitada participación de la sociedad civil en su formulación.
La preocupación por el sesgo algorítmico es particularmente relevante en una región con profundas desigualdades sociales y económicas. Los sistemas de IA, si no se diseñan y regulan cuidadosamente, pueden perpetuar o incluso amplificar estos sesgos, afectando desde el acceso a servicios financieros hasta oportunidades laborales. En este contexto, la experiencia chilena sirve de termómetro para el resto de la región, destacando la urgencia de no solo impulsar la adopción, sino también de desarrollar capacidades críticas, marcos regulatorios robustos y estrategias empresariales que garanticen que la IA sea una fuerza para el progreso equitativo y sostenible.
En resumen, mientras Chile se consolida como un referente en la adopción individual de la Inteligencia Artificial, el verdadero reto para el país y para el resto de Latinoamérica radica en madurar el uso de esta tecnología. Esto implica fortalecer la alfabetización digital crítica, desarrollar marcos regulatorios que promuevan una IA ética y transparente, e integrar estratégicamente la IA en los modelos de negocio para desbloquear su potencial de valor a largo plazo. La era de la IA ya está aquí, y su impacto definitivo dependerá de cómo la región aborde estos desafíos fundamentales.