El reconocimiento a Mário Murakami con el Premio FCW no es menor; el galardón, que incluye un premio de R$ 500.000, subraya la importancia crítica de su trabajo en la transición energética y el desarrollo de soluciones sostenibles. La innovación central de su equipo es la enzima CelOCE (Cellulose Oxidative Cleaving Enzyme), un descubrimiento que ha demostrado la capacidad de descomponer la celulosa a través de un mecanismo inédito, logrando duplicar la cantidad de glucosa liberada en comparación con métodos tradicionales. Esta eficiencia abre un panorama prometedor para la producción de etanol de segunda generación a partir de residuos como el bagazo de caña de azúcar y la paja de maíz, con una viabilidad ya demostrada a escala piloto.
Brasil, el epicentro de esta investigación, ostenta cifras impresionantes en la industria de la celulosa. En 2025, el país alcanzó una producción récord de 29,4 millones de toneladas de celulosa, lo que representa un aumento del 6,9% respecto al año anterior, según datos de la Indústria Brasileira de Árvores (Ibá). Las exportaciones también crecieron significativamente, sumando 20,7 millones de toneladas en 2024, un incremento del 11,6%, consolidando a Brasil como líder mundial en exportaciones y el segundo mayor productor global. El valor de las exportaciones de celulosa brasileña en 2022 superó los US$ 8,4 mil millones, evidenciando el peso económico de esta materia prima.
Las inversiones en biorrefinerías en el país son colosales, con R$ 289 mil millones destinados a proyectos de biocombustibles y transición energética. Petrobras, por ejemplo, planea invertir R$ 6 mil millones para transformar la Refinería Riograndense en la primera biorrefinería del país a partir del segundo semestre de 2026. Actualmente, Brasil cuenta con 29 biorrefinerías en operación, 13 con autorización de construcción y 14 programadas, lo que da cuenta del dinamismo del sector. La producción de etanol de maíz también está en ascenso, alcanzando los 9,4 mil millones de litros en 2025, lo que representa aproximadamente el 25% del total de etanol producido en Brasil ese año.
Análisis de la tendencia
El trabajo de Murakami y el auge de las biorrefinerías marcan una tendencia global hacia una economía biobasada y circular. La capacidad de descomponer eficientemente la celulosa, el polímero orgánico más abundante en la Tierra, no solo reduce la dependencia de combustibles fósiles, sino que también transforma residuos agrícolas y forestales en recursos valiosos. Este paradigma de las biorrefinerías de segunda y tercera generación, que utilizan una amplia gama de residuos orgánicos, está redefiniendo la cadena de valor de industrias tradicionales como la del papel y la celulosa. El patrón es claro: la innovación biotecnológica, impulsada por la investigación en biodiversidad, es la clave para desbloquear el potencial de la biomasa. La búsqueda de enzimas en entornos extremos o en microorganismos de la fauna local, como el intestino de capibaras, demuestra la creatividad y el rigor científico necesarios para abordar los desafíos energéticos y ambientales del siglo XXI.
Contexto regional
América Latina se posiciona como un centro global en la producción de celulosa Kraft, consolidándose como un verdadero "Valle de la Celulosa". La región atrae grandes inversiones y proyectos, como la planta de Suzano en Cerrado (Brasil, 2024) y la de Arauco en Inocencia (Uruguay, 2028), lo que subraya su importancia estratégica en la cadena de suministro global. Empresas como Celulosa Arauco y Constitución (con operaciones en Chile, Perú, Argentina y Brasil), UPM (de Finlandia, con fuerte presencia en Uruguay y Brasil) y la gigante brasileña Suzano son actores clave que impulsan este crecimiento.
Más allá de Brasil, la región muestra un compromiso creciente con las biorrefinerías. En México, por ejemplo, existen 19 leyes promulgadas desde el año 2000 que abordan diversos aspectos relacionados con las biorrefinerías, desde la inversión y la independencia energética hasta la investigación y el desarrollo, y la seguridad agrícola. Acelen Renováveis, con una inversión de US$3 mil millones, está desarrollando una biorrefinería en Mataripe, Bahía, Brasil. Mientras tanto, BioativosGroup en São Paulo busca establecer la primera biorrefinería holística de Latinoamérica, integrando múltiples procesos para maximizar el valor de la biomasa. Ya existen ejemplos de biorrefinerías comerciales pioneras en Argentina, Colombia, México y Panamá, que demuestran la viabilidad y el potencial de esta tecnología en diversos contextos nacionales. Esta infraestructura y el marco regulatorio en desarrollo son fundamentales para consolidar a la región como líder en la bioeconomía global.
Perspectiva a futuro
Las predicciones informadas y las reacciones de los expertos pintan un futuro optimista para las biorrefinerías en América Latina. Mário Murakami enfatiza el enorme potencial de Brasil, gracias a su biodiversidad sin igual, su vasta capacidad de producción de biomasa y la experiencia consolidada de sus investigadores en bioenergía. Carlos Vogt, de la Fundación Conrado Wessel, ha destacado la contribución científica de Murakami como crucial para la transición energética y el uso sostenible de la biodiversidad brasileña. Paulo Hartung, presidente de la Indústria Brasileira de Árvores (Ibá), subraya la competitividad del sector y su visión alineada con la economía verde, anticipando que la innovación tecnológica permitirá a la industria proveer materias primas sostenibles a una diversidad creciente de sectores. Expertos de la industria coinciden en que las biorrefinerías podrían ser una de las industrias clave del siglo XXI, impulsando una nueva revolución industrial basada en la sostenibilidad y la eficiencia de los recursos. La vigilancia constante de las inversiones en I+D, la evolución de los marcos regulatorios y la escalabilidad de las tecnologías como la CelOCE serán cruciales para que la región capitalice plenamente esta oportunidad.
Por qué importa
La investigación de Mário Murakami y el desarrollo de biorrefinerías tienen un impacto directo y transformador para los profesionales y la sociedad de América Latina. Esta tecnología no solo nos acerca a la independencia energética al convertir residuos agrícolas abundantes, como el bagazo de caña o la paja de maíz, en biocombustibles avanzados, sino que también genera nuevas cadenas de valor y empleos en áreas rurales. Por ejemplo, la inversión de R$ 289 mil millones en Brasil para proyectos de biocombustibles demuestra el compromiso de la región con la economía verde, ofreciendo oportunidades para ingenieros, biotecnólogos y emprendedores. Además, al aprovechar nuestra vasta biodiversidad para descubrir nuevas enzimas, estamos posicionando a América Latina como un líder global en innovación sostenible, mitigando el cambio climático y promoviendo un desarrollo económico más equitativo y respetuoso con el medio ambiente.