Esta reconfiguración del liderazgo tecnológico global importa ahora más que nunca porque no se trata solo de quién desarrolla la próxima innovación, sino de quién controla las cadenas de suministro, los estándares y, en última instancia, la infraestructura crítica de la era digital. La implicación es una transformación geopolítica y económica que obliga a los profesionales tech de nuestra región a entender un panorama de múltiples polos tecnológicos, donde la dependencia de un único proveedor o estándar se convierte en un riesgo estratégico.
Cómo se manifiesta esta competencia tecnológica
El ascenso de China como potencia tecnológica va más allá de un crecimiento incremental; es un cambio de paradigma impulsado por una política industrial robusta, subsidios gubernamentales estratégicos y una integración de ecosistemas que ha demostrado ser excepcionalmente eficaz. Instituciones como el Instituto de Tecnología de la Información y la Innovación (ITIF) y el Centro Belfer concuerdan en que China ha superado a EE. UU. en la mayoría de los campos tecnológicos críticos. De hecho, el rastreador de tecnología crítica del Australian Strategic Policy Institute (ASPI) indica que China lidera en 57 de 64 categorías tecnológicas cruciales, dejando a EE. UU. en la delantera en solo 7. Esta competencia se extiende a la gobernanza global y los estándares digitales, generando una división geopolítica que repercute en todo el mundo.
Los datos cuantitativos son contundentes. En términos de producción científica de alta calidad, China supera a EE. UU. en el 10% de las publicaciones científicas de los 8 dominios tecnológicos críticos, con un 46% frente a un 10% en energía y medio ambiente, y un 30% frente a un 18% en IA. Este liderazgo se traduce en un dominio manufacturero global, especialmente en tecnologías verdes: China produce más del 80% de los paneles solares, entre el 50% y el 70% de las turbinas eólicas, y más de la mitad de las baterías y vehículos eléctricos del mundo. En 2024, la inversión china en energía limpia se acercó al billón de dólares, cimentando aún más su ventaja. Además, el gigante asiático controla la mayoría de la cadena de suministro de minerales críticos para esta tecnología, como el litio (70%), el cobalto (78%) y las tierras raras (91%).
El progreso chino no se limita a la energía. En el ámbito de los drones, para finales de 2023, China había producido 1.27 millones de unidades registradas. Un equipo de investigación chino logró un hito significativo al transmitir inalámbricamente 143 vatios de energía a un dron en vuelo a 30 km/h desde 30 metros de distancia, un paso crucial hacia las futuras estaciones de energía solar espaciales. En la producción general, las cifras de 2020 son igualmente impresionantes: 250 millones de computadoras, 25 millones de automóviles y 1.500 millones de smartphones. Como señala Steve Feldstein, a pesar de las dificultades económicas actuales, el liderazgo chino está firme en su compromiso de invertir recursos significativos en esta "guerra tecnológica", impulsado por su política industrial y subsidios, según analistas del ITIF.
El contexto latinoamericano en la carrera tecnológica
Para América Latina, la creciente influencia tecnológica de China no es un concepto abstracto, sino una realidad palpable que se integra en la infraestructura crítica de la región. La "Ruta de la Seda Digital" de China busca afianzar su control en sectores estratégicos mediante la expansión de redes 5G, la construcción de centros de datos y el despliegue de plataformas de IA. Esto se materializa con la presencia de empresas como Huawei, que experimentó un aumento del 21.3% en sus ingresos en América Latina, o BYD, el fabricante chino de vehículos eléctricos que ha abierto una planta de gran envergadura en Camaçari, Brasil. Asimismo, compañías chinas están invirtiendo en la infraestructura para bancos digitales, como Caixa en Brasil, y en el comercio electrónico, con la presencia de Alibaba en México. En el ámbito diplomático y de cooperación, China anunció una línea de crédito de 9.200 millones de dólares para la CELAC en 2025, y países como Brasil y Cuba se han unido a la Organización Mundial de Cooperación en IA (WAICO), una iniciativa promovida por Beijing.
La región se encuentra en una encrucijada regulatoria y estratégica. Países como Costa Rica han tomado medidas decisivas, excluyendo a Huawei del desarrollo de sus redes 5G mediante regulaciones de ciberseguridad, y Panamá ha reemplazado equipos de la misma marca en sitios estratégicos. En contraste, Brasil permitió a Huawei participar en su infraestructura 5G en 2021, ilustrando la diversidad de enfoques. El desafío radica en equilibrar la adopción de tecnologías avanzadas, a menudo a precios más competitivos, con la necesidad de garantizar la resiliencia digital y la diversificación de proveedores para evitar dependencias que puedan comprometer la autonomía estratégica. Los consumidores latinoamericanos, en particular, a menudo priorizan los beneficios de menor costo de la tecnología china sobre los riesgos de seguridad geopolíticos, lo que complica el panorama para los gobiernos y los líderes empresariales. Rebecca Arcesati del Mercator Institute for China Studies, por su parte, especula que los laboratorios chinos intentan "aprovechar la infraestructura masiva de entrenamiento e inferencia de sus rivales estadounidenses" debido a las restricciones de EE. UU. en la capacidad computacional.
Qué cambia para los profesionales tech en Latinoamérica
Para los profesionales de la tecnología en América Latina, esta dinámica global implica una serie de cambios y consideraciones cruciales. En primer lugar, se abre un abanico de oportunidades en términos de acceso a hardware, software y soluciones innovadoras que a menudo provienen del ecosistema chino, especialmente en áreas como energías renovables, vehículos eléctricos, infraestructura de telecomunicaciones y ciudades inteligentes. Esto puede traducirse en nuevos mercados laborales, asociaciones estratégicas y la necesidad de desarrollar habilidades en tecnologías y plataformas diversas, incluyendo aquellas con estándares y metodologías de desarrollo que pueden diferir de los dominantes occidentales.
Sin embargo, también surgen desafíos significativos. La cuestión de la ciberseguridad y la privacidad de los datos cobra una importancia crítica, obligando a los profesionales a estar al tanto de las regulaciones nacionales e internacionales, así como a implementar soluciones de seguridad robustas para mitigar riesgos. La diversificación de proveedores se convierte en una prioridad para evitar la dependencia de un único ecosistema tecnológico, lo que podría limitar la autonomía estratégica y la capacidad de adaptación. Los profesionales tech deberán ser competentes en la evaluación de riesgos, la arquitectura de sistemas resilientes y la negociación con múltiples proveedores globales. La soberanía digital de la región dependerá en gran medida de la capacidad de sus talentos para navegar en este complejo entorno, equilibrando la innovación con la seguridad y la independencia tecnológica.
Qué viene después en la carrera tecnológica global
La "guerra tecnológica" entre China y Estados Unidos, lejos de ser un fenómeno transitorio, parece ser una constante que definirá las próximas décadas. El compromiso de inversión de China en tecnologías críticas se mantendrá firme, como anticipa Steve Feldstein. Por otro lado, la estrategia estadounidense, aunque a veces criticada por figuras como el Senador Bernie Moreno por un "enfoque alarmista" que parece incongruente con la búsqueda de inversores en IA, continuará buscando mantener su ventaja competitiva y, al mismo tiempo, gestionar los riesgos de seguridad nacional.
El futuro podría ver una mayor división de los ecosistemas tecnológicos, con estándares y cadenas de suministro bifurcadas, lo que obligaría a las empresas y gobiernos de terceros países, como los de América Latina, a tomar decisiones estratégicas sobre con qué bloque tecnológico alinearse o cómo diversificar sus dependencias. Sin embargo, también existe un "margen significativo para la cooperación", como sugiere Sun Chenghao de la Universidad de Tsinghua, particularmente en la gestión de riesgos de la IA, como los ciberataques. Descartar el diálogo de seguridad como mera competencia geopolítica sería un error, abriendo la puerta a posibles colaboraciones en áreas de interés común para la estabilidad global. La observación de los próximos pasos en la regulación internacional, las inversiones en investigación y desarrollo, y la evolución de las asociaciones público-privadas será crucial para entender hacia dónde se dirige esta carrera tecnológica global.