Específicamente, Brasil incrementó su puntuación en ciencias en 6 puntos, pasando de 403 en 2022 a 409 en 2025. Este avance, aunque no estadísticamente significativo según algunos análisis, contrasta con una disminución de 3 puntos en el promedio de la OCDE en la misma área. Sin embargo, la nación sudamericana aún se encuentra considerablemente distante del promedio de la OCDE de 482 puntos y de los líderes globales como B-S-J-Z (China), que obtuvo 597 puntos, o Estados Unidos con 502 puntos en ciencias, de acuerdo con datos de la OECD.
Mientras tanto, el desempeño de Brasil en matemáticas y lectura se mantuvo estancado en 2025, reflejando desafíos persistentes en estas áreas. Este estancamiento es particularmente relevante si consideramos que en PISA 2022, solo el 27% de los estudiantes brasileños alcanzó al menos el Nivel 2 de competencia en matemáticas, frente al 69% promedio de la OCDE, y solo el 1% logró los niveles más altos (Niveles 5 o 6). En lectura, la mitad alcanzó al menos el Nivel 2 y en ciencias el 45%.
El panorama para América Latina y el Caribe es aún más sombrío. La región experimentó un retroceso preocupante en las tres áreas evaluadas: matemáticas, ciencias y comprensión lectora. Un promedio alarmante de casi seis de cada diez estudiantes (57%) en la región no alcanzó el nivel básico en ciencias, el 76% en matemáticas y el 59% en lectura, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Este declive generalizado, en gran parte atribuido a la “larga sombra” de la pandemia de COVID-19 por expertos como Claudia Romero de la Universidad Torcuato Di Tella, representa un obstáculo considerable para el progreso y la competitividad futura de la región.
Contexto y Antecedentes de la Evaluación PISA
PISA es una evaluación internacional que se aplica cada tres años a estudiantes de 15 años para medir su capacidad de aplicar conocimientos en situaciones de la vida real en áreas clave como lectura, matemáticas y ciencias. La edición de 2025 fue la octava ronda desde su inicio y evaluó a más de 760,000 estudiantes de 91 países y economías, con un enfoque principal en la competencia científica. El objetivo de PISA no es solo clasificar países, sino proporcionar una herramienta valiosa para que los gobiernos formulen mejores preguntas sobre sus objetivos educativos y orienten sus políticas, como ha señalado Martín Benavides, Director del IIPE UNESCO.
Los resultados de PISA 2025 confirman una tendencia preocupante observada en ciclos anteriores, donde el promedio de los países de la OCDE ya había registrado una disminución histórica en el rendimiento general de matemáticas y lectura en PISA 2022. Aunque el rendimiento en ciencias se había mantenido relativamente estable para la OCDE en ese ciclo, la última evaluación muestra un deterioro generalizado. Andreas Schleicher, Director de Educación de la OCDE, ha expresado su preocupación por este deterioro significativo del rendimiento educativo global, enfatizando la urgencia de abordar las brechas educativas y fortalecer la resiliencia de los sistemas.
Un factor crítico para la región latinoamericana es la desconexión entre el modelo de competencias evaluado por PISA y las prácticas pedagógicas predominantes en las aulas. Muchos sistemas educativos en América Latina siguen anclados en currículos fragmentados y basados en contenido memorístico, en contraste con el enfoque de PISA en la aplicación de conocimientos y el pensamiento crítico. Esta disparidad es a menudo exacerbada por la falta de capacitación docente adecuada y condiciones laborales deficientes, lo que limita la capacidad de los educadores para implementar metodologías más innovadoras y alineadas con las demandas del siglo XXI.
Implicaciones Técnicas y Pedagógicas en la Región
Los resultados de PISA 2025 tienen profundas implicaciones para los profesionales tech, los desarrolladores, ingenieros y gerentes de producto en América Latina. La base de cualquier ecosistema tecnológico robusto es una fuerza laboral con sólidas habilidades en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Cuando la mayoría de los estudiantes no alcanza niveles básicos en estas áreas, el talento futuro para la innovación y el desarrollo tecnológico se ve severamente comprometido.
Un hallazgo particularmente relevante es la correlación negativa entre el uso de dispositivos digitales para el aprendizaje en la escuela y menores rendimientos en ciencias en Brasil. Expertos del BID, como Cecilia Giambruno y Sonia Suárez, también destacan que en la región, la tecnología es utilizada principalmente para redes sociales, actuando como un factor de distracción en lugar de una herramienta de aprendizaje efectiva. Esto sugiere que la mera presencia de tecnología en el aula no es suficiente; lo crucial es cómo se integra pedagógicamente y si los docentes están capacitados para guiar su uso productivo. Para los diseñadores de soluciones ed-tech, esto subraya la necesidad de crear plataformas y herramientas que fomenten la interacción significativa, el pensamiento crítico y la resolución de problemas, en lugar de ser meros repositorios de contenido.
Además, la creciente preocupación por el impacto de la inteligencia artificial en la educación, señalada por Marco Fernández del Tecnológico de Monterrey, después de los resultados de PISA 2025, añade otra capa de complejidad. Si los estudiantes no desarrollan una base sólida en ciencias y matemáticas, y si la IA se percibe más como una herramienta para el atajo que para la profundización del aprendizaje, la brecha de habilidades digitales y cognitivas podría ampliarse aún más, afectando la capacidad de la región para participar en la economía global impulsada por la IA.
La persistente brecha de rendimiento entre estudiantes de entornos socioeconómicos favorecidos y desfavorecidos en América Latina también tiene un fuerte componente técnico. El acceso desigual a tecnología de calidad, conectividad fiable y entornos de aprendizaje estimulantes amplifica esta disparidad. Para los ingenieros y desarrolladores, esto representa un llamado a la acción para diseñar soluciones inclusivas y accesibles que puedan funcionar en contextos de recursos limitados, al tiempo que se abordan los desafíos de la capacitación docente para maximizar el potencial de estas herramientas.
Impacto en Latinoamérica: Oportunidades y Retos para el Desarrollo Tech
El bajo rendimiento generalizado en PISA 2025 para América Latina y el Caribe plantea un reto directo a la ambición de la región de ser un hub de innovación tecnológica. La escasez de talento cualificado en STEM es un cuello de botella bien conocido para la industria tech. Con casi seis de cada diez estudiantes sin alcanzar los niveles básicos en ciencias, y un 76% en matemáticas, la capacidad de formar futuros ingenieros de software, científicos de datos, expertos en ciberseguridad o investigadores en IA se ve severamente mermada.
Sin embargo, PISA también ofrece una oportunidad invaluable para la reflexión y la reforma. Expertos del BID señalan que la evaluación ha sido fundamental para poner la agenda educativa en el centro en algunos países, impulsando reformas y priorizando la inversión. Casos como Costa Rica, El Salvador y Uruguay, que lograron mejoras estadísticamente significativas en ciencias desde 2022, demuestran que el progreso es posible y ofrecen modelos potenciales a seguir para el resto de la región. Estos ejemplos pueden proporcionar aprendizajes sobre políticas educativas, inversión en capacitación docente y estrategias de integración tecnológica efectiva.
Para el sector tecnológico, esto significa que las empresas no solo pueden esperar talentos ya formados, sino que deben involucrarse activamente en la mejora de la educación. Esto incluye apoyar iniciativas de formación docente en el uso de nuevas tecnologías, invertir en programas STEM para jóvenes, y abogar por políticas educativas que enfaticen el pensamiento crítico y la resolución de problemas. Donna Hrinak, del Inter-American Dialogue, aboga por un enfoque integral que incluya una mejor preparación de los docentes y una mayor participación de los padres para mejorar los resultados en América Latina. La colaboración entre el sector público y privado es esencial para alinear los currículos educativos con las demandas del mercado laboral tecnológico, asegurando que las futuras generaciones estén equipadas con las habilidades necesarias para innovar y competir en la economía digital global.
La desconexión metodológica entre PISA y las aulas latinoamericanas, junto con el desafío del uso de la tecnología como distractor, exige una reevaluación profunda de cómo se enseña y se aprende. La tecnología, si bien es una herramienta poderosa, requiere una estrategia pedagógica clara para ser efectiva. El futuro del desarrollo tecnológico en Latinoamérica depende en gran medida de la capacidad de la región para transformar sus sistemas educativos, cultivando una fuerza laboral con una sólida base científica y matemática que pueda innovar y liderar en la era digital.