Para 2025, América Latina se consolidó como la segunda región más grande para Starlink, solo por detrás de Norteamérica, con casi 2 millones de accesos de banda ancha y un impresionante 21.7% de su base global de clientes. Ese mismo año, la operación regional generó cerca de 5.900 millones de dólares en ingresos por servicios de banda ancha, según datos recopilados por diversas fuentes como Ookla, BNamericas y Dataxis. El impacto financiero es innegable.
El desglose por países revela una adopción variada pero consistentemente fuerte. Brasil concentró el 32.2% de la base regional de Starlink en el cuarto trimestre de 2025, llegando a 662.000 accesos en febrero de 2026 y una cuota de mercado satelital del 77.3%. Argentina ha emergido como un mercado clave, superando los 700.000 usuarios en mayo de 2026 y representando el 20.0% de la base regional. México también muestra una presencia significativa con 160.631 suscripciones en junio de 2024 y el 17.2% de la base regional. Perú, por su parte, registró 70.000 suscriptores en marzo de 2026 y experimentó un liderazgo en el crecimiento de ingresos del sector telecom con un alza del 144.8% en el primer trimestre de 2026. Estas cifras posicionaron a Starlink como el 12º mayor ISP de la región para 2025, con un crecimiento anual del 114%.
En términos de rendimiento, Starlink ha demostrado una ventaja competitiva clara. Ofreció velocidades medias de descarga de 82.54 Mbps en América Latina durante el tercer trimestre de 2025, superando ampliamente a sus principales competidores satelitales, Viasat (32.73 Mbps) y HughesNet (15.93 Mbps), según análisis de Ookla.
Analisis de la tendencia
El patrón que revelan estos números es el de una disrupción acelerada impulsada por una necesidad insatisfecha. Starlink está capitalizando la brecha de conectividad en áreas rurales y remotas de América Latina, donde la infraestructura terrestre es escasa o inexistente. Su tecnología de constelación de satélites de órbita baja (LEO) ofrece latencia reducida y velocidades de banda ancha que eran inalcanzables para muchos, transformando la percepción del internet satelital de una opción de último recurso a una alternativa viable y, a menudo, superior.
Esta tendencia apunta a una democratización del acceso a internet, pero también a una reconfiguración del panorama competitivo. Starlink no solo es un proveedor directo al consumidor, sino que también está adoptando un modelo híbrido, actuando como un "aliado selectivo". Distribuye sus servicios a través de operadores existentes, como Movistar Empresas en Argentina, y explora servicios Direct-to-Device (D2D) con carriers locales como Entel en Chile y Perú. Sin embargo, su rápido crecimiento lo convierte en una competencia formidable para los proveedores de servicios de internet (ISP) locales y operadores tradicionales, afectando las acciones de empresas como Vivo y TIM en Brasil. La evolución de los marcos regulatorios en la región, con países previamente reacios ahora abriendo sus puertas, subraya la presión y el atractivo de la tecnología de Starlink. La entrada de otros competidores como Project Kuiper de Amazon y AST SpaceMobile sugiere que el mercado de internet satelital de órbita baja está lejos de su consolidación final, prometiendo más innovación y competencia en el futuro cercano.
Contexto regional
La penetración de Starlink en América Latina no es uniforme, pero su impacto es profundamente significativo en el contexto regional. Ha sido fundamental para cerrar la brecha digital en vastas zonas rurales, donde la infraestructura terrestre es antieconómica de desplegar. Su adopción se extiende más allá del uso doméstico, encontrando aplicaciones cruciales en sectores empresariales y públicos, incluyendo escuelas, operaciones mineras, agricultura de precisión y respuesta a emergencias. Florencia Rodríguez de Movistar Empresas ha señalado que la adopción de Starlink en el sector corporativo y público "está superando nuestras expectativas", reflejando la demanda del mercado.
La regulación en la región ha mostrado una notable evolución. Bolivia, que inicialmente había rechazado a Starlink en junio de 2025 por preocupaciones de soberanía, invirtió su postura en diciembre de 2025, permitiendo la operación de empresas satelitales globales. De manera similar, Venezuela otorgó una licencia formal en octubre de 2026, superando restricciones geopolíticas previas. En Brasil, la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel) concedió una licencia de espectro en banda S en octubre de 2026 para servicios Direct-to-Device (D2D), y Starlink incluso firmó un acuerdo con la Fiscalía Federal en junio de 2025 para prevenir su uso en la minería ilegal en el Amazonas. Estos movimientos regulatorios demuestran una pragmática adaptación de los gobiernos latinoamericanos ante la realidad y el potencial de Starlink.
Sin embargo, la presencia dominante de Starlink no está exenta de desafíos y preocupaciones. Steven Feldstein de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional advierte sobre el riesgo para la soberanía nacional al depender de un proveedor tan "politizado", planteando preguntas sobre las implicaciones de un posible corte de conectividad. La organización Derechos Digitales enfatiza la necesidad de consultas públicas, análisis de impacto socioambiental y una transparencia rigurosa en el manejo de datos personales. En Perú, la reflexión de expertos apunta a que la clave para los operadores locales no es resistir a Starlink, sino integrarlo, innovar en servicios de valor añadido y trabajar con una regulación con visión de futuro que beneficie directamente al ciudadano, no solo a los operadores.
Perspectiva a futuro
La trayectoria de Starlink en América Latina sugiere una expansión continua, con la posibilidad de alcanzar aún más áreas desatendidas y fortalecer su posición en los mercados existentes. Es previsible que los marcos regulatorios de la región sigan evolucionando, buscando un equilibrio entre fomentar la innovación y salvaguardar la soberanía digital y la competencia justa. La tendencia hacia modelos híbridos, donde Starlink se integra con operadores locales, probablemente se intensificará, transformando las dinámicas de asociación y competencia.
La llegada de nuevos competidores de constelaciones LEO, como Project Kuiper de Amazon, inyectará más dinamismo en el mercado, impulsando la innovación y, potencialmente, la reducción de costos para los usuarios finales. Los servicios Direct-to-Device (D2D), facilitados por Starlink y otros, podrían representar la próxima gran disrupción, permitiendo la conectividad directa a dispositivos móviles sin necesidad de equipos terrestres adicionales, lo que ampliaría aún más el alcance de la banda ancha. Sin embargo, con esta expansión, el debate sobre la privacidad de datos, la ciberseguridad y el control de la infraestructura crítica por parte de actores globales se volverá más apremiante. La región de América Latina deberá definir con claridad sus estrategias de soberanía digital y gobernanza de datos para maximizar los beneficios de esta tecnología mientras mitiga sus riesgos inherentes.
Por que importa
Para los profesionales de tecnología y lectores informados de América Latina, la expansión de Starlink representa un cambio fundamental en el panorama de la conectividad. La promesa de internet de alta velocidad en zonas remotas aborda una brecha digital histórica, facilitando el desarrollo económico y la inclusión social en sectores como la agricultura y la educación. Sin embargo, esta fascinación trae consigo interrogantes cruciales sobre la soberanía digital y la dependencia tecnológica de un único actor global. La región debe equilibrar la adopción de estas soluciones innovadoras con el fortalecimiento de marcos regulatorios que protejan los datos, fomenten la competencia justa y aseguren que la infraestructura crítica no quede sujeta a decisiones externas. Por ejemplo, en Brasil, Starlink ya concentra el 77.3% del mercado satelital, lo que resalta la necesidad de una estrategia regional cohesiva.