Estas temperaturas no son un evento aislado. Son el resultado de una compleja interacción entre el calentamiento global a largo plazo impulsado por la actividad humana y la aparición de un fenómeno de El Niño, que se proyecta con una intensidad sin precedentes. La combinación de estos factores está creando un escenario climático que, para muchos expertos, se sitúa fuera de cualquier referencia histórica. Mientras Corea del Sur registraba su temperatura más alta jamás documentada y Francia experimentaba un julio con una media de 24.9 °C y decenas de días por encima de los 40 °C, la comunidad científica ya anticipaba que el actual fenómeno de El Niño podría transformar 2027 en el año más cálido jamás registrado. Esta es la nueva realidad que la humanidad debe enfrentar, con implicaciones profundas para la tecnología, la infraestructura y la vida cotidiana.
El Niño: Pasado vs. El Súper El Niño de 2026/27
El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es un patrón climático natural que involucra cambios en las temperaturas del océano en el Pacífico tropical, afectando el clima en todo el mundo. Caracterizado por el calentamiento de las aguas superficiales en el Pacífico central y oriental, El Niño altera los patrones de precipitación y temperatura global. Históricamente, episodios como el de 2015-2016 han sido considerados fuertes, causando sequías en algunas regiones y lluvias torrenciales en otras. Sin embargo, las proyecciones para el actual evento de El Niño, que se espera alcance su pico a finales de 2026, sugieren una magnitud que podría rebasar cualquier registro previo.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y Berkeley Earth han emitido pronósticos que califican este evento como un potencial "Súper El Niño". Las previsiones sugieren que las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico tropical oriental podrían alcanzar hasta 4 °C por encima de lo normal, superando con creces los 2.75 °C registrados durante el potente El Niño de 2015-2016. Se proyecta que el actual fenómeno podría alcanzar un pico de más de 3.5 °C por encima de la media en el Pacífico, lo que lo convertiría potencialmente en el más fuerte jamás registrado. Este nivel de calentamiento no solo intensifica los eventos climáticos habituales asociados con El Niño, sino que también introduce una nueva capa de imprevisibilidad y riesgo, impulsada por el calentamiento de base del planeta. Los científicos advierten que la combinación de un El Niño de esta magnitud con el cambio climático persistente resultará en condiciones meteorológicas extremas que, en circunstancias normales, no se esperarían hasta dentro de una década o más, según Robert Rohde, científico jefe de Berkeley Earth.
Los datos hablan: Récords y proyecciones alarmantes
El verano de 2026 no solo fue un aviso, sino una clara señal de la aceleración del cambio climático. Los datos recopilados por diversas instituciones científicas refuerzan esta realidad. Junio y julio de 2026 fueron oficialmente el período de dos meses más caluroso en Europa desde que se tienen registros, una marca que se suma al julio más cálido en los Estados Unidos contiguos. A nivel global, julio de 2026, empatado con 2024, fue el segundo julio más cálido a nivel mundial, con una temperatura media de 1.47 °C por encima del promedio preindustrial (1850-1900), según datos de Berkeley Earth y NOAA.
Las temperaturas globales de la superficie del mar también alcanzaron niveles sin precedentes para el mes de julio, un indicador crítico del calor absorbido por los océanos. Las proyecciones futuras son aún más sombrías: la probabilidad de que 2026 sea el año más caluroso de la historia ha aumentado al 69% según Berkeley Earth, y al 95% para un "El Niño muy fuerte" entre octubre y diciembre de 2026, según la NOAA. Mirando hacia 2027, las expectativas son de un escenario aún más crítico. Zeke Hausfather, científico climático de Berkeley Earth, considera que, con El Niño y el cambio climático, "no es descabellado pensar" que la temperatura global media en 2027 podría elevarse 1.7 °C por encima del promedio preindustrial, posicionándolo como el año más cálido jamás registrado. Patrick Marlière, meteorólogo francés, sintetiza la situación: "Este verano está borrando las referencias meteorológicas y todo lo que hemos conocido en las décadas anteriores... se está instalando como marca en la climatología". John Kennedy, jefe de Información Climática de la OMM, atribuye estos extremos a la combinación del calentamiento a largo plazo y patrones meteorológicos persistentes, mientras que Jennifer Francis, del Woodwell Climate Research Center, advierte que "la normalidad quedó en el olvido hace décadas. Y con tanto calor en el sistema, todos deberíamos prepararnos para el clima extremo que provocará".
Qué significa para Latam: Impactos y estrategias de adaptación
La región de América Latina y el Caribe, caracterizada por su vasta diversidad geográfica y socioeconómica, es particularmente vulnerable a los efectos de este "Súper El Niño" y el cambio climático. Sus impactos no se limitan a fenómenos meteorológicos, sino que se extienden a la salud pública, la economía y la estabilidad social. El Niño provoca patrones climáticos contrastantes: mientras que Colombia, Venezuela y Centroamérica experimentan altas temperaturas y sequías prolongadas, Perú, el norte de México y el sur de Estados Unidos se enfrentan a lluvias torrenciales y un calor sofocante. En 2025, la región ya experimentó temperaturas alrededor de 0.40 °C por encima del promedio 1991-2020. Ejemplos concretos de la intensidad del calor se vieron en Mexicali, que alcanzó los 52.7 °C, y São Paulo, con 37.2 °C. Además, hasta el 85% del territorio mexicano se vio afectado por la falta de precipitaciones, según reportes de Infobae.
Los riesgos para la salud pública son alarmantes. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha identificado siete riesgos clave, incluyendo brotes de enfermedades transmitidas por vectores como el dengue, chikungunya y malaria, así como cólera, enfermedades respiratorias por humo, estrés por calor, desnutrición e inseguridad alimentaria. La mortalidad relacionada con el calor aumentó un 103% en América Latina y el Caribe entre 1990 y 2021, con un estimado de 13,000 muertes anuales atribuibles al calor entre 2012 y 2021. Económicamente, se esperan alteraciones significativas en la agricultura y la pesca, afectando rendimientos, logística de exportación y precios de commodities para la campaña agrícola 2026/27. La productividad laboral también disminuye drásticamente en condiciones de calor extremo, impactando directamente la economía regional.
Las vulnerabilidades de la región se acentúan con la pérdida acelerada de los glaciares andinos, lo que amenaza la seguridad hídrica a largo plazo para millones de personas. Asimismo, el nivel del mar aumenta más rápido que el promedio mundial en zonas del Atlántico tropical y el Caribe, poniendo en riesgo a comunidades costeras e infraestructura vital. Ante este panorama, se han propuesto y están implementando diversas estrategias de regulación y adaptación. El Banco Mundial, en su informe "Inhabitable: Enfrentando el Calor Urbano Extremo en América Latina y el Caribe", propone fortalecer normas de salud y seguridad ocupacional, establecer sistemas de protección social adaptativa, implementar alertas tempranas y diseñar espacios urbanos más frescos con vegetación y edificios adaptados. La Cruz Roja, por su parte, implementa "Acción Anticipatoria" y Protocolos de Acción Temprana para proteger a las comunidades más vulnerables. Estas medidas son cruciales para mitigar los impactos inevitables y construir resiliencia frente a una "nueva normalidad" climática.