En este contexto, la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) en Brasil, con el apoyo de la FAPESP, lidera el "Estudo Brasileiro em Doença de Alzheimer (Bioaz)", una investigación pionera en la región. El estudio, que seguirá a 500 brasileños mayores de 55 años con quejas de memoria pero sin demencia durante cinco años, tiene como objetivo identificar estos biomarcadores que predicen el desarrollo de la enfermedad mucho antes de su manifestación clínica. Como señala el neurólogo Gustavo Melo de Andrade Lima de la Unifesp, al momento del diagnóstico clínico de Alzheimer, “suele ser tarde” para intervenir eficazmente en el curso de la enfermedad. Esta investigación no solo es vital por su potencial científico, sino también porque aborda un dilema ético complejo: cómo y cuándo revelar a los voluntarios una posible predisposición a la demencia con años de antelación. La importancia de esta investigación para Latinoamérica es incuestionable, dada la alarmante proyección de que la prevalencia de Alzheimer en la región se triplicará para 2050, pasando de 4.4 millones a 13.4 millones de casos, un crecimiento superior al promedio mundial, según datos de proyecciones de la Enfermedad de Alzheimer en Hispanoamérica.
Cómo funciona: La ciencia detrás de los biomarcadores
Los biomarcadores son indicadores medibles de un estado biológico. En el caso del Alzheimer, estos pueden ser moléculas presentes en fluidos corporales como la sangre o el líquido cefalorraquídeo, o cambios detectables en la estructura o actividad cerebral. La investigación en este campo ha experimentado avances significativos, ofreciendo nuevas esperanzas para la detección precoz.
Uno de los desarrollos más prometedores son los biomarcadores sanguíneos. Un estudio brasileño del Instituto D'Or de Pesquisa e Ensino (IDOR), liderado por Fernanda Tovar-Moll y Fernanda De Felice, publicado en junio de 2025, demostró que la proteína pTau217 plasmática puede identificar cambios cerebrales asociados al Alzheimer con una precisión del 94%. Este biomarcador, detectable en una simple muestra de sangre, representa un salto cualitativo respecto a métodos más invasivos como la punción lumbar. Otros biomarcadores sanguíneos en estudio incluyen la proteína glial fibrilar ácida (GFAP), la cadena ligera de neurofilamento (NfL) y la razón entre diferentes formas de beta-amiloide. Según Genotipia (junio de 2026), estos marcadores permiten detectar la patología de la enfermedad años antes de la aparición de los síntomas, con estudios que reportan hasta 16 años de antelación.
Además de los análisis de sangre, otras tecnologías también están mostrando resultados impactantes. Investigadores del Institut du Cerveau de París, según un estudio de octubre de 2026, encontraron que un electroencefalograma (EEG) de tan solo 2 minutos puede detectar biomarcadores de riesgo de Alzheimer, como las ondas lentas de vigilia (wSW), antes de que el declive cognitivo sea evidente, un hallazgo reportado por CNN Brasil. Esto abre la puerta a herramientas de diagnóstico no invasivas y más accesibles.
En el ámbito de la investigación genética y transcriptómica, un estudio previo de la UNIFESP y BioDecision Analytics (marzo de 2026) creó un "Atlas Transcriptómico Multirregional de la Enfermedad de Alzheimer" a partir de 2,870 muestras. Este atlas identificó posibles biomarcadores y blancos terapéuticos, ofreciendo una visión más profunda de la compleja biología de la enfermedad a nivel molecular.
Qué cambia para los profesionales tech y el sector salud
La irrupción de estos biomarcadores transformará radicalmente tanto el sector salud como el papel de los profesionales tecnológicos. La gestión y el análisis de la vasta cantidad de datos generados por estas pruebas requieren de especialistas en inteligencia artificial (IA), machine learning y bioinformática. Estos perfiles serán esenciales para desarrollar algoritmos capaces de procesar, interpretar y correlacionar los resultados de los biomarcadores con el riesgo de desarrollar la enfermedad, asistiendo a los médicos en la toma de decisiones clínicas.
El desarrollo de software también es crucial. Se necesitarán nuevas plataformas para la gestión de datos clínicos, sistemas de telemedicina que integren estos diagnósticos de forma segura y eficiente, y aplicaciones que faciliten el monitoreo de pacientes y la comunicación entre especialistas. La infraestructura tecnológica de los hospitales y clínicas deberá adaptarse para almacenar y procesar esta información sensible, garantizando la privacidad y la seguridad de los datos.
En América Latina, donde el acceso a diagnósticos avanzados y especialistas en demencia es limitado, estas innovaciones cobran especial relevancia. Las pruebas actuales, como las punciones lumbares o las tomografías PET, son costosas y requieren infraestructura compleja, dificultando su implementación a gran escala en sistemas de salud pública como el SUS en Brasil. Es en este vacío donde la tecnología y el emprendimiento regional están brillando.
Startups latinoamericanas están a la vanguardia. Neurognos (Chile), por ejemplo, ha desarrollado un test PCR que utiliza inteligencia artificial para la detección de Alzheimer. En Uruguay, Tell Biomarkers se ha destacado al crear una plataforma que emplea IA y análisis de voz para detectar biomarcadores neurocognitivos. Esta startup realizó 15,000 tests en su primer año (2025) con una inversión de 500,000 dólares, según La Opinión, demostrando el potencial de las soluciones locales. Además, alianzas estratégicas como la de C2N Diagnostics (EE.UU.) y SouthGenetics (Miami, FL) buscan ampliar el acceso a análisis de sangre Precivity para el Alzheimer en varios países de la región, incluyendo Argentina, Chile, Colombia, México y Uruguay, como informó Labmedica.es en junio de 2026. Estas iniciativas representan un cambio de paradigma, moviendo el diagnóstico de lo puramente clínico y tardío a un enfoque proactivo y tecnológicamente asistido.
Qué viene después: El futuro de la lucha contra el Alzheimer en la región
El camino hacia la integración plena de los biomarcadores en la práctica clínica aún tiene desafíos, pero los próximos pasos son claros. Expertos como Marc Suárez-Calvet del Barcelonaβeta Brain Research Center abogan por la incorporación progresiva de estos indicadores para un diagnóstico más preciso y un abordaje terapéutico adecuado, como se destacó en una entrevista de Hipocampo.org. Esto implica no solo validar rigurosamente estas pruebas, sino también educar a la comunidad médica y al público sobre su utilidad y sus implicaciones.
Desde una perspectiva de políticas públicas, la situación en Latinoamérica demanda atención urgente. Diego Aguilar, director regional para las Américas de Alzheimer's Disease International (ADI), ha lamentado que los gobiernos latinoamericanos a menudo no priorizan el Alzheimer, lo que se traduce en una falta de infraestructura y políticas para ensayos clínicos, a pesar del rápido envejecimiento de la población, según el Diario Río Negro (septiembre de 2026). La inversión en estos frentes es fundamental para que los avances científicos se traduzcan en beneficios concretos para la población.
El estudio Bioaz de la Unifesp, que continuará por cinco años, es un ejemplo de la investigación sostenida que se necesita. Sus resultados no solo aportarán valiosos datos sobre la población brasileña, sino que también podrían ofrecer insights aplicables a toda la región. El diagnóstico temprano no solo permite una intervención más oportuna, sino que también abre la puerta a nuevas terapias que podrían retrasar la progresión de la enfermedad o, en un futuro, incluso prevenirla. Rafael Dávila Poulat de Eisai México y Alonso Zugarazo de Biogen Latinoamérica Norte han subrayado la importancia de las alianzas para expandir las opciones terapéuticas en la región, haciendo hincapié en la necesidad de un diagnóstico precoz, como lo publicó pmfarma en septiembre de 2025.
Finalmente, uno de los objetivos clave será reducir la brecha de diagnóstico. Actualmente, se estima que aproximadamente el 77% de los adultos con demencia en Brasil no han sido diagnosticados. Los avances en biomarcadores y las soluciones tecnológicas regionales tienen el potencial de cambiar esta estadística, permitiendo que millones de personas accedan a una evaluación y un manejo temprano de la enfermedad, lo que mejorará significativamente su calidad de vida y la de sus cuidadores en los próximos años. El futuro de la lucha contra el Alzheimer en Latinoamérica pasa por la ciencia, la tecnología y, sobre todo, por la voluntad política de hacer de la detección temprana una realidad accesible para todos.