Portabilidad de Créditos: Un paso clave en Finanzas Abiertas
El Decreto 0977 establece que el proceso de portabilidad deberá ser gratuito, digital e interoperable, con un plazo máximo de diez días hábiles desde que el consumidor presenta la solicitud ante la entidad destino. Esta agilidad y gratuidad son fundamentales para garantizar la adopción masiva y el éxito de la medida. Inicialmente, la portabilidad se centrará en productos crediticios, abarcando créditos de consumo, cartera comercial, créditos hipotecarios y leasing habitacional. Analistas del sector, como los citados por la Revista Gan@más el 6 de agosto de 2026, han acogido positivamente este enfoque inicial en créditos, pues es en este segmento donde las dificultades para el cambio de entidad han sido tradicionalmente mayores.
Sin embargo, la exclusión inicial de los productos de depósito ha sido un punto de debate. Desde Ámbito Jurídico, se ha argumentado que la portabilidad financiera es la “materialización de un derecho económico fundamental” y se cuestiona la omisión de los depósitos en un mercado tan concentrado. Asobancaria, por su parte, ha señalado la necesidad de diseñar cuidadosamente la figura operativa y establecer cronogramas realistas para la implementación efectiva de la medida. Expertos del sector, como los mencionados por la URF el 6 de agosto de 2026, consideran que esta medida marca una nueva etapa en el sistema financiero colombiano, donde la movilidad del cliente será clave para impulsar mejores condiciones comerciales y una mayor protección del consumidor. Jorge Castaño, Superintendente Financiero, ya había señalado en 2020 que la portabilidad financiera “facilita el manejo de la información de los consumidores financieros, lo que los empodera” y puede consolidar los avances en inclusión financiera.
Este esfuerzo se enmarca en un modelo descentralizado de Finanzas Abiertas (Open Finance), basado en principios de interoperabilidad, consentimiento informado, trazabilidad y neutralidad tecnológica. La implementación de APIs estandarizadas permitirá el intercambio seguro y eficiente de información entre entidades, propiciando la creación de productos y servicios más innovadores y personalizados, tal como lo destaca la información recopilada por Valora Analitik en su comparativa con el cambio de operador móvil.
Los datos hablan: Un mercado en transformación
La experiencia de Colombia con la portabilidad financiera se suma a la de otros países de la región que han avanzado en esta dirección. Chile, por ejemplo, es un referente con su Ley No. 21.236, promulgada en junio de 2020 y en vigor desde septiembre de 2020, la cual abarca un amplio espectro de productos portables, incluyendo cuentas corrientes, tarjetas de crédito, créditos hipotecarios y de consumo. Brasil también cuenta con varios años de experiencia en la materia. En este contexto regional, Colombia no se considera significativamente atrasada, sino que se alinea con la tendencia global hacia sistemas financieros más abiertos y competitivos.
Esta regulación impactará tanto a la banca tradicional como a los nuevos actores digitales, como las fintech. La mayor competencia incentivará a las instituciones a ofrecer mejores condiciones para retener a sus clientes actuales y atraer a nuevos. Para las fintech, la portabilidad puede representar una oportunidad para captar clientes insatisfechos con la banca tradicional, ofreciendo experiencias más ágiles y soluciones innovadoras. Sin embargo, persisten desafíos importantes, principalmente de orden tecnológico y operativo. Los expertos enfatizan que la experiencia del cliente debe ser “realmente simple, rápida y confiable” para que la medida logre su masificación y el impacto esperado. La estandarización de la información y la unificación de sistemas de identificación son puntos pendientes que requerirán de una coordinación efectiva entre todos los actores del sistema.
Que significa para Latam
La iniciativa de Colombia es un reflejo de la creciente adopción del modelo de Finanzas Abiertas en América Latina. La región ha experimentado avances significativos en inclusión financiera, con el 70% de los adultos teniendo acceso a una cuenta bancaria en 2024, en contraste con solo el 39% en 2011. La portabilidad financiera es vista como una herramienta clave para profundizar esta inclusión, atrayendo a personas y empresas que tradicionalmente han estado excluidas del sistema o que han tenido opciones limitadas. Al fomentar la competencia y la transparencia, se espera que los productos financieros se vuelvan más accesibles y ajustados a las necesidades de un espectro más amplio de la población latinoamericana, impulsando la innovación y una mayor eficiencia en el sector en su conjunto. La experiencia colombiana ofrecerá lecciones valiosas para otros países de la región que busquen implementar o mejorar sus marcos de portabilidad y Open Finance.