La gravedad de la situación ha llevado a instituciones como RAND Corporation a publicar investigaciones sobre cómo los modelos de IA contemporáneos pueden guiar a usuarios con intenciones maliciosas en el desarrollo de armas biológicas, transformando herramientas de progreso en potenciales instrumentos de catástrofe global.
La carrera por la IA vs. La urgencia regulatoria
La disyuntiva entre el avance tecnológico acelerado y la imperativa necesidad de regulación segura se ha vuelto más palpable que nunca. Por un lado, la industria de la IA en biotecnología está en plena ebullición, prometiendo optimizar el descubrimiento de fármacos, acelerar los ensayos clínicos y personalizar tratamientos médicos. Este impulso es global y se refleja en proyecciones de crecimiento significativas, incluso en regiones emergentes.
Por otro lado, voces autorizadas como la de Dario Amodei, en su ensayo del 12 de septiembre de 2026 “Debemos regular la frontera” (We Must Pace the Frontier), han propuesto un plan de tres pasos para gestionar estos riesgos, que incluye la facilitación de acceso a evaluadores externos y una coordinación democrática y global de estándares de seguridad. Amodei ha llegado a advertir que la IA podría “tomar el control de internet” en 6 a 12 meses, con daños económicos de cientos de miles de millones de dólares.
Sam Altman, aunque quizás más moderado, también ha señalado la pérdida de control humano y la concentración de poder como los dos mayores riesgos de la IA, abogando por un “camino intermedio” que equilibre la innovación con la cautela. Ashish Jha, experto en salud pública, ha expresado su alarma, declarando que “estamos caminando dormidos hacia un desastre potencialmente enorme”, urgiendo a la acción antes de que sea demasiado tarde.
La preocupación es tan real que Kevin Esvelt, un biólogo sintético del MIT, reveló que un chatbot de IA le sugirió una “nueva forma de bioweapon” que él mismo no había considerado posible. Sin embargo, no todos comparten el mismo nivel de pánico. Expertos como Gary Marcus y Niels Rogge han calificado las advertencias más extremas, como la de la IA tomando el control de internet, como “sin sentido” o “disparates extraños”, sugiriendo que el foco en riesgos futuros puede desviar la atención de problemas actuales y más inmediatos de la IA.
Los datos hablan
La magnitud del desafío se evidencia en cifras concretas y fechas clave. El estudio de 2022 que demostró la generación de 40.000 moléculas con potencial de armas químicas en menos de seis horas por un modelo de IA de descubrimiento de fármacos es un hito preocupante. En septiembre de 2026, las revelaciones de Anthropic sobre los cinco intentos de misuse de su IA para investigación de bioweapons subrayan la inmediatez del problema. Evan Hubinger, también de Anthropic, estimó el 15 de septiembre de 2026 una probabilidad superior al 10% de que la IA “acabe con la humanidad” en la próxima década.
En el contexto latinoamericano, el mercado de IA en biotecnología se proyecta que crecerá significativamente, de USD 158.0 millones en 2030 a USD 371.5 millones en 2035, con una Tasa de Crecimiento Anual Compuesto (CAGR) del 17.7%. Para el mercado de IA en ciencias de la vida en general, se espera un aumento de USD 425.6 millones en 2026 a USD 1,294.1 millones en 2031, con una CAGR del 24.9%. La tasa de adopción de IA en la región ya alcanzó el 40% en mayo de 2025, con empresas farmacéuticas y biotecnológicas representando el 35% de los usuarios finales en el sector salud regional.
Estos datos contrastan con la lentitud en la respuesta regulatoria: solo el 27% de los países del Sur Global, que incluye gran parte de Latinoamérica, tienen estrategias nacionales de IA, y, lo que es más crítico, ninguna de ellas aborda específicamente las preocupaciones de bioseguridad. Esto deja una brecha significativa entre la capacidad tecnológica y la preparación para sus riesgos.
Que significa para Latam
Para América Latina, la advertencia sobre bioweapons habilitadas por IA no es un asunto lejano, sino una llamada a la acción en un momento de rápido crecimiento y transformación digital. La región está experimentando una expansión notable en la adopción de IA en el sector biotecnológico, con proyecciones de mercado que superan los USD 370 millones para 2035. Países como Perú, Brasil, Argentina, Colombia y Chile están en proceso de desarrollar marcos regulatorios para la IA, muchos de ellos con un enfoque basado en riesgos. Sin embargo, la preocupación principal es que estos marcos no están abordando de manera explícita y robusta la bioseguridad. La ausencia de estrategias nacionales de IA que prioricen este riesgo en la mayoría de los países del Sur Global, incluyendo los latinoamericanos, crea una vulnerabilidad crítica. Esto es especialmente relevante dado que gigantes tecnológicos globales están expandiendo sus proyectos de IA en el sector salud de la región, lo que podría introducir tecnologías avanzadas sin la debida supervisión local en bioseguridad.