Estos avances se construyen sobre cimientos previos. En 2016, científicos japoneses descubrieron la bacteria Ideonella sakaiensis, que produce las enzimas PETasa y MHETasa, revolucionando la degradación del tereftalato de polietileno (PET). Una colonia de esta bacteria puede descomponer una botella de plástico de baja calidad en aproximadamente seis semanas. El progreso no se detuvo ahí: en 2018, la Universidad de Portsmouth modificó la PETasa, aumentando su eficiencia en un 20%. Cabe destacar que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) también se unió a esta carrera biotecnológica, desarrollando en 2019 una enzima capaz de degradar plásticos con enlaces éster como el PET y el ácido poliláctico (PLA), un logro significativo para la investigación en la región, como lo informó la UNAM.
Limitaciones y desafíos de la biotecnología
A pesar del entusiasmo generado por estos descubrimientos, los expertos, como los citados por COBCM en 2025, son cautelosos. Las enzimas bacterianas, si bien prometedoras, no constituyen una “solución milagrosa” definitiva para la vasta y compleja contaminación plástica. Las limitaciones son claras y se centran principalmente en tres aspectos cruciales:
- Escala: La mayoría de los éxitos se han logrado en condiciones de laboratorio controladas, con muestras pequeñas, limpias y pretratadas. Replicar esta eficiencia en el mundo real –en vertederos o en los océanos, donde el plástico está disperso, sucio y expuesto a múltiples factores ambientales– es un desafío monumental. La degradación en estos entornos es considerablemente más lenta y menos efectiva.
- Especificidad: Las enzimas tienden a ser altamente selectivas. Actúan de manera eficaz sobre ciertos tipos de plástico, principalmente aquellos con enlaces éster como el PET (tereftalato de polietileno) y el PLA (ácido poliláctico). Sin embargo, polímeros más comunes y persistentes como el polietileno (PE) y el polipropileno (PP) siguen siendo mucho más resistentes a la degradación enzimática, lo que limita la aplicabilidad universal de estas soluciones.
- Velocidad: Aunque se han logrado avances en la optimización de la velocidad de degradación, el proceso sigue siendo un factor restrictivo para una aplicación a escala industrial. Transformar volúmenes masivos de plástico en un tiempo económicamente viable aún requiere mayor investigación y desarrollo.
América Latina ante el desafío del plástico: Regulación y Adopción
El problema de la contaminación por plásticos es particularmente agudo en América Latina. Según el NIH en 2026, en 2020, la región no gestionó adecuadamente 8.4 millones de toneladas de residuos plásticos, una cifra proyectada a aumentar a 10.3 millones de toneladas para 2050. Los países costeros de la región contribuyeron con 3.7 millones de toneladas de residuos plásticos que podrían haber terminado en los océanos ese mismo año. Diariamente, casi 17,000 toneladas de residuos plásticos terminan en vertederos a cielo abierto, según Virtual Pro en 2025, exacerbando los problemas ambientales y de salud pública, tal como señala Mongabay en 2026.
Frente a este panorama, América Latina está respondiendo con un creciente marco regulatorio y una apuesta por la innovación. Más del 60% de los países latinoamericanos han implementado alguna forma de regulación sobre plásticos, con el Caribe destacando con una cobertura legislativa del 100%, según informes de UN News en 2023. Ejemplos notables incluyen a Chile, pionero en Sudamérica al prohibir las bolsas de plástico en 2018 y con una Ley de Plásticos de un Solo Uso desde 2021. Colombia, con su Ley 2232 de 2022, busca que el 100% de los plásticos de un solo uso sean reutilizables, reciclables o compostables para 2030. México, por su parte, implementó una Ley General de Economía Circular en enero de 2026, estableciendo un marco legal para la gestión sostenible de residuos, de acuerdo con Bioelements en 2026.
La región también muestra un alto potencial para la producción de bioplásticos a partir de biomasa agroindustrial y forestal. La demanda de plásticos biodegradables está en aumento y empresas locales están liderando la innovación. En Argentina, Bionbax proyecta iniciar pruebas piloto en 2025 para producir polímeros biodegradables a partir de aceite de soja, prometiendo productos que se degradarían en un máximo de seis meses, según Punto Biz en 2024. Chile, a través de Notplastic (TopColor), inauguró en agosto de 2024 la primera planta en Latinoamérica para fabricar resinas compostables a partir de residuos orgánicos, como se muestra en YouTube. Otras empresas como Grupo Promesa, Fibtex, Huella Verde y Sinba (Perú) están impulsando activamente programas de reciclaje y economía circular, con Sinba, por ejemplo, reciclando más de 16,500 kg de plástico en su primer año de operaciones, datos resaltados por Noticias ONU en 2023.
Los datos hablan: Cifras de la contaminación y la respuesta regional
Las estadísticas subrayan la magnitud del desafío y la urgencia de las soluciones. Los 8.4 millones de toneladas de plásticos no gestionados en América Latina en 2020 son un testimonio de la necesidad de enfoques innovadores. La contribución de 3.7 millones de toneladas de residuos plásticos costeros a los océanos anualmente resalta la vulnerabilidad de los ecosistemas marinos de la región. En contraste, la acción legislativa es un punto positivo: el 68% de los 34 países de América Latina cuentan con legislación nacional específica sobre plásticos, y la subregión del Caribe alcanza un impresionante 100% de cobertura. Estos datos, recopilados por el NIH y Virtual Pro, no solo reflejan la gravedad del problema, sino también la creciente determinación de la región para abordarlo, combinando la presión regulatoria con el impulso de la innovación local en bioplásticos y enzimas.
Reacciones de expertos y el futuro de las enzimas
Los expertos en la materia se muestran optimistas, aunque con un realismo necesario. El Dr. Harry Lerner de la Universidad de Konstanz reitera la gravedad del problema del plástico para la salud ambiental y humana, señalando su rol como vector de contaminantes químicos y genes de resistencia a antibióticos. Sin embargo, David Schleheck, también de Konstanz, expresa un optimismo cauto, sugiriendo que las bacterias pueden adaptarse a la degradación de poliésteres más rápido de lo esperado, y que la humanidad debe aprender a colaborar con las capacidades microbianas para encontrar soluciones. Francesco Colizzi del ICM-CSIC enfatiza la utilidad de la investigación molecular para que la industria diseñe enzimas más eficientes y adaptadas a las necesidades específicas. Por su parte, la Dra. Azucena López López del IBt-UNAM, quien lideró el desarrollo de la enzima mexicana, destaca que el proceso enzimático es una alternativa no contaminante, económica y sostenible, ya que las reacciones se realizan a temperatura ambiente, reduciendo la huella energética. En síntesis, la degradación enzimática es una tecnología emergente que, aunque no es una panacea, es un componente vital en la estrategia a largo plazo para mitigar la contaminación plástica, con un desarrollo constante y un impacto creciente, especialmente en una región como América Latina que busca activamente soluciones innovadoras para su desafío de residuos plásticos.