La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha alertado de un 80% de probabilidad de que El Niño se desarrolle entre junio y agosto de 2026, y sus condiciones podrían persistir con un 90% de certeza hasta noviembre del mismo año. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha ido un paso más allá, anticipando una probabilidad del 63% de que el fenómeno alcance una intensidad "muy fuerte" entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Esta proyección lo situaría entre los eventos más intensos registrados desde 1950, según la NOAA. Las anomalías térmicas en las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial ya muestran incrementos de hasta 3°C bajo la superficie en América Latina, un claro preámbulo de lo que se avecina.
Los impactos de este calentamiento anómalo se extenderán por todo el continente. Se esperan condiciones más secas en Centroamérica, el norte de América del Sur y el Caribe, lo que podría agudizar las sequías prolongadas en el Corredor Seco Centroamericano y los Andes. Por otro lado, el sur del continente podría recibir lluvias superiores a lo habitual, mientras que las costas del Pacífico Sur son vulnerables a lluvias extremas e inundaciones. Además, la Amazonía enfrenta el riesgo de olas de calor e incendios forestales, alterando patrones climáticos y ecosistemas vitales.
Chile y Perú: Ecosistemas marinos y acuicultura bajo presión
La inminencia de El Niño 2026 ha puesto en alerta máxima a los sectores productivos y ecosistemas marinos de países como Chile y Perú, donde la actividad pesquera y acuícola representa un pilar económico fundamental. Ambos países enfrentan desafíos particulares que, de no ser gestionados adecuadamente, podrían generar crisis socioeconómicas profundas.
En Chile, expertos del Centro de Investigación en Biodiversidad y Ambientes Sustentables (CIBAS) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), han lanzado advertencias cruciales. El aumento de la temperatura oceánica modificará la productividad de diversas especies, afectando directamente a las comunidades costeras y a la diversidad biológica. Sectores como la mitilicultura (cultivo de mejillones), especialmente en la Región de Los Lagos, enfrentan una mayor variabilidad ambiental e incertidumbre productiva. Los vitales bosques submarinos de huiros, esenciales para el equilibrio ecológico marino, también son motivo de seria preocupación, según la UCSC.
La salmonicultura chilena, una de las industrias más grandes del país y un actor global, está en estado de alerta máxima. Las proyecciones anticipan máximos locales de 17°C a 18°C en las zonas de cultivo. Esto es crítico, ya que supera ampliamente la zona de confort del salmón, que se encuentra entre los 12°C y 14°C. Un aumento de temperatura no solo genera estrés en los peces, sino que incrementa su necesidad de oxígeno en un 40-50%, mientras que el agua más cálida retiene un 10-15% menos de este vital elemento. Esta combinación letal aumenta exponencialmente el riesgo de floraciones algales nocivas (FAN), causadas por especies como Alexandrium catenella y Pseudochattonella sp., que pueden provocar mortalidades masivas. La industria aún recuerda con dolor las pérdidas de US$800 millones experimentadas en 2016 debido a un evento similar, según reporta Salmonexpert y revistas del sector acuícola.
Por su parte, Perú ya está sintiendo los efectos de un calentamiento anómalo. La primera temporada de pesca en la zona centro-norte del litoral ya experimentó una reducción del 36%. El Ministerio de la Producción de Perú, citado por Gestión, proyecta una caída del 23% en la pesca para consumo humano indirecto, principalmente anchoveta, aunque espera un crecimiento del 3% en la pesca para consumo humano directo. Sin embargo, las estimaciones de pérdidas económicas para el año completo en Perú ascienden a aproximadamente US$3.000 millones. La actividad pesquera peruana contribuye con hasta el 2% del PIB nacional y sustenta alrededor de 400.000 empleos, lo que subraya la magnitud de la amenaza. La meteoróloga Elizabeth Silvestre de la UNALM ha advertido, en declaraciones a RCR Perú y otros medios, que El Niño Costero 2026 podría ser "extraordinario", afectando pesca, agricultura, transporte y salud. El gobierno peruano, a través del Ministro de la Producción, César Quispe, está preparando programas de apoyo financiero y créditos diferidos para los trabajadores del sector industrial pesquero afectados, una medida de mitigación ante la crisis inminente.
Los datos hablan: Cuantificando el riesgo y el impacto
Las cifras y proyecciones concretas pintan un panorama de riesgo considerable para América Latina frente a El Niño 2026, destacando la urgencia de la preparación.
- Probabilidad de ocurrencia: La OMM estima un 80% de probabilidad de desarrollo de El Niño entre junio y agosto de 2026, con un 90% de posibilidades de que las condiciones persistan hasta noviembre. La NOAA, por su parte, pronostica una probabilidad del 63% de que el fenómeno sea "muy fuerte" entre noviembre de 2026 y enero de 2027, calificándolo como un posible "Súper Niño".
- Anomalías térmicas: Las aguas del Pacífico ecuatorial ya muestran anomalías de hasta 3°C bajo la superficie, un indicador temprano del calentamiento oceánico.
- Impacto en salmonicultura chilena: Se esperan máximos locales de 17°C a 18°C en las zonas de cultivo, superando la zona de confort del salmón (12°C-14°C). Este incremento térmico provoca que los salmones necesiten un 40-50% más de oxígeno, mientras que el agua más caliente retiene entre un 10% y 15% menos. El riesgo de floraciones algales nocivas (FAN) de especies como Alexandrium catenella y Pseudochattonella sp. es elevado, con antecedentes de pérdidas que ascendieron a US$800 millones en 2016.
- Impacto en el sector pesquero peruano: La primera temporada de pesca ya registró una reducción del 36% en la zona centro-norte. El Ministerio de la Producción de Perú proyecta una caída del 23% en la pesca de anchoveta para consumo humano indirecto. Las pérdidas económicas estimadas para el año completo en Perú rondan los US$3.000 millones. El sector pesquero peruano es crucial, contribuyendo con hasta el 2% del PIB nacional y generando aproximadamente 400.000 empleos directos e indirectos, según cifras de Gestión.
- Impactos regionales amplios: La OMM y ReliefWeb advierten sobre sequías prolongadas en el Corredor Seco Centroamericano y los Andes, lluvias extremas e inundaciones en las costas del Pacífico Sur, y olas de calor e incendios forestales en la Amazonía.
Qué significa para Latam: Estrategias de adaptación y resiliencia
Para América Latina, la llegada de El Niño 2026 no es solo un fenómeno meteorológico más, sino una llamada urgente a la acción estratégica. Este evento, con el potencial de ser un "Súper Niño", representa una amenaza directa a la seguridad alimentaria, la estabilidad económica y el bienestar social de millones de personas en la región. Como ha enfatizado la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, los países de América Latina y el Caribe deben "extremar las precauciones" y aprovechar la "inteligencia climática" para prepararse. En Perú, la meteoróloga Elizabeth Silvestre de la UNALM subraya la importancia de fortalecer los sistemas de alerta temprana para anticipar y mitigar impactos en sectores clave como la pesca, agricultura y salud. La directora nacional de Sernapesca en Chile, Soledad Tapia, ha instado a una coordinación interinstitucional y la responsabilidad de la industria para evitar la repetición de la crisis de 2016, que dejó pérdidas de US$800 millones en la salmonicultura. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la IFRC están colaborando con los países para actualizar protocolos de acción temprana y traducir la información de riesgo en políticas efectivas, consolidando la preparación como la mejor defensa contra los efectos de un El Niño potencialmente devastador. Proteger los 400.000 empleos que dependen de la pesca en Perú, o la robusta industria salmonera chilena, es un imperativo que exige una respuesta coordinada y proactiva de toda la región, utilizando la tecnología y el conocimiento científico para construir resiliencia frente al cambio climático.