La misión se concentró en aguas internacionales entre Salvador (Bahía) y Fortaleza (Ceará), a una distancia de 160 a 480 kilómetros de la costa, en profundidades que oscilan entre los 200 y 1.200 metros. Esta zona, que abarca las regiones mesopelágica y batipelágica del Atlántico Sur tropical, es un entorno extremo pero increíblemente diverso. Los organismos encontrados, desde delicadas medusas y sifonóforos hasta ctenóforos y rizarios gigantes, incluyendo un fascinante gusano del género Tomopteris apodado "verme-fio-de-seda", representan solo una fracción de lo que podría estar esperando ser descubierto. La importancia de estos hallazgos radica no solo en el incremento del catálogo de vida marina, sino en el potencial que encierran para la ciencia, la medicina y la comprensión de los ecosistemas globales.
Cómo la tecnología desvela los secretos del Atlántico Profundo
El éxito de la expedición "Natureza Profunda" es un testimonio de la convergencia de la colaboración internacional y la tecnología de vanguardia. Un equipo de aproximadamente 30 científicos de Brasil, Estados Unidos, Australia y Japón se embarcó en el buque de investigación R/V Falkor (too), operado por el Schmidt Ocean Institute, para llevar a cabo esta misión. La coordinación estuvo a cargo de Karen Osborn, curadora del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian Institution (EE. UU.), con la notable participación de Marcelo Melo, profesor del Instituto Oceanográfico de la USP (IO-USP).
La clave para explorar un ambiente tan inaccesible y estudiar criaturas tan frágiles y gelatinosas reside en el uso de herramientas robóticas y ópticas avanzadas. El Vehículo Operado Remotamente (ROV) SuBastian fue el caballo de batalla de la expedición, permitiendo la observación y recolección de muestras a profundidades extremas sin perturbar el hábitat. Complementando al ROV, se utilizaron sistemas de escaneo 3D como DeepPIV y EyeRIS, que capturaron la morfología detallada de los organismos. Un microscopio innovador, apodado "Lula" o "Squid" por su capacidad de observación de criaturas de cuerpos blandos, fue fundamental para las primeras caracterizaciones. Además, la capacidad de realizar secuenciación genética a bordo del buque aceleró significativamente el proceso de identificación, proporcionando datos moleculares cruciales en tiempo real. Estas tecnologías no solo facilitan el descubrimiento, sino que también minimizan el impacto en los delicados ecosistemas marinos profundos, permitiendo un estudio más preciso y respetuoso.
Qué cambia para los profesionales tech y la biotecnología marina
Para los profesionales del sector tecnológico y la biotecnología, esta expedición no es solo una curiosidad científica, sino un catalizador de innovación y un campo de pruebas para nuevas soluciones. La exploración de las profundidades marinas impulsa el desarrollo de robótica avanzada, sistemas de inteligencia artificial para la identificación de especies y análisis de datos biológicos complejos, así como nuevas generaciones de sensores y tecnologías de comunicación subacuática. La capacidad de operar ROVs de forma remota, transmitir datos en tiempo real y procesar información genética a bordo del buque representa un desafío ingenieril significativo que, al ser superado, genera avances aplicables en múltiples sectores.
En el ámbito de la biotecnología marina, las implicaciones son profundas. La vasta e inexplorada diversidad del océano profundo es una fuente inagotable de compuestos bioactivos con potencial para el desarrollo de nuevos fármacos, cosméticos, enzimas industriales y biomateriales. Brasil, con una trayectoria de más de 30 años en biotecnología marina, ya cuenta con iniciativas prometedoras como la startup "Regenera Moléculas do Mar", que explora microorganismos marinos para el desarrollo de nuevos fármacos y ha atraído inversiones de gigantes como Natura y Eurofarma. Cada nueva especie descubierta abre la puerta a un sinfín de investigaciones para identificar moléculas únicas que podrían revolucionar la medicina o la industria, generando un nuevo nicho de mercado para la investigación y desarrollo tech en la región. La necesidad de mapear, secuenciar y comprender estas especies antes de que se extingan, como advierte el Dr. Mário Frota Júnior de Regenera Moléculas do Mar, subraya la urgencia de la inversión en tecnologías de bioprospección y bioinformática.
El futuro de la exploración y conservación en el Atlántico Sur
El descubrimiento de estas 31 posibles nuevas especies es solo el comienzo de un largo proceso que incluye la descripción formal y el análisis taxonómico, lo que podría llevar años. Sin embargo, la expedición "Natureza Profunda" ha puesto de manifiesto la urgencia de intensificar la exploración y, simultáneamente, fortalecer los mecanismos de conservación del Atlántico Sur, una de las regiones menos exploradas del planeta, según Renato Nagata de la FURG.
El Schmidt Ocean Institute ya ha manifestado su intención de continuar sus estudios en el Atlántico Sur, incluyendo Brasil, Argentina y Uruguay, con planes para futuras expediciones que seguirán desvelando los misterios de estas aguas. Paralelamente, el contexto regulatorio internacional está evolucionando. Un acuerdo regional para la Protección del Medio Ambiente Marino en el Atlántico Sur, con participación de Brasil y países africanos, fue firmado en abril de 2026, buscando reforzar la gobernanza. A nivel nacional, Brasil tiene en tramitación el PL 6.969/2013, conocido como "Lei do Mar", que busca establecer una Política Nacional para la Gestión Integrada, Conservación y Uso Sostenible de su vasto sistema costero-marino. Además, el Acuerdo BBNJ (Tratado del Alto Mar) de la ONU, que entró en vigor en enero de 2026 y fue firmado por Brasil (aunque aún no ratificado), es crucial para proteger la biodiversidad en aguas internacionales, donde gran parte de estos descubrimientos tienen lugar.
Especialistas como Yohei Sasakawa, presidente de la Nippon Foundation, enfatizan la necesidad de documentar la vida marina antes de que desaparezca, abogando por bases de conocimiento de acceso abierto. Ronaldo Christofoletti, profesor de la Unifesp y coautor de la Evaluación Global de los Océanos de la ONU, destaca que solo conocemos el 25% del fondo marino y que estas investigaciones pueden traer nuevas medicinas y biotecnologías, siempre que se realicen de forma sostenible. La participación equitativa de científicos brasileños en la expedición también es vital para combatir la "ciencia colonial" y asegurar que los beneficios del conocimiento se distribuyan globalmente, incluyendo a las comunidades locales a través de proyectos como "Escola Azul", que comparte los hallazgos con estudiantes, inspirando a futuras generaciones de exploradores y conservacionistas.