Este gas, que se forma de manera natural en el subsuelo terrestre, está siendo investigado como la próxima gran disrupción en el panorama energético. Como señaló un artículo reciente del MIT Technology Review, la "próxima gran cosa en hidrógeno podría ser subterránea", destacando la "caza" de nuevas fuentes de este valioso elemento. A diferencia de sus primos industriales, el hidrógeno geológico promete una producción intrínsecamente más limpia y potencialmente mucho más económica, presentando un cambio de paradigma de un portador de energía a una fuente de energía primaria. Este desarrollo abre un abanico de posibilidades, especialmente para regiones como Latinoamérica, que buscan diversificar sus matrices energéticas y capitalizar recursos naturales para un futuro más sostenible.
Hidrógeno Verde y Azul vs. Hidrógeno Geológico: Un Debate Energético Subterráneo
Para comprender el impacto del hidrógeno geológico, es crucial contrastarlo con las opciones ya establecidas. El hidrógeno verde es aclamado por su huella de carbono casi nula, ya que se produce dividiendo moléculas de agua mediante electrólisis alimentada por fuentes renovables como la solar o la eólica. Es la meta ideal de muchos países para una economía descarbonizada, pero su alto costo de capital inicial y la variabilidad de las energías renovables presentan obstáculos. Por otro lado, el hidrógeno azul se obtiene del gas natural a través de un proceso de reformado con vapor, y sus emisiones de carbono se capturan y almacenan. Si bien reduce la huella de carbono, sigue dependiendo de los combustibles fósiles y de la eficacia de la tecnología de captura.
Aquí es donde el hidrógeno geológico emerge como un contendiente formidable. Se genera de forma natural a través de procesos geológicos en el subsuelo. Los mecanismos principales incluyen la serpentinización, una reacción donde el agua interactúa con rocas ricas en hierro (como la olivina), liberando gas hidrógeno. Otro proceso es la radiólisis, donde la radiación natural de elementos radiactivos en las rocas descompone las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno. Estos procesos naturales confieren al hidrógeno geológico una ventaja fundamental: no requiere energía externa para su producción, a diferencia de la electrólisis o el reformado. Además, a diferencia de los combustibles fósiles, se cree que el hidrógeno geológico puede reponerse con el tiempo, ya que las reacciones naturales pueden ser sostenibles y continuas, ofreciendo una fuente potencialmente renovable de forma pasiva.
Las vías de extracción del hidrógeno geológico son variadas. La más directa es la acumulación natural, donde el gas se acumula en reservorios subterráneos, similar a los hidrocarburos. Un ejemplo notable es el sitio de Bourakébougou en Mali, donde se ha extraído hidrógeno para generar electricidad a pequeña escala desde los años 80, con un pozo produciendo continuamente desde 2012 e incluso mostrando un ligero aumento de presión después de 11 años. Otras vías incluyen la acumulación estimulada, usando técnicas como la fracturación hidráulica o la estimulación eléctrica para liberar el gas de las rocas, aunque estas están en etapas tempranas de I+D. Finalmente, la generación estimulada o "hidrógeno naranja" implica inyectar agua y/o catalizadores en rocas reactivas para provocar y acelerar la producción de hidrógeno de manera controlada, con empresas como Vema Hydrogen y Eden GeoPower explorando esta opción para producción a gran escala.
Los datos hablan: El Gigantesco Potencial Oculto y sus Desafíos
El interés y la inversión en el hidrógeno geológico no son meras especulaciones; están respaldados por datos cada vez más contundentes. Las estimaciones iniciales de las reservas globales sugieren entre 5 y 6.2 billones de toneladas, con algunas proyecciones que alcanzan hasta los 10 billones de toneladas. Para poner esto en perspectiva, una pequeña fracción de estas reservas podría satisfacer la demanda mundial de hidrógeno durante siglos, según los investigadores. Además, la Tierra podría generar cientos de millones de toneladas de hidrógeno natural anualmente, lo que subraya su potencial como fuente renovable.
Uno de los atractivos más grandes es el costo potencial. Los expertos estiman que el hidrógeno geológico podría extraerse por menos de 1,000 USD por tonelada, lo que se traduce en un costo de producción de menos de 1 USD por kilogramo. Esta cifra es sustancialmente más barata que el hidrógeno fabricado industrialmente, el cual a menudo supera los 2 USD/kg para el verde y el azul. La pureza del gas también es prometedora; en el campo de Bourakébougou, Mali, se ha registrado una pureza del 97-98%, y exploraciones en el Midcontinent Rift de EE. UU. han encontrado concentraciones de hasta 96% de hidrógeno.
La industria está reaccionando con notable interés. A finales de 2023, más de 50 empresas a nivel mundial estaban invirtiendo en su exploración, un salto considerable desde solo 10 en 2020. El sector ha atraído más de 500 millones de dólares en inversión de capital de riesgo, destacándose Koloma con casi 400 millones de dólares recaudados. La investigación también está recibiendo un impulso significativo; en 2024, el Departamento de Energía de EE. UU. (DOE) a través de ARPA-E destinó 20 millones de dólares a 16 proyectos de investigación dedicados a este campo.
Sin embargo, no todo es un camino despejado. Geoffrey Ellis, geoquímico del USGS, es "cautelosamente optimista" y enfatiza la necesidad de más datos para confirmar la viabilidad a gran escala. Stuart Haszeldine, geólogo de la Universidad de Edimburgo, expresa cierto escepticismo, señalando que el hidrógeno es "muy fugaz" y se filtra rápidamente, lo que históricamente ha dificultado su acumulación en grandes cantidades. Los desafíos incluyen cómo capturar, almacenar y transportar este gas de manera eficiente, ya que es difícil de manejar y requiere mucho espacio o bajas temperaturas para licuarse. La infraestructura necesaria y la alineación de los depósitos con los centros de demanda industrial también son retos considerables. La mayoría de los métodos de extracción, especialmente la generación estimulada, aún se encuentran en etapas experimentales y necesitan alcanzar la escala comercial.
Qué significa para Latinoamérica: Un Nuevo Horizonte para la Transición Energética
Para Latinoamérica, la aparición del hidrógeno geológico representa una oportunidad estratégica que podría complementar e incluso acelerar la transición energética en la región. Si bien la conversación y las inversiones en países como Chile, Colombia y Brasil se han enfocado predominantemente en el hidrógeno verde, aprovechando sus abundantes recursos renovables, el hidrógeno blanco ofrece una ruta adicional y potencialmente más económica para descarbonizar sus economías. Es un cambio importante, ya que diversifica las opciones más allá de la electrólisis y la captura de carbono.
Un hito significativo para la región ocurrió en Colombia en mayo de 2026, cuando el gobierno estableció regulaciones pioneras para la evaluación y exploración del "hidrógeno blanco". Esta medida lo reconoce como una Fuente No Convencional de Energía Renovable, con el objetivo de incentivar su investigación, exploración y uso. Esta iniciativa colombiana no solo busca reemplazar los hidrocarburos y proveer seguridad jurídica a los inversores, sino que también posiciona al país a la vanguardia en la exploración de este recurso. Mientras Chile aspira a ser un líder global en exportación de hidrógeno verde para 2030, con metas ambiciosas de capacidad de electrólisis, la posibilidad de descubrir yacimientos de hidrógeno geológico podría ofrecer a otros países de la región una ventaja competitiva única. Esto podría transformar las economías locales, reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y crear nuevas industrias, impactando directamente en la soberanía energética y el desarrollo económico a largo plazo.
La exploración del hidrógeno geológico en Latinoamérica está en sus primeras etapas, pero el potencial de encontrar depósitos significativos, dadas las formaciones geológicas de la región, es considerable. Esto podría permitir que países con diferentes perfiles de recursos renovables (no solo eólicos o solares) participen activamente en la economía del hidrógeno. La integración de esta fuente de energía podría fortalecer las estrategias nacionales de hidrógeno, que hasta ahora se han centrado más en el hidrógeno verde y azul, abriendo nuevas vías para la descarbonización y la creación de valor local.