El campo de estudio central de esta iniciativa es la fenómica, una disciplina emergente que, de manera análoga a la genómica que mapea el ADN, analiza la totalidad de las características visibles de los organismos. Al estudiar sistemáticamente los fenotipos –es decir, las manifestaciones físicas y conductuales de los genes– de las abejas, los científicos pueden identificar rasgos específicos que confieren resiliencia ante condiciones ambientales adversas. Este enfoque permite trazar la evolución de las abejas y comprender los mecanismos que les han permitido sobrevivir y prosperar en entornos variados, desde selvas tropicales hasta desiertos áridos, información vital para protegerlos en el futuro.
Contexto y antecedentes de la crisis de polinizadores
La relevancia de esta investigación se magnifica al considerar la alarmante disminución global de las poblaciones de polinizadores. Un estudio internacional que incluyó a científicos del CONICET en Argentina ha evaluado las causas y riesgos de esta declive a nivel global y regional, señalando que el cambio climático, aunque con efectos que se manifiestan más lentamente, es un factor determinante. El informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES) de 2016 ya alertaba sobre la gravedad de la situación, destacando que los polinizadores son esenciales para la vida en la Tierra y enfrentan amenazas crecientes.
Los datos cuantitativos subrayan la magnitud del desafío: los insectos polinizadores contribuyen con más de 22.500 millones de dólares anuales a diversos cultivos solo en América Latina. Sin embargo, la región ha experimentado una pérdida anual promedio de entre el 30% y el 40% de colonias de abejas melíferas y abejas sin aguijón, una cifra preocupante. A nivel global, se estima que entre 235.000 millones y 577.000 millones de dólares de la producción mundial de alimentos dependen directamente de los polinizadores. Cerca del 75% de la alimentación humana se basa, directa o indirectamente, en plantas polinizadas por animales, y un 35% depende exclusivamente de ellos. El valor global de los servicios ecosistémicos de polinización se calculó en 212 mil millones de dólares en 2007, una cifra que sin duda ha aumentado. Además, un manejo adecuado de la polinización puede incrementar el rendimiento de los cultivos hasta en un 24%. Las abejas, que han coevolucionado con las plantas con flores durante aproximadamente 130 millones de años, son protagonistas indiscutibles de este complejo sistema.
Implicaciones técnicas: La fenómica como herramienta de adaptación
El estudio de la fenómica de las abejas no es solo una curiosidad científica, sino una herramienta técnica con implicaciones directas para la agricultura y la conservación. Al comprender las variaciones morfológicas y fisiológicas que permitieron a las abejas resistir climas extremos o adaptarse a diferentes tipos de flora a lo largo de su historia evolutiva, los investigadores pueden identificar los rasgos genéticos y epigenéticos asociados a la resiliencia. Este conocimiento es fundamental para:
- Desarrollo de especies más resistentes: No se trata de modificación genética en el sentido tradicional, sino de identificar linajes o poblaciones de abejas que naturalmente poseen una mayor capacidad de adaptación a sequías, altas temperaturas, o cambios en los patrones de floración. Esto puede informar programas de cría selectiva o la reintroducción de especies nativas bien adaptadas.
- Optimización de hábitats: Entender la anatomía de las abejas, como la longitud de su lengua o la forma de sus cuerpos, revela sus preferencias por tipos específicos de flores. Con esta información, los agricultores y gestores de tierras pueden plantar especies vegetales que no solo proporcionen alimento a los polinizadores, sino que sean óptimas para las especies locales y resilientes al cambio climático.
- Estrategias de conservación dirigidas: La fenómica ayuda a clasificar y comprender la diversidad de abejas, permitiendo a los conservacionistas enfocar sus esfuerzos en proteger especies o poblaciones que son cruciales para la polinización de cultivos específicos o que poseen rasgos genéticos únicos de adaptación. Nacho Bartomeus, de la Asociación Abejas Silvestres, certifica que "el cambio climático está entrando como una de las amenazas más fuertes", alterando los ciclos biológicos de las abejas y las floraciones. La fenómica ofrece un camino para anticipar y mitigar estos desajustes.
Además, la interconexión entre el cambio climático y otros factores estresantes, como el uso de plaguicidas, es crucial. Sergio Albacete, del CREAF, señala que las abejas se vuelven más sensibles a los plaguicidas a causa del cambio climático, lo que tiene consecuencias devastadoras a nivel poblacional. La fenómica podría ayudar a identificar poblaciones más robustas o desarrollar estrategias de manejo integrado de plagas que minimicen el impacto en estas especies vitales.
Impacto en Latinoamérica: Vulnerabilidad y estrategias regionales
América Latina se perfila como una región de particular vulnerabilidad ante la crisis de los polinizadores. El informe del CONICET enfatiza que los riesgos de disminución son mayores para el Sur Global, donde se incluyen nuestros países, debido a factores como las tasas de deforestación y la expansión de monocultivos, como la soja en el Cono Sur. Cultivos esenciales para la economía y la alimentación regional, como el café, el aguacate, la sandía, la calabaza y el cacao, son altamente dependientes de las abejas. Otros cultivos afectados incluyen semillas híbridas (girasol, alfalfa), frutas (maracuyá, ciruela, manzana) y cultivos para bebidas y especias (vainilla, cacao, guaraná).
Frente a este panorama, diversas iniciativas y regulaciones están tomando forma. El proyecto Poli-LAC, impulsado por la FAO y GIZ con apoyo de la cooperación alemana, busca fortalecer la protección de polinizadores en países clave como Brasil, Costa Rica, Perú, México, Guatemala y Paraguay. En Paraguay, por ejemplo, se está trabajando para crear una red nacional de protección de polinizadores, mientras que Costa Rica ha sido pionera en la celebración de congresos y ferias sobre el tema. Brasil, por su parte, implementa prácticas amigables con polinizadores en cultivos de café y maracuyá, priorizando la conservación de hábitats naturales y la reducción de pesticidas.
Perú, a través de su Ministerio del Ambiente (Minam), trabaja en la articulación intersectorial y la identificación de sitios piloto para prácticas productivas sostenibles. En Chile, la Asociación Gremial de Fabricantes e Importadores de Productos Fitosanitarios Agrícolas (AFIPA) promueve buenas prácticas apícolas y agrícolas para salvaguardar a los polinizadores. La viceministra peruana Romina Caminada subraya la protección de polinizadores como una acción prioritaria frente al cambio climático y el uso inadecuado de pesticidas.
Expertos como Marcelo Aizen y Leonardo Galetto del CONICET enfatizan la urgencia de incrementar el conocimiento sobre la diversidad de polinizadores en la región y reglamentar el uso de la tierra para aumentar la heterogeneidad del paisaje, limitando los monocultivos. Tom Breeze, de la Universidad de Reading, advierte que “América Latina corre un riesgo sustancial de perder tanto los beneficios ambientales de los polinizadores… como los beneficios que dan a las personas al polinizar los cultivos que comen y exportan”. Melissa Marín de la FAO resalta la conservación de polinizadores como central para la agricultura familiar y la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios en Latinoamérica, reforzando la necesidad de acciones coordinadas y basadas en la ciencia.