Pero la relación va más allá de la mera inversión en startups de alto perfil. Los estados del Golfo están destinando cientos de miles de millones de dólares a la IA y, fundamentalmente, a la infraestructura de datos que la sustenta. Se proyecta que la capacidad regional de centros de datos en el Golfo se triplicará de 1 GW en 2025 a 3.3 GW para 2030, de acuerdo con el Stimson Center. Un ejemplo palpable es el Campus de IA de Emiratos Árabes Unidos-EE. UU. en Abu Dabi, que está diseñado para albergar 5 GW de capacidad, convirtiéndose en el más grande fuera de Estados Unidos. Microsoft, por su parte, ha comprometido 15.2 mil millones de dólares en inversiones en los EAU entre 2023 y 2029, mientras que Arabia Saudita, a través de NEOM, anunció un centro de datos de IA de 5 mil millones de dólares. La empresa Groq invirtió 1.5 mil millones de dólares para lo que podría ser el centro de datos de inferencia de IA más grande del mundo en la región. Además, Google Cloud y el PIF mantienen una asociación de 10 mil millones de dólares para un hub de IA en Arabia Saudita. Un factor clave en esta migración es el costo de la energía: la electricidad en el Golfo es significativamente más barata, con precios que oscilan entre 0.05 y 0.06 dólares/kWh, en contraste con los 0.09 a 0.15 dólares/kWh en EE. UU., según Introl Blog.
Análisis de la tendencia
Esta marea de inversiones revela una tendencia estratégica y multifacética. Por un lado, EE. UU. y sus empresas tecnológicas obtienen capital fresco y masivo, esencial para financiar el desarrollo acelerado de la IA, que demanda enormes recursos computacionales y energéticos. Por otro lado, los países del Golfo no solo buscan un retorno financiero, sino que están invirtiendo en infraestructura física y conocimiento, posicionándose como socios indispensables en el ecosistema global de la IA. Georgia Adamson del Institute for Progress subraya que estas naciones están apalancando su capital y sus abundantes recursos energéticos para construir centros de datos a gran escala, asegurando así un lugar central en la futura economía digital.
Esta dinámica también representa un cambio geopolítico significativo. El Golfo, tradicionalmente visto como una fuente de energía y capital, ahora aspira a ser un hub tecnológico, diversificando sus economías y reduciendo la dependencia de los hidrocarburos. La construcción de megacentros de datos no solo atrae inversión, sino que también fomenta la transferencia tecnológica y la creación de ecosistemas locales de IA. El bajo costo de la electricidad es un imán poderoso, permitiendo a estos países ofrecer condiciones competitivas para el procesamiento intensivo de datos. Sin embargo, el Stimson Center advierte sobre la “difusión estratégica” de EE. UU. hacia el Golfo para construir infraestructura de IA, señalando el riesgo de crear futuros competidores o de alienar a otros estados si se abusa de la dependencia tecnológica.
Contexto regional
Para América Latina, esta tendencia global presenta tanto oportunidades como desafíos complejos. La región está inmersa en el desarrollo de marcos regulatorios de IA, muchos de ellos inspirados en el modelo de la Unión Europea (UE), que prioriza los derechos fundamentales y un enfoque basado en riesgos. Chile se destaca como un líder regional, no solo por el lanzamiento de Latam-GPT, un modelo de lenguaje de IA de código abierto entrenado con datos latinoamericanos, sino también por su proyecto de ley de IA que incorpora la arquitectura basada en riesgos de la Ley de IA de la UE. Otros países como Perú, El Salvador y Brasil también han avanzado en legislaciones o propuestas de ley, como señala José Luis Ambrosy del IBA Latin American Regional Forum.
La adopción de la IA en América Latina está creciendo exponencialmente, alcanzando un 40% en mayo de 2025, con un 65% de los consumidores utilizando herramientas de IA para enero de 2026. El mercado regional de IA se valora en 12.7 mil millones de dólares y crece a un impresionante 28.1% anual. Las proyecciones indican que podría añadir 1.3 billones de dólares al PIB de la región para 2030, según Forbes. Sectores como fintech y agricultura están liderando la transformación, con modelos de crédito impulsados por IA en Brasil que han reducido las tasas de incumplimiento entre un 20% y un 35%, como reporta EnterpriseAM. A pesar de los desafíos de infraestructura, la región muestra un alto nivel de optimismo y preparación cultural hacia la IA, con un 85% de los profesionales latinoamericanos listos para integrarla en su trabajo, según Kotak Securities. Sin embargo, el director del Latin American Artificial Intelligence Index (CENIA) observa una “falta de urgencia” en la inversión en IA en la región en relación con su PIB, quedando seis veces por debajo del promedio mundial.
Un punto de preocupación para la región es cómo la expansión global de la IA y la posible reubicación de centros de servicios por parte de empresas estadounidenses y europeas hacia la IA podrían amenazar empleos de clase media en América Latina. Profesiones como paralegales, contadores y trabajadores de centros de llamadas podrían verse afectadas. Esto, como sugiere la investigación, podría generar una “nueva dependencia extractiva” si la región solo proporciona recursos (tierra, energía, agua) para centros de datos extranjeros sin beneficiarse en propiedad intelectual o empleos de alto valor. No obstante, la construcción de centros de datos en países como Brasil, México, Chile y Colombia también generará demanda de servicios logísticos especializados, y empresas locales como Roomie IT y Rappi están desarrollando soluciones de IA adaptadas a las condiciones locales, mitigando parte del riesgo.
Perspectiva a futuro
De cara al futuro, es previsible que la inversión de los países del Golfo en tecnología de IA y en la construcción de infraestructuras masivas continúe en ascenso. Su capital, combinado con ventajas energéticas, los posiciona como un actor clave en la configuración del panorama tecnológico global. Esta asociación estratégica entre el capital del Golfo y la innovación estadounidense probablemente se profundizará, impulsando aún más el desarrollo y la adopción de la IA a escala mundial. Para Latinoamérica, esto significa una mayor exposición a los avances de la IA, pero también la necesidad urgente de estrategias proactivas. La región deberá centrarse en fortalecer sus marcos regulatorios, fomentar el desarrollo de talento local en IA y buscar formas de capturar valor más allá de ser un mero proveedor de recursos. La creación de propiedad intelectual y la adaptación de soluciones de IA a las necesidades locales serán cruciales para evitar una dependencia tecnológica excesiva y asegurar que la IA contribuya de manera equitativa al desarrollo económico y social. La extraterritorialidad de la Ley de IA de la UE, con la mayoría de sus obligaciones entrando en vigor el 2 de agosto de 2026, también exigirá que las empresas latinoamericanas ajusten sus operaciones si sus sistemas de IA se utilizan en la UE, lo que añade otra capa de complejidad regulatoria a vigilar.