La evidencia cuantitativa subraya esta tendencia. En economías emergentes, la adopción de IA en el lugar de trabajo es notablemente alta. Más del 80% de los encuestados en países como India, China, Nigeria y los Emiratos Árabes Unidos reportan usar IA regularmente en sus labores, una cifra que contrasta con el aproximadamente 50% observado en Norteamérica y Europa. América Latina, por su parte, no se queda atrás; representa el 14% de las visitas globales a soluciones de IA, superando su 11% de usuarios de internet a nivel mundial, lo que indica un interés y una tasa de adopción superior a lo esperado.
El impacto económico en la región latinoamericana es prometedor. El mercado regional de IA está valorado en aproximadamente 12.700 millones de dólares y exhibe un robusto crecimiento anual del 28.1%. Se proyecta que la adopción de IA podría aumentar la productividad en América Latina entre un 1.9% y un 2.3% anualmente, generando entre 1.1 y 1.7 billones de dólares en valor económico adicional cada año. Algunos pronósticos, de hecho, son aún más optimistas, sugiriendo que la IA podría sumar hasta 1 billón de dólares a la economía latinoamericana para 2038. Estos datos, según diversas fuentes como el Banco Mundial y consultoras especializadas, demuestran que la IA no es solo una promesa, sino una palanca real para el crecimiento.
Los resultados tangibles de esta adopción ya son visibles. Más de dos tercios de las organizaciones que implementan IA reportan ganancias de productividad. Más de la mitad observan una mejora en la satisfacción del cliente y un aumento en las ventas, mientras que más del 40% experimentan optimización de procesos y una significativa reducción de costos. Es notable el retorno de la inversión: el 95% de las empresas brasileñas y el 83% de las mexicanas que adoptan IA reportan un ROI positivo o al menos el punto de equilibrio, lo que desmiente la noción de que la IA es una inversión exclusiva para las grandes corporaciones con presupuestos ilimitados.
Analisis de la tendencia
Esta tendencia revela un patrón claro: la IA está democratizándose. La clave reside en la accesibilidad de las herramientas y la capacidad de los trabajadores para adaptarlas a sus necesidades específicas. En lugar de esperar soluciones elaboradas desde arriba, los individuos están utilizando herramientas de IA como ChatGPT o plataformas de automatización de manera ingeniosa, convirtiéndolas en “socios comerciales prácticos”. Esta agilidad para resolver problemas localizados, sin la carga de sistemas heredados complejos, permite a los mercados emergentes “saltarse” etapas de desarrollo que otras economías tuvieron que transitar.
La narrativa predominante de la IA como una fuerza que amenaza con reemplazar empleos se complementa con la realidad de que la IA es, para muchos, una herramienta de empoderamiento. Mejora la eficiencia, expande las capacidades individuales y permite abordar desafíos que antes parecían inabordables. Esta aproximación de abajo hacia arriba contrasta con los modelos más estructurados y a menudo más lentos de adopción en el mundo desarrollado, donde la implementación de IA suele ser una iniciativa corporativa de gran escala, más que una evolución orgánica impulsada por los trabajadores.
Contexto regional
En América Latina, la realidad de la IA es una mezcla de alto interés y desafíos estructurales. A pesar del entusiasmo y las elevadas tasas de visita a soluciones de IA, solo el 23% de las organizaciones latinoamericanas están generando valor económico real de su uso, y apenas el 6% reporta una creación de valor significativa. Esto sugiere una brecha entre la experimentación y la implementación estratégica a gran escala. Un fenómeno creciente en la región es el “shadow AI”, donde los trabajadores utilizan herramientas de IA eludiendo los sistemas oficiales de sus empresas, lo que a la vez demuestra iniciativa y plantea desafíos de seguridad y gobernanza para las organizaciones.
El marco regulatorio en América Latina está en desarrollo. Varios países, incluyendo Brasil, Chile, México y Perú, están trabajando en la formulación de leyes y directrices para la IA, a menudo inspirándose en el enfoque basado en riesgos del Acta de IA de la Unión Europea. Perú, según informes del Foro Económico Mundial, es el único país de la región que ha promulgado leyes específicas sobre IA. Sin embargo, el progreso es lento en comparación con países desarrollados, y existe la preocupación de que se adopten regulaciones internacionales sin una adaptación suficiente al contexto local, lo que podría limitar la innovación o generar fricciones innecesarias.
La IA ya está encontrando aplicaciones concretas en la región. En el sector financiero, se utilizan modelos de puntuación de crédito alternativos que permiten el acceso a préstamos para poblaciones desbancarizadas. También se aplica en la previsión de la demanda y la fijación dinámica de precios en el comercio minorista y la logística. Ejemplos de empresas locales que construyen soluciones de IA incluyen Roomie IT, Electronic Cats, Speedbird, Kilimo (en agrotech), Ekumen y el gigante del delivery Rappi, demostrando que la innovación no solo viene de fuera.
Sin embargo, el impacto laboral es una preocupación clave. Entre el 30% y el 40% de los empleos en América Latina y el Caribe están expuestos a la IA generativa, con un riesgo de automatización que oscila entre el 2% y el 5%. Esta exposición afecta desproporcionadamente a trabajadores jóvenes, educados, urbanos y, en particular, a mujeres, lo que plantea desafíos significativos para las políticas públicas y la capacitación laboral en la región, según datos del Banco Mundial.
Perspectiva a futuro
La perspectiva a futuro para la IA en los mercados emergentes, y en particular en América Latina, es de doble filo. Expertos como Andy Kuper de LeapFrog Investments señalan que los consumidores en estas regiones son más optimistas sobre la IA que sus contrapartes occidentales, ya que la perciben como una herramienta que les otorga autonomía y mejora productos y servicios. La región, con su inherente “resistencia, creatividad y falta de sistemas heredados”, tiene una oportunidad única para “saltarse” modelos de gobernanza y desarrollo, adoptando soluciones más ágiles y eficientes.
No obstante, los riesgos son significativos. El Banco Mundial advierte sobre un “doble impacto”: mientras la IA ofrece oportunidades inmensas para el crecimiento y la mejora de servicios, también puede ampliar la brecha de ingresos, erosionar la ventaja competitiva de la mano de obra barata y automatizar empleos, especialmente aquellos de baja cualificación. Además, existe una preocupación creciente sobre la explotación de los “trabajadores de datos” en el Sur Global, quienes a menudo operan en condiciones precarias y bajo estrés psicológico para entrenar los modelos de IA que luego benefician a las grandes corporaciones tecnológicas. La falta de talento especializado, recursos financieros adecuados y una infraestructura digital robusta son desafíos críticos que América Latina debe superar para capitalizar plenamente el potencial de la IA de manera inclusiva y equitativa. La vigilancia sobre estos aspectos será crucial para asegurar que la economía real de la IA beneficie a todos, no solo a unos pocos.