Los números clave
Las cifras revelan tanto el potencial como el desafío. La GSMA, una de las principales asociaciones de la industria móvil, ha proyectado que las redes 5G podrían generar un impacto económico de 26 mil millones de dólares para América Latina para el año 2030. Sin embargo, esta estimación se verá significativamente mermada si los retrasos actuales persisten. Un despliegue exitoso, por el contrario, tiene el potencial de inyectar casi 293 mil millones de dólares al Producto Interno Bruto (PIB) regional a lo largo de una década, según estimaciones de expertos.
En cuanto a la adopción, en julio de 2024, América Latina contaba con 33 millones de suscripciones 5G. Las proyecciones son ambiciosas, esperando que para 2029 el 5G represente el 56% de todas las suscripciones móviles en la región, alcanzando los 501 millones para 2028 según Omdia, y 550 millones para 2031 según Ericsson. A pesar de este crecimiento esperado, el panorama actual muestra un rezago notable. En junio de 2026, el 5G representaba apenas el 14% del total de suscripciones móviles en la región, una cifra drásticamente inferior al 79% observado en Norteamérica.
La inversión necesaria para materializar este futuro es sustancial. Las seis economías más grandes de América Latina (Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile y Perú) requerirían una inversión conjunta de 120 mil millones de dólares para un despliegue total de 5G. Solo Brasil, el líder regional en despliegue, necesitaría más de 48 mil millones de dólares de esta suma. Además, se vislumbra una oportunidad en el mercado privado de 5G en la región, que podría superar los 700 millones de dólares en gasto anual para finales de 2029, abriendo nuevas vías de negocio para operadores y empresas.
Respecto a los avances en licitaciones y despliegue, algunos países han tomado la delantera. Chile (en 2021), República Dominicana (2021), Brasil (2022), Uruguay (2023), Argentina (2023) y Colombia (2023) fueron pioneros en subastar espectro 5G en la crucial banda de 3.5 GHz. A mayo de 2025, esta proactividad se había traducido en el lanzamiento de servicios comerciales 5G por parte de más de 30 operadores en 13 países de la región. Ookla, en su informe del tercer trimestre de 2025, destacó que Brasil lidera en velocidad 5G, con una mediana de 430.83 Mbps, un referente para la región. En contraste, países como Perú registraron apenas un 2% de adopción 5G en 2023.
Análisis de la tendencia
La disparidad en el avance del 5G en América Latina obedece a un patrón complejo de factores interconectados. La lentitud en el proceso se atribuye principalmente a los altos costos del espectro, que desincentivan la inversión de los operadores, y a la ausencia de políticas regulatorias claras y armonizadas. Por ejemplo, en Colombia, la falta de una separación nítida entre licencias B2C (para consumidores) y B2B (para empresas) ha añadido complejidad al proceso. Las condiciones de mercado específicas de cada país, junto con la burocracia en la agilización de permisos y las tasas de uso del espectro, también juegan un papel crucial. La GSMA ha sido enfática en subrayar la importancia de un entorno normativo adecuado, que incluya espectro asequible, agilización de permisos y tasas razonables, como elementos fundamentales para fomentar la inversión y el desarrollo.
Esta tendencia de un despliegue fragmentado y a diferentes velocidades revela una "gran desigualdad" en el avance del 5G, como señaló Lourenço Lanfranchi de Ookla. América Latina corre el riesgo de no capturar plenamente los beneficios financieros del 5G, especialmente en áreas de alto valor como las redes privadas y los servicios empresariales.
Los grandes operadores de telecomunicaciones de la región también reflejan esta cautela. América Móvil y Millicom, por ejemplo, se han centrado en fortalecer y expandir sus redes 4G/LTE existentes antes de embarcarse en grandes inversiones en infraestructura 5G. Telefónica, por su parte, ha optado por una estrategia de desinversión de gran parte de sus activos latinoamericanos, lo que añade una capa de incertidumbre al panorama de inversión. Un caso particular es el de la brasileña Telecall, que fue multada en Colombia por incumplimientos relacionados con la subasta 5G, aunque su asignación de espectro se mantuvo. A nivel geopolítico, Huawei, un proveedor clave que soporta hasta el 70% de la infraestructura 4G-LTE en la región, enfrenta la presión de Estados Unidos para su exclusión en redes 5G, aunque, hasta la fecha, solo Costa Rica ha prohibido formalmente su tecnología en sus futuras redes 5G.
Contexto regional
Dentro de América Latina, el contraste es marcado. Mientras Brasil, Chile y Uruguay han demostrado un compromiso firme con el 5G, con licitaciones exitosas y un despliegue activo, otros países avanzan con mayor lentitud. En Perú, la adopción de 5G fue de apenas un 2% en 2023, y en México, aunque se han realizado algunos despliegues, las velocidades para algunos operadores están por debajo de los 60 Mbps, con una priorización de la expansión de las redes 4G. Esta situación subraya la necesidad de políticas públicas adaptadas a las realidades de cada mercado.
La regulación juega un papel vital. Norma Solano de CRT México ha confirmado que el país realizará una licitación 5G en 2026, buscando asignar más bandas de espectro y establecer reglas asimétricas que favorezcan a operadores más pequeños, una medida que podría dinamizar el mercado. José Antonio Peña Merino, de ATDT México, complementa esta visión mencionando la posibilidad de descuentos de hasta el 50% en el costo del espectro a cambio de compromisos de inversión en infraestructura en zonas desatendidas, un modelo que busca cerrar la brecha digital.
Colombia, a pesar de haber realizado su subasta de espectro, sigue enfrentando desafíos. Angélica D'Haro, de OSC, ha señalado la constante necesidad de formación técnica especializada y las persistentes barreras regulatorias que obstaculizan una implementación más fluida y eficiente. Estas barreras no solo afectan a los grandes operadores, sino que también complican el surgimiento y la expansión de soluciones de 5G privado para la industria.
Pau Castells, de GSMA Intelligence, ha sugerido que las regulaciones de neutralidad de red existentes podrían requerir ajustes para adaptarse a la evolución de las capacidades del 5G y a los nuevos modelos de negocio que esta tecnología permite, como los servicios de segmentación de red (network slicing) y las aplicaciones de baja latencia.
Perspectiva a futuro
El futuro del 5G en América Latina se perfila como un escenario de progreso continuo, pero con una persistente disparidad entre naciones. Se espera que los países rezagados, impulsados por la necesidad de competitividad, aceleren sus procesos de licitación y despliegue. Las próximas licitaciones, como la anunciada en México para 2026, serán cruciales para determinar la dirección.
Será fundamental vigilar la evolución de los marcos regulatorios. La creación de entornos que fomenten la inversión, con espectro asequible y procesos de autorización simplificados, será clave. Los modelos innovadores, como los descuentos en el costo del espectro a cambio de compromisos de cobertura en zonas desatendidas, podrían replicarse en otros países.
Los desafíos persistirán, incluyendo la necesidad de una inversión masiva en infraestructura y la capacitación de talento técnico especializado. Angélica D'Haro enfatiza que la falta de profesionales con las habilidades necesarias para implementar y gestionar redes 5G podría convertirse en un cuello de botella. Además, las presiones geopolíticas, especialmente en relación con proveedores de tecnología como Huawei, seguirán siendo un factor a considerar para la seguridad y la diversidad de la cadena de suministro de 5G en la región.
A pesar de las dificultades, las oportunidades son inmensas. El crecimiento del mercado privado de 5G y la proliferación de servicios empresariales basados en esta tecnología ofrecen un camino para la monetización y el desarrollo. América Latina tiene el potencial de transformar su panorama digital, pero el éxito dependerá de la voluntad política, la cooperación regional y un enfoque estratégico y ágil en la implementación de las políticas de telecomunicaciones. La conectividad 5G no es solo una mejora tecnológica; es un pilar fundamental para el crecimiento económico y la inclusión digital del siglo XXI.