Esta escalada de precios no es un fenómeno aislado, sino la confluencia de varios factores que presionan al alza la economía. Los principales motores identificados por analistas y el propio BCRP son el impacto persistente del fenómeno de El Niño y el encarecimiento sostenido de los precios de los combustibles. Estas dos variables están generando un "doble impacto" en los costos al consumidor, como señaló Paola Herrera, economista senior del Instituto Peruano de Economía (IPE), impactando desde la cadena de suministro hasta el bolsillo de cada ciudadano.
Los rubros más afectados en Lima Metropolitana son el transporte, que vio un incremento del 15.75% entre noviembre de 2025 y octubre de 2026, con los combustibles y lubricantes para transporte personal disparándose un asombroso 43.67% en el mismo período. El otro gran contribuyente es la división de alimentos y bebidas no alcohólicas, que mostró un aumento del 6.33% en los últimos 12 meses y un 1.62% solo en octubre. Dentro de esta categoría, destacan los incrementos anuales en pescados y mariscos (23.30%) y el fuerte repunte mensual en productos como el choclo (45.29%), bonito (26.9%), zanahoria (24.6%) y arveja verde (24.3%), haciendo que la canasta básica sea cada vez más inalcanzable para muchos.
Impacto de El Niño vs Precios de Combustibles
La inflación actual en Perú es un claro ejemplo de cómo factores climáticos y energéticos pueden converger para desestabilizar una economía. Por un lado, el fenómeno de El Niño ejerce una presión inflacionaria significativa a través de una disrupción directa en la oferta. Las anomalías climáticas asociadas, como sequías en unas regiones y lluvias torrenciales en otras, impactan negativamente en la agricultura y la pesca. En el sector agropecuario peruano, la producción se ve reducida por las condiciones adversas, afectando la disponibilidad de productos esenciales como hortalizas y tubérculos. De manera similar, los oleajes anómalos y las variaciones de temperatura marina merman la pesca, con productos clave como el bonito y el jurel escaseando y, consecuentemente, encareciéndose, como reflejan los datos de octubre con aumentos notables en pescados y mariscos. Esta reducción de la oferta, al no ser satisfecha por una demanda relativamente constante, empuja los precios al alza.
Por otro lado, los elevados precios de los combustibles actúan como un factor de inflación por el lado de los costos. El encarecimiento global del petróleo y sus derivados se traduce directamente en mayores costos de transporte para bienes y personas. En un país como Perú, donde la logística y la distribución dependen en gran medida del transporte terrestre, este aumento impacta toda la cadena de valor, desde el productor hasta el consumidor final. Los fletes son más caros, los insumos importados se encarecen y el costo de operar maquinarias agrícolas o pesqueras aumenta, lo que inevitablemente se traslada al precio final de los productos. Jorge González Izquierdo, economista, destacó que el alza de los combustibles es un factor clave en el actual repunte inflacionario. El presidente del BCRP, Julio Velarde, también reconoció el "fuerte repunte inflacionario" impulsado por los combustibles, aunque señaló que la inflación sin considerar energía, transporte y alimentos se mantiene en un 1.8%, sugiriendo que las presiones exógenas son las más pronunciadas.
Ambos factores, si bien distintos en su origen –uno climático que afecta la producción y el otro energético que eleva los costos–, tienen un efecto sinérgico devastador. Un producto agrícola afectado por El Niño (menor oferta) y transportado con altos costos de combustible (mayor costo logístico) experimentará un aumento de precio compuesto, magnificando el golpe al consumidor. Esta combinación hace que la política monetaria del BCRP, como la posible alza de 0.25 puntos porcentuales en su tasa de referencia que anticipa Paola Herrera del IPE, tenga un desafío aún mayor para contener la inflación, dado que parte de ella es de origen exógeno y estructural.
Los datos hablan
Las cifras no dejan lugar a dudas sobre la magnitud del desafío inflacionario en Perú y su impacto en la región. La inflación anual del 5.25% en Lima Metropolitana para octubre de 2026, la más alta en 38 meses, contrasta fuertemente con el rango meta del BCRP de 1% a 3%. La inflación mensual de 0.57% y la acumulada de enero a octubre de 4.88% subrayan la persistencia del problema. Los combustibles y lubricantes para transporte personal son los que más se dispararon, con un incremento del 43.67% anual. En alimentos, los pescados y mariscos subieron un 23.30% anual, mientras que productos específicos como el choclo (+45.29%), bonito (+26.9%) y zanahoria (+24.6%) mostraron fuertes alzas mensuales en octubre.
Este escenario no es exclusivo de Perú. En agosto de 2026, la inflación promedio en América Latina alcanzó el 5.4%, con alzas registradas en al menos 11 países, según Marketscreener (vía Reuters). La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha advertido que un evento extremo de El Niño podría generar una pérdida acumulada equivalente al 2% del PIB regional y aumentar la pobreza en hasta 4.8 millones de personas para 2030. Específicamente para Perú, Citi estima que El Niño podría impulsar la inflación en alrededor de 1.47 puntos porcentuales adicionales.
Los sectores productivos son los primeros en sentir el impacto. En el primer trimestre de 2023, el cierre de empresas en Perú aumentó un 14.1% respecto al año anterior, con la agricultura, ganadería y pesca registrando un alza del 27.5% en cierres. Las micro y pequeñas empresas (Mypes), que constituyen el 99.4% del total de negocios en el país, son particularmente vulnerables a estas presiones de costos y oferta. Víctor Fuentes, gerente central de Economía del IPE, lamenta el "retraso de varios años" en la preparación de Perú frente a estos eventos climáticos, lo que aumenta la vulnerabilidad del país.
Por su parte, Jorge González Izquierdo, economista, enfatizó que una inflación "normal" para Perú debería rondar el 2% anual, con un máximo del 3%, muy lejos de la situación actual. Además, advirtió que el gasto público de S/ 18,000 millones destinado a afrontar El Niño podría añadir una presión inflacionaria adicional si no se gestiona con cautela.
Que significa para Latam
La situación inflacionaria en Perú, impulsada por El Niño y los precios de los combustibles, es un claro microcosmos de los desafíos económicos que enfrenta América Latina en su conjunto. La región, altamente dependiente de la exportación de commodities y vulnerable a los fenómenos climáticos, comparte muchas de las presiones que hoy experimenta el país andino. El impacto de El Niño, por ejemplo, no se limita a Perú; la CEPAL ha sido enfática en señalar que un evento extremo podría tener repercusiones severas en el PIB y los niveles de pobreza a nivel regional, afectando la seguridad alimentaria y los medios de vida de millones. Países como Colombia o Ecuador, también susceptibles a las variaciones climáticas, podrían experimentar escenarios similares en sus cadenas de suministro agrícolas y pesqueras. De hecho, la inflación promedio en la región ya alcanzó el 5.4% en agosto de 2026, lo que indica una problemática extendida.
Asimismo, la volatilidad de los precios internacionales del petróleo es un factor exógeno que golpea a todas las economías de la región, independientemente de su ubicación geográfica. El encarecimiento de los combustibles eleva los costos de producción y transporte en toda América Latina, afectando la competitividad de las empresas y trasladándose directamente a los precios al consumidor. Esto es particularmente gravoso para las micro y pequeñas empresas (Mypes), que representan una parte sustancial del tejido empresarial en la mayoría de los países latinoamericanos y que carecen de los recursos para absorber grandes fluctuaciones de costos. En Perú, estas Mypes representan el 99.4% del total de negocios, y su vulnerabilidad es una señal de alarma para toda la región.
La experiencia peruana subraya la urgencia de fortalecer la resiliencia económica y climática en América Latina. Como recomienda la CEPAL, es crucial que los países de la región incorporen el riesgo climático en su planificación a largo plazo, fortalezcan los sistemas de alerta temprana y desarrollen infraestructuras más resilientes. La capacidad de adaptación y mitigación ante estos choques externos será determinante para la estabilidad económica y el bienestar social de las naciones latinoamericanas en los próximos años, evitando que las presiones inflacionarias se conviertan en una constante que erosione el poder adquisitivo y frene el desarrollo.
Por que importa
Para los profesionales tech y lectores informados de Latinoamérica, la situación de inflación en Perú es una señal de alerta sobre la fragilidad económica que persiste en la región. Este fenómeno no es meramente una estadística; se traduce directamente en mayores costos operativos para empresas, especialmente startups y Mypes que dependen de cadenas de suministro eficientes y estables. La presión sobre los precios de alimentos y combustibles afecta la capacidad de consumo de los usuarios y empleados, impactando la demanda interna y la estabilidad social. Por ejemplo, en el primer trimestre de 2023, el cierre de empresas en Perú, particularmente en sectores primarios, aumentó un 14.1%, lo que refleja una tendencia preocupante que, con El Niño y los altos costos, podría replicarse en otros mercados latinoamericanos, afectando desde la disponibilidad de talento hasta las oportunidades de inversión. Es un recordatorio de que la estabilidad macroeconómica es un pilar fundamental para el crecimiento y la innovación tecnológica.