Altman sostiene que la verdadera fuerza de ChatGPT reside en su distribución sin precedentes. Al ser utilizado por cientos de millones de personas a diario, el chatbot puede intervenir en una cantidad colosal de decisiones, tareas y procesos cotidianos que ninguna persona individual, por más influyente o capacitada que sea, podría siquiera soñar con igualar. Este poder distribuido le confiere una capacidad de intervención y transformación social sin precedentes. No obstante, el propio Altman es el primero en reconocer la dualidad de esta fuerza: la misma distribución masiva que le otorga su poder, también amplifica exponencialmente las consecuencias de cualquier error, sesgo o limitación inherente al sistema. Este panorama nos obliga a reconsiderar no solo el potencial de la IA, sino también la responsabilidad colectiva que conlleva su desarrollo y despliegue.
El poder tradicional vs. El alcance distribuido de la IA
Históricamente, el poder se ha asociado a figuras individuales, líderes carismáticos, pensadores geniales o inventores disruptivos cuya influencia se propagaba a través de sus obras, sus seguidores o sus innovaciones. La capacidad de un individuo para moldear el mundo estaba intrínsecamente ligada a su intelecto, su carisma o su posición en la estructura social. Este poder, aunque significativo, estaba inherentemente limitado por la finitud de la vida humana y la escala de interacción posible para una sola persona.
En contraste, Altman nos presenta una visión de poder para la IA que trasciende estas limitaciones individuales. La inteligencia artificial, en particular un modelo como ChatGPT, no opera bajo las restricciones de un único cerebro o una sola presencia física. Su existencia distribuida en la nube, accesible a través de innumerables dispositivos, le permite estar presente y operar simultáneamente en millones de interacciones en todo el planeta. Es esta omnipresencia digital la que, según Altman, le otorga un “poder” sin igual. Cuando una herramienta es consultada por 1.2 mil millones de usuarios semanalmente, cada consulta, cada tarea delegada, cada texto generado se suma a una fuerza colectiva que impacta la productividad, la creatividad y, en última instancia, el curso de la información y el conocimiento a una escala jamás vista. Esta es la esencia del argumento de Altman: el poder de la IA no es el de un superhumano, sino el de una infraestructura cognitiva masivamente adoptada. Esta tesis plantea interrogantes cruciales sobre la naturaleza de la agencia, la responsabilidad y la autonomía en un futuro donde la IA se integra cada vez más profundamente en el tejido de la sociedad.
Los datos hablan: El impacto cuantitativo de ChatGPT
Para comprender la magnitud de la afirmación de Altman, es imprescindible analizar las cifras que respaldan el alcance de ChatGPT. La adopción de esta herramienta ha sido meteórica y sostenida. A finales de julio de 2025, ChatGPT ya había superado la impresionante cifra de 700 millones de usuarios activos semanales, según datos de OpenAI. Esta cifra palidece en comparación con el reporte de 1.2 mil millones de usuarios semanales que OpenAI anunció en septiembre de 2026, lo que subraya una expansión continua y acelerada de su base de usuarios.
En términos de cuota de mercado, ChatGPT se mantiene como el líder indiscutible en el panorama de los chatbots de IA. Para septiembre de 2026, poseía el 80.48% de las referencias de chatbots de IA a sitios web, superando con creces a competidores significativos como Gemini, que registraba un 10.91%. Estos datos, citados en reportes como el de Marketing Report y la propia OpenAI, demuestran que, más allá de la novedad inicial, ChatGPT se ha consolidado como una herramienta fundamental para un vasto segmento de la población mundial.
Sin embargo, el poder de la IA también conlleva consideraciones significativas en otros frentes, notablemente el energético. Una consulta promedio a ChatGPT utiliza aproximadamente 0.34 vatios-hora y alrededor de 0.000085 galones de agua, equivalente a un quinceavo de una cucharadita. Si bien estas cifras pueden parecer modestas individualmente, la escala de millones de consultas por minuto representa un consumo energético considerable. Sam Altman ha abordado esta cuestión, defendiendo que